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Cómo el fuego convirtió a un cabrero en un migrante climático en la "España vaciada"
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Cómo el fuego convirtió a un cabrero en un migrante climático en la "España vaciada"

Un olor sospechoso. Un rápido vistazo a la cumbre de las montañas. Podría ser sólo una nube oscura. Pero también podría ser humo.

Álvaro García Río-Miranda, cabrero español de 30 años, está obsesionado con el fuego.

Mientras pastorea sus cabras por los valles septentrionales de la comarca extremeña de la Sierra de Gata, aislada del resto de España por la cadena de montañas y la frontera portuguesa, la paranoia de revivir un incendio es recurrente.

La Sierra de Gata forma parte de lo que se conoce como "España vaciada", zonas rurales muy despobladas que contrastan fuertemente con las ciudades del país que concentran la actividad económica. En 2015 sufrió un devastador incendio forestal, desencadenado por la ola de calor más larga hasta ahora registrada en el país. Es el recuerdo de lo que ocurrió ese verano el que persigue a García Río-Miranda por los valles.

Llamas impredecibles

"Por mucho que lo veas en la televisión, hasta que te sucede a ti, no eres consciente del poder del fuego", dice Álvaro.

Entre el 6 de agosto y el 4 de septiembre de 2015, más de 8.237 hectáreas de bosque ardieron en la Sierra de Gata, una comarca orgullosa de su rico patrimonio ambiental.

Cortesía de El Periódico de Extremadura: Toni Gudiel
Equipo de bomberos intentando apagar el incendio de la Sierra de Gata en agosto 2015.Cortesía de El Periódico de Extremadura: Toni Gudiel

Los bomberos experimentados suelen ser capaces de predecir la dirección que tomará el fuego. Pero en 2015, las llamas los tomaron por sorpresa, cambiando erráticamente de norte a sur sin ningún patrón discernible.

Más de 1.500 personas, entre bomberos, agentes de la Guardia Civil y personal médico, fueron movilizadas - el mayor despliegue en la historia de la comarca. Alrededor de 2.000 personas de tres localidades - Acebo, Hoyos y Perales del Puerto - fueron evacuadas.

"El fuego rodeó todo el pueblo", recuerda Nati Alviz, habitante de Acebo. Ella y su marido Jesús también son cabreros. Dice que fueron de los últimos en irse, porque no querían abandonar a sus perros.

Marta Rodríguez Martínez
Nati Alviz y Jesús Rivero, matrimonio de cabreros de la Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

Vanesa Caro, también residente de Acebo, todavía no puede contener las lágrimas cuando recuerda esa noche, y la sensación de abandonar su casa sin saber si estaría allí cuando regresara.

Ella y su familia estaban acostumbrados a tener que dejar su finca cada verano debido a los incendios, pero en 2015 temieron por sus vidas.

"Estábamos en una fila [de coches] y el fuego estaba al lado de la carretera, la única carretera por la que podíamos salir", rememora.

Álvaro acababa de comprar su propio rebaño, que alojaba en un almacén en Acebo, seis meses antes del incendio. Cuando tu familia no está en el negocio de la ganadería, los comienzos son duros, explica. Para él, ser pastor de cabras es "una pasión y una forma de vida", y no había mejor lugar que la comarca de Sierra de Gata para dedicarse a ello.

No hay que pagar para utilizar los pastos de la zona, hay poca competencia y puedes llevar tus cabras a donde quieras, excepto por los viñedos y olivares, explica. Y el paisaje rocoso es perfecto para las cabras.

Cuando piensa en el incendio recuerda haber corrido durante días. Frenético. Desorientado. Sin saber cómo o dónde mantener a sus animales a salvo.

Migraciones climáticas en España

Hay más de 100 pequeños incendios en promedio en la zona cada año. Lo que hizo que el de 2015 fuera tan destructivo fue una ola de calor que batió récords, explica Marcelino Núñez de la Agencia Meteorológica Española (AEMET).

Fue la más larga jamás registrada en España, con una duración de 26 días en comparación con la duración media de una semana. Casi un mes sin interrupción de calor implacable hizo imposible que el bosque recuperara su humedad y rompiera lo que se convirtió en un círculo vicioso, explica Núñez. "En estas circunstancias, cualquier cosa puede prender y es casi imposible extinguirlo si sopla el viento".

Fuente: AEMET

Álvaro dice con certeza que el cambio climático estuvo detrás de su decisión de irse de la Sierra de Gata en 2015. "Muchos factores se conjugaron, pero uno importante fue cómo el clima está evolucionando", asegura.

