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Ion Sandu, residente del viejo Cotul Morii, en Moldavia, posa frente a la casa que se negó a abandonar
Ion Sandu, residente del viejo Cotul Morii, en Moldavia, posa frente a la casa que se negó a abandonar   -   Derechos de autor  Victor Ciobanu

Vivir en un pueblo fantasma: Los moldavos que se niegan a ser migrantes climáticos

Huesos. Eso fue todo lo que Ion Sandu encontró cuando regresó a visitar su casa de toda la vida después de estar fuera durante medio año. Cuando su difunta esposa y él fueron evacuados por un camión militar, se vieron obligados a dejar atrás una jaula con conejos y una familia de patos.

"Todos murieron", recuerda con ojos llorosos.

En julio de 2010, una catastrófica inundación obligó a Ion y a todos sus vecinos a huir de sus casas en Cotul Morii, llevándose tan sólo lo esencial. El agua sumergió completamente su pueblo, una comunidad rural establecida hace 200 años a orillas del río Prut.

Cuando regresó, la casa se veía muy diferente. Un cementerio de animales. Una ciénaga. La única vida visible era un cuco blanco que había encontrado un lugar donde beber en medio de la destrucción.

Ese día decidió que se quedaría allí, a pesar de que su pueblo ya no existía.

El día que la presa se rompió

Por encima de sus rodillas, prácticamente hasta la cintura. Galina Bunescu, una habitante de 71 años de Cotul Morii, señala hasta qué punto subieron los niveles de agua. El río Prut se había desbordado en otras ocasiones cuando era joven, pero el agua nunca había llegado más allá de sus tobillos.

Victor Ciobanu
Galina Bunescu y su marido en su casa de Cotul Morii, en noviembre de 2019.Victor Ciobanu

Las inundaciones de 2010 fueron devastadoras en Rumanía, la República Checa, Eslovaquia y Bosnia y Herzegovina. En Moldavia, la cantidad de lluvia que cayó entre mayo y julio fue casi el doble del promedio de este período. Las precipitaciones torrenciales en el oeste de Ucrania también se sumaron a la gran acumulación de agua en el río Prut.

En Cotul Morii, la gente comenzó a entrar en pánico cuando oyeron que se había roto la presa de control de inundaciones en el pueblo vecino.

Aliona Bunescu recuerda todos los detalles del día que cambió su vida: "Era hermoso. Hacía calor. Ese año hubo una rica cosecha". Su hija tenía entonces cuatro años y su hijo sólo uno. Fue por la noche cuando un vecino le dijo que la presa se había roto y que el agua llegaba muy rápido.

"Tenemos que evacuar", la advirtió. "Llevad sólo lo que necesitéis".

"Al principio la gente no lo creía y yo tampoco", recuerda Aliona.

Los ancianos de la zona recordaban una época en la que el río Prut había "llegado al pueblo", pero en aquel entonces se pudieron quedar en sus casas. En 2010, todos los habitantes de Cotul Morii fueron evacuados por el ejército.

Ion y su esposa Raia se habían preparado para pasar la noche en su ático, pero no conseguían dormir. "¿Cómo hacerlo cuando se oye la sirena de alarma del pueblo?", dice. También podían escuchar el agua que se acercaba. De repente, alguien llamó a la puerta. Era el alcalde del pueblo.

"¿Es usted Ivan Trofimovici?", le preguntó, apuntando con una antorcha en la cara de Ion y refiriéndose a él por su nombre de la época soviética.

"Sí", respondió Ion, sintiéndose paralizado. "¿Qué está pasando?".

"Al camión, Ivan Trofimovici, al camión", ordenó el alcalde. Esa noche durmieron en el suelo de la escuela de un pueblo vecino.

Victor Ciobanu
Ion Sandu frente a su casa, en noviembre de 2019.Victor Ciobanu

Toda una vida sumergida

Cuando Aliona y su marido se despertaron la mañana siguiente a la inundación, se dirigieron hacia lo alto de una colina y miraron a su pueblo.

"Donde nacimos, tuvimos hijos y trabajamos, todo era sólo agua, no podíamos creerlo", dice.

En 2010, las inundaciones afectaron a más de 13.000 personas en 60 poblaciones de Moldavia. Alrededor de 4.000 de ellas tuvieron que ser evacuadas por el ejército.

