Un nuevo estudio concluye que pensar en distintos tipos de alcohol puede influir en el estado de ánimo y la actitud, incluso sin beber.
Desde hace tiempo los expertos advierten de los riesgos físicos del alcohol, pero una nueva investigación sugiere que incluso pensar en determinadas bebidas puede influir en nuestra mente, especialmente entre los consumidores más jóvenes.
Un estudio reciente, publicado en la revista 'Young Consumers', concluye que los distintos tipos de alcohol están estrechamente asociados a determinados estados mentales.
Por ejemplo, los investigadores observaron que el tequila tiende a activar una mentalidad de "fiesta", el whisky se vincula a la masculinidad y el vino se asocia con la sofisticación.
Cómo se llevó a cabo el estudio
El equipo realizó cuatro estudios con un total de 429 participantes para analizar los temas culturales y los estados de ánimo que la gente asocia al alcohol.
"Realizamos dos estudios preliminares para entender cómo piensa la gente sobre los distintos tipos de alcohol. En el primer estudio, los participantes respondieron a preguntas abiertas y en el segundo completaron una tarea de asociación de palabras", explicó a la agencia Associated Press Logan Pant, profesor adjunto de Marketing en la Universidad de Evansville.
Añadió: "Estos estudios nos ayudaron a identificar asociaciones culturales habituales, lo que llamamos 'asociaciones aprendidas', es decir, ideas que la gente desarrolla a través de la experiencia y de la exposición a la cultura".
Los participantes valoraron en qué medida sentían distintas cualidades al pensar en un tipo de alcohol asignado al azar.
La "mentalidad sofisticada" incluía palabras como sofisticado, elegante, distinguido, formal o refinado; la "mentalidad de masculinidad" recogía términos como masculino, duro, seguro de sí mismo, viril o fuerte, y la "mentalidad de fiesta" abarcaba adjetivos como enérgico, extrovertido, divertido, con ganas de salir de fiesta y de celebrar.
En los experimentos, a los participantes se les pidió al azar que pensaran en vino, whisky o tequila y respondieran a las preguntas sobre estados mentales, algo que hicieron sin consumir alcohol, lo que permitió a los investigadores aislar las asociaciones aprendidas que evocan estas bebidas, al margen de los efectos fisiológicos del alcohol.
De este modo surgieron patrones claros. El tequila se asociaba con frecuencia a diversión, descontrol, celebración y fiesta. El whisky evocaba términos como fuerte, rudo, seguro de sí mismo y masculino. El vino, en cambio, se vinculaba a elegancia, clase, refinamiento y sofisticación.
"Estos resultados muestran que el alcohol puede funcionar como una 'señal simbólica'. Es decir, los estados mentales que la gente asocia a distintas bebidas parecen proceder de asociaciones aprendidas más que de la propia intoxicación", concluyó Pant.
Por qué es importante
Si bien algunas personas beben para intensificar las experiencias, socializar o divertirse, otras pueden tener problemas de consumo compulsivo de alcohol, lo que se conoce como trastorno por consumo de alcohol.
Cada vez más estudios muestran que incluso un consumo moderado conlleva riesgos para la salud, entre ellos un mayor riesgo de varios tipos de cáncer.
Una parte considerable de la investigación sobre el alcohol ha analizado qué ocurre como consecuencia de beber. Los estudios han comprobado que las personas se desinhiben y toman decisiones arriesgadas cuando consumen alcohol. Otros trabajos apuntan a que la gente adquiere ideas y hábitos sobre el consumo a partir de su entorno y que la publicidad puede influir en qué, cuándo y cómo beben los jóvenes.
Aunque la Generación Z bebe menos que las generaciones anteriores, sigue expuesta a contenidos y referencias culturales relacionados con el alcohol. Comprender estas asociaciones aprendidas puede ayudar a explicar cómo se desarrollan las normas y expectativas sociales en torno al consumo y cómo influyen en el comportamiento.
Las asociaciones aprendidas sobre las distintas bebidas alcohólicas pueden influir en cómo se sienten las personas y, a su vez, moldear sus intenciones, sus elecciones y sus expectativas sociales.
Un mejor conocimiento de estas asociaciones podría ayudar a que las campañas de salud pública fomenten la moderación y el consumo responsable, por ejemplo alternar las bebidas, mantenerse hidratado y evitar el exceso.
Como señala Pant: "Las investigaciones futuras podrían analizar cómo se forman estas asociaciones en distintos contextos sociales, cómo varían según la edad o la cultura y cómo las intervenciones podrían modificarlas para reducir aún más las conductas de riesgo y fomentar un consumo de alcohol más seguro y responsable".