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COVID-19: ¿Son ciertas las cifras de víctimas del coronavirus de China?

Archivo. Desinfección de un hospital de campaña en Wuhan el 10 de marzo
Archivo. Desinfección de un hospital de campaña en Wuhan el 10 de marzo   -   Derechos de autor  STR / AFP
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La guerra de las cifras de casos de coronavirus en el mundo no da tregua. Cuando la crisis sanitaria saltó a Europa, los casos de coronavirus en China empezaban a remitir, casi habían desaparecido de los medios. Tras meses de emergencia y confinamiento, el país donde se originó la pandemia del virus SARS-CoV-2 confirmaba 81.470 casos y 3.304 muertes.

Las elevadas cifras que está dejando la pandemia en otros lugares del mundo ha hecho desconfiar de las datos oficiales ofrecidos por Pekín. Cada vez que un país da sus cifras las compara con las de China. Pero, ¿son esas cifras reales?

China ocultó el alcance del brote de coronavirus en el país contabilizando menos casos y fallecidos de los que realmente hubo, según un informe secreto elaborado por el servicio de inteligencia para la Casa Blanca. Oficiales estadounidense que han tenido acceso al documento, y que han pedido no ser identificados, han asegurado a Bloomberg que el informe considera falsas las cifras oficiales chinas.

“Sin duda hay una infrarrepresentación de los datos. En los primeros meses de la crisis no se hacían test, toda la gente que murió en ese periodo no está contabilizada en los datos oficiales”, explica a Euronews Mario Esteban, investigador principal del Instituto Real Elcano de Madrid y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

“Pero además de los medios técnicos también hay una voluntad del Gobierno chino de minimizar el impacto de la crisis para preservar su imagen, sobre todo a nivel interno”, añade el investigador.

China se jugaba mucho en la gestión esta crisis sanitaria y no quiso poner a su población en estado de alarma. El contrato social en China, explica el investigador, se basa en una dimensión represiva y en otra de apoyo al régimen a cambio de seguridad y desarrollo económico. “Un reconocimiento explícito del número de casos o muertes hubiese supuesto un deterioro o un cuestionamiento de esos dos factores y por tanto de la conveniencia de mantener el régimen”.

Un artículo de Josep Borrell, el alto representante para la política exterior de la UE, que señalaba al partido chino por el “encubrimiento de información crucial” levantó ampollas en empresas chinas como Huawei, sin que finalmente hayan tomado ninguna represalia.

También Mike Pence, el vicepresidente norteamericano, aseguró en CNN sin hacer referencia al informe clasificado que la situación mundial de la pandemia sería diferente si China hubiese sido más "comunicativa".

Al recelo de las cifras se unen testimonios en varios medios internacionales y redes sociales sobre los crematorios de Wuhan. El número de urnas funerarias distribuidas en las siete funerarias de esa ciudad crea dudas sobre la cifra real de muertes. Radio Free Asia, financiado por Estados Unidos asegura que cada día las siete funerarias de Wuhan entregan unas 500 urnas, sugiriendo que hay muchos más fallecidos que los recogidos en las estadísticas oficiales.

La respuesta china a estas acusaciones no se ha hecho esperar. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chungying cree que son acusaciones infundadas. "No creemos en lsa mentiras para conseguir los objetivos. Hacemos lo mejor para proteger la vida de la gente".

Pero, ¿son fidedignas las cifras del resto de países?

Las dudas se centran sobre China pero ¿son fidedignos los datos del resto de países? Lo expertos empiezan también cuestionar las cifras, mientras los medios y la opinión pública se pregunta cómo se están contabilizando los casos en cada uno de los países.

Según los expertos hay variables fundamentales que inciden en los números como las restricciones o medidas de confinamiento, la cultura, la longevidad de la población o la cantidad de pruebas realizadas. Pero lo cierto es que cada gobierno está utilizando unos criterios y la diferencia de cifras entre países es enorme.

Estos datos son fundamentales, no solo para establecer los modelos epidemiológicos o la tasa de morbilidad del virus, también porque los gobiernos toman decisiones en base a ellos. La decisión de imponer medidas de confinamiento restrictivas que ahoguen la economía de un país viene determinada por los números.

Situándonos en los extremos, en algunos lugares, como es el caso de Holanda, hasta ahora contabilizaban solo las personas que fallecían por coronavirus (sin que entren en las estadísticas aquellos que presentan patologías previas). Mientras en algunas regiones, como en Cataluña, se cuentan a todos los fallecidos por infecciones respiratorias, tengan o no coronavirus. En España, incluso, cada región cuenta de una forma diferente. En Francia, hasta ahora solo contabilizaban los muertos en hospitales.

Así es imposible hacerse una idea clara del alcance o de la morbilidad de este nuevo virus que ha puesto en jaque al planeta.

‘Diplomacia de la mascarilla': ¿cooperación internacional tradicional?

Ante acusaciones como la de Reporteros Sin Fronteras de que la falta de transparencia podría haber evitado la pandemia a escala mundial, China intenta mejorar su imagen exterior.

La batalla narrativa sobre el coronavirus cobra una enorme importancia de ahí que una vez lo peor de la crisis sanitaria en China ha quedado atrás, "las autoridades de este país hayan pasado a la ofensiva para difundir una interpretación que contribuya a mejorar su imagen internacional”, asegura a Euronews el profesor Mario Esteban.

Esa ofensiva pasa, no solo por accionar los medios de comunicación públicos chinos desplegados en todos los continentes, también por la cooperación internacional y la ayuda humanitaria para ganarse la confianza de los países, como vienen haciendo hace años Estados Unidos y Europa. China ha desarrollado una enorme maquinaría de diplomacia pública en los últimos 15 años, con la misma máxima que en el resto de países: el impacto político no depende de los hechos sino de cómo son percibidos.

China se pregunta si ante las acusaciones de practicar "propaganda de la mascarilla" deben permanecer de brazos cruzados viendo como el resto del mundo sufre la pandemia. "Lo único que podemos aportar es generosidad y ayudar a los demás", asegura Hua Chunying, la portavoz de Relaciones Exteriores china.

Estados Unidos ha dejado un vacío que China intenta ocupar. “La diplomacia de la mascarilla, con todas sus deficiencias, está teniendo mucho espacio, mucha vía libre para ayudar donde nadie viene a ayudar, especialmente ante un Estados Unidos aislacionista”, añade el investigador del Instituto Real Elcano.

En su artículo Borrell advierte de que “existe un componente geopolítico que incluye la lucha por influir manipulando la interpretación de los acontecimientos y mediante la ‘política de la generosidad’. ¿La política de generosidad es lo que conocemos por ayuda humanitaria?

A pesar de los retrasos y la dudosa calidad de los productos, en las últimas semanas numerosos aviones chinos llegan a Europa con mascarillas y material médico. Cajas de salvamento para una UE aturdida que no logra poner en pie una estrategia común y coordinada.

“Está claro que hay un interés por parte de China por mejorar su imagen y que no es meramente altruista pero es que la cooperación internacional siempre responde también al interés del donante”, concluye el investigador.