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El coronavirus como arma política: España e Italia, la excepción europea

Virus Outbreak Spain
Virus Outbreak Spain   -   Derechos de autor  Mariscal/AP
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La pandemia se ha convertido en un arma arrojadiza. “El objetivo de los partidos políticos debe ser salvar a la gente”. A pesar de la dura advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos días algunos países libran dos batallas: la lucha contra el virus y la de los políticos.

Las fracturas entre Gobierno, oposición y opinión pública podría lastrar la gestión de la pandemia y la posterior recuperación. “No politicen el virus”, suplicaba casi el director de la OMS, “porque lo único que hace sacar las diferencias internas. Si quieren explotar esas diferencias y tener más muertos, adelante. Pero si no quieren, evítenlo. No utilicen el COVID para ganar rédito político. Tienen ustedes otras formas de demostrarlo. Es jugar con fuego”, concluye.

El fuego en algunos países empieza a ser un incendio político y social. Ante la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, las críticas se centran en fallos compartidos: la fiabilidad de las cifras, la compra del material sanitario, la falta de comunicación entre administraciones, la inclusión de la oposición en las decisiones...

La respuesta de los partidos políticos y las opiniones públicas de cada país vienen determinada por su cultura política previa y por los objetivos de sus gobernantes, explica Ignacio Molina investigador del Instituto Real El Cano.

“Donde previamente existía una cultura de consenso y coalición como en los países escandinavos-germanos - Alemania, Suiza, Austria, Holanda, etc. – se está respondiendo con entendimiento, mientras que en España o Estados Unidos donde la polarización ya era muy evidente, el coronavirus ha agudizado la tendencia de confrontación”, explica Molina.

Para el investigador Francia, Reino Unidos e Italia se encuentran en una situación intermedia. “En estos países, donde tradicionalmente existe la confrontación política, en vez de agudizarse se ha producido una especie de tregua”. Lo cual no quiere decir que el tono de las críticas no sea elevado.

¿Cuál es la situación en cada país y por qué se producen estas reacciones?

“En España el Gobierno es frágil y no está consolidado. En Estados Unidos hay unas elecciones en noviembre. En ambos casos, la oposición aprovecha la crisis para ganar terreno”, asegura el investigador.

Mientras que en Reino Unido, tradicionalmente similar a España o EEUU, ahora no hay tanta polarización porque Boris Johnson acaba de ganar las elecciones y tiene una posición sólida. No hay una oposición fuerte ni tan extremista y además “viene de un desgaste evidente por el Brexit”, explica el profesor de Relaciones Internacionales.

En Francia la disputa entre el presidente Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen ha sido patente en los últimos tiempos, sobre todo con la aparición de los chalecos amarillos y sus reivindicaciones alentadas por la ultraderecha, “pero a pesar de eso con la crisis sanitaria se ha producido una tregua similar a la del Reino Unido”.

En España la riña política no da tregua. La pandemia no ha hecho más que ahondar en la brecha entre el Gobierno de coalición de izquierdas del PSOE y Podemos, y la derecha liderada por el Partido Popular y seguido por el ultraderechista Vox.

“A pesar de que algunos se sientan incómodos en este marco de unidad, solamente unidos vamos a vencer al virus”, afirmó el presidente español en el Congreso de los Diputados el pasado viernes.

Sánchez propone reeditar los Pactos de la Moncloa, texto fundacional de la transición española, para encarar juntos la reconstrucción. La oposición rechaza la propuesta y acusa al presidente de no querer hacer frente en solitario a los errores políticos de la crisis.

PP y VOX acusan al Gobierno de mentir en la cifra de muertos, ocultar información con fines partidistas, de la falta de previsión, de las medidas económicas, de la compra material sanitario...

PSOE y Podemos arremeten contra las privatizaciones de la sanidad de la derecha. Los reproches se suceden día tras día. El tono de los políticos es crispado pero el de las redes sociales y medios es incendiario: bulos, fotos manipuladas, acusaciones cruzadas entre periodistas y políticos, masas encendidas...

La ira contra el Gobierno no se limita a la oposición, también las regiones españolas, desprovistas de competencias tras el decreto de estado de alarma, tiñen sus decisiones sanitarias de ideología. Desde el inicio de la pandemia el presidente de Cataluña, Quim Torra, pide insistentemente un confinamiento de las fronteras de su territorio, que algunos interpretaron como una forma de “república confinada”.

La crítica se ha tornado caricaturesca. El Gobierno catalán ha mostrado su indignación después de recibir 1.714.000 de mascarillas. La cifra no ha gustado al ejecutivo catalán porque coincide con la del año que se puso fin a la Guerra de Sucesión con la entrada de las tropas borbónicas en Barcelona. “Es una cifra simbólica para Cataluña pero también nefasta”.