Según el estudio "El coste humano de los desastres relacionados con el clima 1995-2015", Moldavia figura entre los diez países del mundo con mayor proporción de personas afectadas por desastres relacionados con el clima.

"¿Cuándo volveremos a casa?", preguntaron los niños de Aliona durante meses después de las inundaciones. Se alojaban con algunos parientes en Chisinau, la capital del país. Para Aliona y sus hijos, su "hogar" siempre había sido la casa de Cotul Morii, la que su marido había heredado de sus abuelos, la que habían pasado años remodelando.

Pero nunca volverían a esa casa. Cotul Morii ya no era un pueblo. Esa fue la decisión que el gobierno moldavo tomó después del desastre. Se construiría un nuevo Cotul Morii, a 15 kilómetros de distancia, fuera de la zona de alto riesgo de inundaciones. El pueblo tendría el mismo nombre y todas las familias recibirían una casa allí con dos o tres habitaciones.

"Las casas parecían hongos que crecen después de la lluvia." Aliona se disgustó la primera vez que vio la sucesión ordenada de techos rojos y paredes blancas.

Había 440 familias en el pueblo original. Unas 60 decidieron quedarse.

"Los ancianos, particularmente, sufrieron mucho", dice Lucía Guștiuc, exalcaldesa de Cotul Morii. Se les pidió que dejaran todo por lo que habían trabajado y que empezaran de cero en un lugar completamente nuevo, explica.

Desde hace una década, los que permanecieron en el pueblo original se han acostumbrado a vivir sin infraestructuras, agua potable, escuelas, guarderías, ayuntamiento o instalaciones médicas.

En imágenes: El Cotul Morii original, 10 años después de la inundación

De las inundaciones a la sequía: un país vulnerable al cambio climático

Cada año, las inundaciones afectan a una media de 70.000 personas en Moldavia y cuestan alrededor de 90 millones de euros. Para el país más pobre de Europa esto equivale a casi el 1% de su PIB.

Las poblaciones más afectadas son las situadas a lo largo de los ríos Prut y Dniéster, que recorren el oeste y este de Moldavia, respectivamente, como fronteras naturales con Rumanía y Ucrania.

Un elemento clave del calentamiento global es su impacto en el ciclo del agua de la Tierra. A medida que las temperaturas aumentan, las tasas de evaporación se incrementan, lo que hace que haya más agua en la atmósfera. Esto significa que cae más lluvia, en un tiempo más corto. Las temperaturas más cálidas también provocan que el suelo sea más seco, lo que hace que las fuertes precipitaciones se acumulen en los ríos, en lugar de ser absorbidas por el terreno. Todo esto conduce, paradójicamente, a una mayor probabilidad de inundaciones y a una mayor probabilidad de sequías.

La Organización Mundial de la Salud advierte que el aumento previsto de los fenómenos meteorológicos extremos provocará inundaciones más frecuentes en Europa. Pero ninguna población europea es tan vulnerable al cambio climático como la de Moldavia.

Mapa: Índice de la vulnerabilidad del cambio climático en Europa

Fuente: Universidad de Notre Dame

Aunque la amenaza de inundación está siempre presente, lo que preocupa a la gente del viejo Cotul Morii es la falta de agua. En Moldavia, el 60 por ciento de la población no tiene acceso a agua potable y las sequías son cada vez más frecuentes.

Según la ONU, Moldavia sufrió once sequías entre 1990 y 2015 que tuvieron un impacto significativo en las cosechas. En 2012, las pérdidas ascendieron a mil millones de euros.

En el viejo Cotul Morii, los campos secos también significan más incendios. Su histórica iglesia de madera sobrevivió a las inundaciones, pero sucumbió a las llamas años después.

Victor Ciobanu
Una niña recoge maíz en los campos que rodean el viejo Cotul Morii.Victor Ciobanu

El derecho a quedarse: vivir en un pueblo fantasma

"¿Cómo se puede dejar una casa tan hermosa?", pregunta Ion.

Dice que quiere morir en el viejo Cotul Morii, sobre los sólidos pilares de madera de acacia de la casa en la que nació, creció y luego se casó. Los mismos que resistieron a la inundación.

Cuando regresó, tuvo que usar un hacha para abrir las puertas, la madera había absorbido mucha agua. "Reparé el suelo y aquí es donde vivo hasta ahora", dice con orgullo. Vive solo, su esposa Raia murió hace algunos años.