Marta Rodríguez Martínez
Vista de la localidad de Hoyos, Sierra de Gata, desde lo alto del Ayuntamiento, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

España fue el país europeo con mayor número de desplazados debido a eventos climáticos en 2019, según el Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC). Este año comenzó con la tormenta Gloria, que arrasó la costa este del país, matando a 14 personas y desplazando a 500.

En el país, este desplazamiento es normalmente temporal, puesto que la mayoría de las personas son capaces de volver a sus hogares. Pero algunos, como Álvaro, no pueden permitirse reconstruir sus vidas a partir de las cenizas.

Cortesía de El Periódico de Extremadura: Toni Gudiel
Uno de los centros donde la gente fue evacuada durante el incendio de Sierra de Gata en 2015.Cortesía de El Periódico de Extremadura: Toni Gudiel

El incendio forestal lo dejó sin empleo después de que matara a sus cabras. Aunque no murieron en el incendio, el estrés que les causó y la falta de comida y el cambio de rutina hicieron que su rebaño se diezmara en menos de un mes. "Son animales muy frágiles", explica.

Álvaro no había podido permitirse asegurar su rebaño, así que las pérdidas lo abrumaron. Tuvo que vender las cabras que le quedaban e irse en busca de una nueva forma de ganarse la vida. Terminó trabajando como pastor en Francia y Suiza, cuidando los rebaños de otras personas.

No fue el único en irse. Otros agricultores perdieron sus cultivos y animales, mientras que algunos habitantes de la Sierra de Gata que habían sido afectados de manera similar por otro virulento incendio forestal en 2003 simplemente se sintieron incapaces de poder reconstruir sus vidas otra vez.

"Cuando ya hay despoblación, casi no se nota la diferencia”, dice Vanesa, que decidió seguir viviendo y trabajando en Acebo. “Pero sé que para algunas personas el incendio fue la culminación de la decisión de irse".

Los que se quedaron se enfrentaron a graves consecuencias. El paisaje quemado dificultó la alimentación del ganado en los años siguientes. "No hay árboles que nos den sombra y se puede sentir en verano, hace mucho más calor", dice la cabrera Nati. "También llueve menos".

Está orgullosa de que su marido y ella se quedaran en la comarca contra viento y marea. "Si nos hubiéramos rendido después del incendio, no estaríamos aquí hoy con las cabras y tal vez no estaríamos viviendo en el pueblo".

Marta Rodríguez Martínez
Nati Alvez con su rebaño de cabras en los campos que rodean la localidad de Acebo, en la Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

Despoblación y cambio climático: "Una bomba de relojería”

Lo que ocurrió en la Sierra de Gata demuestra cómo las regiones del sur de Europa son cada vez más vulnerables al cambio climático. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que el aumento previsto de la temperatura empeorará los episodios meteorológicos extremos en la región mediterránea, con sequías más pronunciadas y olas de calor más largas e intensas, lo que significará una vegetación más seca y propensa a arder.

"El número de olas de calor no está aumentando mucho porque ya estamos en una de las zonas más calurosas de Europa, pero sí notamos que se están volviendo más intensas y duraderas", dice Núñez.

Marta Rodríguez Martínez
Un tronco quemado en los bosques de la Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

En la Sierra de Gata, esto significa veranos cada vez más largos, falta de agua y cosechas escasas. Pero, el hecho de que se trate de una comarca vacía de habitantes por la migración a las ciudades, la hace todavía más vulnerable. La "España vaciada" constituye el 53% del territorio del país, habitado solo por el 5% de su población.

"La despoblación y el cambio climático juntos son una bomba de relojería", dice Óscar Antúnez, alcalde de Hoyos. Originario de la Sierra de Gata, recuerda el hielo en las calles cuando iba al instituto. Dice que ni la lluvia ni el frío son iguales ahora.

"Aquí, las montañas no tienen bosques vírgenes. Es un paisaje humanizado que se ha modificado a lo largo de miles de años", dice Carmen Hernández Mancha, periodista medioambiental local. "Para que esté sano y resista tanto al cambio climático como a los incendios, necesita gente que viva allí".

El abandono rural genera un crecimiento descontrolado de las masas forestales que provoca más incendios, explica el profesor Fernando Pulido de la Universidad de Extremadura. Él es el responsable del Proyecto Mosaico, una iniciativa destinada a animar a la gente a trasladarse a la comarca y a poner en marcha empresas respetuosas con el medio ambiente que ayuden a prevenir los incendios. Irónicamente para Álvaro, los pastores están en la lista de negocios deseables, ya que sus cabras ayudan a mantener limpios los cortafuegos de las montañas - espacios en la vegetación u otro material combustible que actúan como una barrera para frenar o detener el progreso de los incendios forestales.