“Si a alguien del Gobierno se le ocurre que la próxima cifra sea 1.939 (fecha de la victoria de Franco en la Guerra Civil española) no se lo permitiremos”, ha concluido el consejero de Interior catalán, Miquel Buch.

En Italia las críticas contra el primer ministro Giuseppe Conte también arrecian, aunque no llegan al nivel de España. La oposición liderada por el populista Matteo Salvini critica la lentitud a la hora de aprobar las medidas económicas, no haber tomado en consideración a la oposición y la gestión mediática.

Pero, “la actitud de enfrentamiento del Gobierno Italiano con Europa ha hecho que la oposición reduzca su peso y con ello la crispación extrema en el país”, apunta Molina. “Conte es independiente, ha sido capaz de gobernar con socialdemócratas y populistas de derechas y va ganando popularidad”. Al principio de la crisis el jefe de Estado, Sergio Matarella intervino para animar al Gobierno a involucrar a la oposición en la gestión de la crisis.

Igual que en España, no solo la política nacional sufre el desgaste. Aunque allí el poder de las regiones es mucho menor, en Lombardía, la más castigada por el coronavirus, también surgen las críticas por la privatización masiva del sistema de salud público en la región y por la tardanza a la hora de decretar el confinamiento en la región de Bérgamo.

En Hungría los casos de coronavirus son pocos comparado con otros países, unos 1.500 positivos, según cifras oficiales. Aún así el Parlamento húngaro ha autorizado al primer ministro, al ultraderechista Viktor Orban a gobernar por decreto sin establecer un límite temporal y sin ningún control, tampoco el parlamentario. Esta controvertida decisión ha elevado las críticas de la oposición y sobre todo de las organizaciones que velan por los derechos civiles.

Critican además las medidas económicas que consideran insuficientes; la falta de recursos para los municipios o la falta de pruebas masivas que determinen el alcalce de la pandemia en el país.

La ley de Orban afecta también a los medios de comunicación. En virtud de la ley se podrá castigar hasta con cinco años de cárcel a quienes publiquen información falsa o distorsionada. Los medios gubernamentales culpan al alcalde de Budapest de que la capital tenga el mayor número de positivos. Pero la atención sanitaria ya era un tema candente para la oposición desde hace años por la falta de médicos, las largas listas de espera o las privatizaciones.

La oposición critica la calidad de la salud pública a través de un video publicado recientemente en la página de Facebook de Orban en un hospital de Budapest al que le faltan azulejos en la pared, el ascensor no funciona, el médico tiene una máscara de peor calidad que la del primer ministro.

A very sad picture from Hungary, 2020 - the tiles are falling off the wall - the lift has a printed, ducktaped sign on...

Publiée par Adam Kerpel-Fronius sur Mardi 7 avril 2020

“La suerte de nuestro Gobierno es la suerte de todos”

Los reproches continuados chocan con la actitud de países como Irlanda o Portugal que prefieren no echar leña al fuego y asumen una oposición suave.

En Portugal, liderada por Rui Rio quien ha decido enterrar el hacha de guerra mientras dure el COVID-19. "No coopero con el Partido Socialista, coopero con el Gobierno de Portugal, en nombre de Portugal".

El líder de la oposición conservadora lusa, el PSD, dio su apoyo al Gobierno socialista dirigido por António Costa al que le deseó “coraje, nervios de acero y mucha suerte, porque su suerte es nuestra suerte”. Las palabras de Rio se hicieron virales en España. Riu también ha apoyado al Gobierno en sus demandas a la UE.

En Irlanda se celebraron elecciones en febrero y por tanto es el gobierno en funciones el encargado de gestionar la crisis. Sin embargo allí, aunque ha habido quejas por parte del Sinn Fein, el brazo político de la banda terrorista IRA, no se está politizando la situación como en otros países.

Los dos grandes partidos Fianna Fail (FF) y Fianna Gael (FG), tradicionalmente rivales, están en conversaciones para formar gobierno. El Sinn Fein cuanta con los mismos escaños que el FF y dos más que el FG pero las críticas por parte de la líder del Sinn Fein, Mary Lou McDonald, se ciñen a que siga gobernando el ejecutivo en funciones y no se haya formado ya un nuevo Gobierno. Incluso el ministro de Sanidad, Simon Harris, se mostró agradecido por evitar la politización, tal y como pedía la OMS. "No hay espacio para la política de partidos en la lucha contra el COVID-19. Orgulloso de vivir en un país donde todos trabajamos juntos para salvar la vida de nuestra gente. Es la única forma de hacerlo", decía.