Ion alquila la casa que recibió en el pueblo nuevo por 200 lei al mes (unos 10 euros), lo que le da un pequeño ingreso regular.

Galina Bunescu tomó una decisión intermedia. Pasa los veranos en el pueblo viejo y los inviernos en el nuevo, donde su casa es más cálida. Pero su "nido", como ella lo llama, está en el Cotul Morii original.

"El desarraigo es muy difícil en todas las formas de migración, pero más aún en este caso en el que todo el pueblo tiene que irse", explica Beatriz Felipe, investigadora española de migraciones climáticas.

Felipe dice que hay muchas cuestiones sensibles y complejas cuando se trata de reubicar a toda una población, como por ejemplo si se debe involucrar a los habitantes en el diseño de su nueva comunidad o mantener la estructura de la original.

"Dentro de la planificación del traslado, hay que tener en cuenta los derechos de las personas que no quieren irse", añade, refiriéndose a la cuestión a menudo olvidada del derecho de inmovilidad voluntaria.

Los que permanecieron en el antiguo Cotul Morii lo han hecho por su cuenta y riesgo. Si se enfrentan a otro desastre, las autoridades no estarán allí para ayudarlos.

Una economía agrícola particularmente en riesgo

La mitad de la población de Moldavia vive en zonas rurales como Cotul Morii. Alrededor de uno de cada tres moldavos posee tierras de cultivo. Esto se remonta al período soviético, cuando las tierras agrícolas se dividieron en sovjoses, granjas de propiedad estatal, y koljoses, granjas de propiedad colectiva. Después de que Moldavia se convirtiera en un país independiente en 1991, estas tierras de propiedad pública se dividieron en partes iguales y se asignaron a los ciudadanos.

El hecho de que la agricultura, y en particular la producción de secano, sea un sector tan importante para el país es lo que hace que esté tan en riesgo de cambio climático, explica Vasile Scorpan, gerente de la oficina de cambio climático del gobierno de Moldavia. "Necesitamos sistemas para proteger la agricultura de los fenómenos climáticos extremos, como el granizo, las lluvias torrenciales, las inundaciones".

En imágenes: los campos de maíz que rodean al viejo Cotul Morii

Al preguntarle sobre sus políticas de adaptación al cambio climático, el presidente moldavo Igor Dodon dijo a Euronews que "la cuestión no es solo de un país o una nación, sino global". Dodon afirma tener varios planes para mitigar los efectos en su país, pero no mencionó ninguno en concreto.

El clima como factor para migrar

Cerca de 100 moldavos dejan el país cada día buscando un trabajo mejor pagado en el extranjero. Especialmente la población más joven.

El presidente Dodon dijo a Euronews que esta fuga de cerebros es la mayor amenaza del país. "De hecho, en 28 años de independencia (de la Unión Soviética), hemos perdido un tercio de la población".

Sin embargo, encontrar estadísticas que muestren si este movimiento está relacionado con las condiciones climáticas es "muy problemático", dice Vasile Scorpan. Aunque está seguro de que el clima ha tenido alguna influencia en la emigración.

Marta Rodríguez Martínez
Galina Bunescu y su marido en su casa en el viejo Cotul Morii, en noviembre de 2019.Marta Rodríguez Martínez

Después de la inundación, el marido de Aliona decidió irse al Reino Unido a trabajar. El dinero que le envía, lo invierten en mejorar su casa en el nuevo Cotul Morii. Ella no cree que su emigración esté relacionada con el clima, sino con la pobreza. En 2019, el salario mensual promedio de Moldavia era de 6975 lei (360 euros).

Pero los ancianos del viejo Cotul Morii no tienen ninguna duda de que el clima ya ha tenido un impacto en sus vidas.

A Galina le preocupa la falta de lluvia. "Cuando era más joven, llovía en el momento adecuado, pero ahora las lluvias son escasas".

En 2017, Ion escribió un poema al que llamó "Invierno en abril", tras despertarse con nieve en primavera por primera vez en su vida. Su última línea dice: "Tal vez el clima ha cambiado. O tal vez el mundo está roto".

Europe's Climate Migrants es una investigación desarrollada con el apoyo de:

Editor de vídeo • Thomas Duthois

Fuentes adicionales • Editoras de texto: Charlotte Cullen y Lindsey Johnstone