"Lo que proponemos es atacar los incendios desde la raíz del problema", dice Pulido. "Si los incendios son causados por la despoblación o la falta de actividad en las montañas, entonces debemos generarla".

Marta Rodríguez Martínez
Voluntarios se preparan para reforestar la Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

Construir una sociedad más resiliente

"Estamos tratando de atraer a los jóvenes para que vengan a vivir aquí. Es una zona donde la gente vive bien. Pero no hay trabajo," dice Rodrigo "Bongui" Ibarrondo. "Muchos se van porque son jóvenes y buscan trabajo".

Bongui usa la palabra "oportunidad" para hablar del fuego. Después del incendio de 2015, inició un programa para reforestar las zonas quemadas con una variedad de árboles más resistentes al fuego: robles, castaños, alcornoques, encinas, madroños.

Marta Rodríguez Martínez
Rodrigo "Bongui" Ibarrondo, fundador de Reforest Accion, enseña a voluntarios de toda Europa a plantar árboles en la Sierra de Gata.Marta Rodríguez Martínez

Quiere recuperar el bosque nativo de la comarca reprimido por los monocultivos de pino dominantes durante décadas. "Los grandes incendios existen donde hay monocultivos", afirma.

Más de mil voluntarios de 45 países ya han venido a la región para ayudar. Se alojan en un albergue en uno de los pueblos de la comarca, donde conviven con los lugareños.

Marta Rodríguez Martínez
Una voluntaria italiana, Olivia, y una alemana, Katharina, plantan árboles en Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

La despoblación es un círculo vicioso: cuanto más gente se va, menos quieren venir o quedarse. No es fácil ser joven en estos pueblos de la Sierra de Gata, algunos no llegan a 70 habitantes, dice Carmen Hernández Mancha, especialmente en invierno cuando las calles se vacían. "Un invierno se puede pasar, pero uno tras otro, tras otro...La gente necesita ayuda [del gobierno] para poder quedarse", apostilla la periodista.

"No se trata tampoco dar limosna, sino de de dejar que se hagan las cosas", dice Bongui. Está de acuerdo en que el gobierno debería ayudar a aquellos que quieren criar cabras o abrir una lechería, "en lugar de poner obstáculos".

Jill Barrett, que es inglesa, asegura que tuvo que afrontar una carrera de obstáculos burocráticos para poder abrir su quesería ecológica en la Sierra de Gata. Dice que hay muchos programas de ayuda del gobierno, pero ninguno realmente útil o de fácil acceso.

"Soy licenciada, y el papeleo me abrumó", explica. "Creo que el sistema debe ser lo suficientemente claro para que el [individuo] pueda manejarlo solo".

Marta Rodríguez Martínez
Jill Barrett en la su quesería “La Frondosa” en la Sierra de Gata, en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

Otro obstáculo para establecerse en los pueblos de la región es que no existe la cultura del alquiler. "Creo que la gente que viene aquí quiere alquilar, pero la gente que tiene propiedades prefiere vender y hay un poco de conflicto", explica Jill. "Conozco a tres parejas jóvenes que tuvieron que irse porque no pudieron encontrar vivienda. Es un poco irónico porque estamos luchando contra la despoblación".

Haciendo las maletas, de nuevo

Los quesos de Jill están hechos con leche de las cabras de Álvaro. Después de años lejos, regresó a los valles de la Sierra de Gata con un nuevo rebaño, su esposa e hija.

Marta Rodríguez Martínez
Álvaro García Río-Miranda, en Sierra de Gata en noviembre 2019.Marta Rodríguez Martínez

El verano pasado fue "horrible", dice, demasiado caluroso. Pensó en llevar sus cabras al norte en búsqueda de pastos más frescos, según el método tradicional de la trashumancia, pero ahora que tiene una familia, vivir como nómada ya no es una opción. Ser pastor de cabras en la Sierra de Gata es un "suicidio económico", afirma.

Así que va a venderlas y regresar a Suiza para cuidar del rebaño de otra persona, esta vez para siempre.

Una familia joven menos para la Sierra de Gata, un rebaño menos para mantener sus cortafuegos limpios.

Lee más sobre esta historia en el reportaje de El Periódico de Extremadura: Luchar o emigrar: los supervivientes de la Sierra de Gata

Europe's Climate Migrants es una investigación desarrollada con el apoyo de: