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El campo rumano se seca

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El campo rumano se seca
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Falta agua en el campo rumano. Simion tiene 73 años y vive en la campiña, cerca de Bucarest, capital de Rumanía. Ha trabajado la tierra desde que era apenas un niño. Ahora, acaba de terminar de plantar las patatas para esta campaña y de sanear el suelo con cal. Nunca antes ha sufrido una sequía, como la de este invierno.

"Tendría que haber nevado más y deberíamos tener más humedad. Si vas al campo verás que las plantas amarillean; a todas les falta agua. No importa lo mucho que intentes tratar el suelo con minerales o con todo tipo de productos químicos. No se puede hacer nada, sobre todo, porque los sistemas de riego están destruidos", declara el agricultor, Simion Gheorghe.

Los inviernos, en Rumanía, se caracterizaban por las bajas temperaturas y por copiosas nevadas que protegían los cultivos y les proporcionaban humedad. Pero durante los últimos dos años, los agricultores se quejan de la constante falta de precipitaciones y del inusual calor en los días de invierno.

"Las temperaturas que se registran durante el día y la noche, fluctúan. Por este motivo, los cultivos sufren de estrés térmico. Como se puede observar, en algunos cereales, como es el caso del trigo, las plantas han cambiado de color y ahora están un poco pálidas. La escasez de agua es muy grande en este momento. No sabemos qué va a pasar porque hace mucho calor. Supongo que se alterará su desarrollo y se adelantarán las cosechas", afima Răzvan Cățoiu, campesino rumano.

Los agricultores temen que el clima caluroso, seco y muy ventoso provoque pérdidas de entre el 15 % y el 30 %, principalmente en los cultivos de trigo y colza. Las frutas y verduras también corren peligro.

"Las altas temperaturas favorecen la resistencia de las plagas y las enfermedades en los remanentes de la vegetación y en el suelo. Esta circunstancia obliga a los agricultores a utilizar más tratamientos con productos químicos para hacer frente a las amenazas. Son tratamientos caros. Además de eso, es de sobra conocido que no son respetuosos con el medio ambiente. Afectan a las abejas y también a nuestra salud porque estos plaguicidas e insecticidas pueden encontrarse, en última instancia, en el suelo, en el agua y en los alimentos que ingerimos", advierte Costel Vânătoru, investigador del Banco de Genes de la Vegetación, de Buzău.

"El termómetro marca 19 grados celsius, diez más de lo habitual a principios de marzo. Ahora mismo, estos campos deberían estar cubiertos de nieve pero apenas ha nevado durante este invierno. Y eso significa sequía. Los agricultores rumanos están realmente preocupados por los cultivos que van a cosechar este verano", concluye Mari Jeanne Ion, corresponsal de Euronews en Rumanía.