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Trabajadores al pie del cañón pese al COVID-19

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Trabajadores al pie del cañón pese al COVID-19
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"Son panaderos, cajeros o conductores de autobús y tienen algo en común: han trabajado desde el inicio del confinamiento. Algunos con más presión y menos beneficios", cuenta Guillaume Petit, periodista de Euronews.

Entramos en una panadería de Lyon. Hay mucha comida preparada: platos caseros, pasteles, helados... Incluso quedan algunos huevos de Pascua. Solo falta una cosa: clientes. Desde el inicio del confinamiento, Chantal y su esposo se levantan a las 5 de la mañana para seguir ofreciendo comida a quienes trabajan. Pero su facturación ha caído un 50%. Eso significa que podrán recibir la ayuda estatal para las empresas en dificultades. Solo piden más claridad al Gobierno.

"Nunca hemos pasado por algo así y es difícil. El Gobierno piensa en los restaurantes, pero parece olvidar que hay servicios de catering y pastelería, como nosotros, con grandes problemas de suministro", dice Chantal Corret, copropietaria de la tienda.

Menos suministros, menos clientes... Muchas empresas funcionan a cámara lenta desde hace casi siete semanas. Pero al mismo tiempo, algunos han estado trabajando sin parar. En algunos supermercados el ritmo es más frenético que habitualmente, con clientes que se van con cestas a rebosar. Los empleados están haciendo horas extra, en una situación con mucho estrés.

"Nos arriesgamos al venir a trabajar, en un ambiente con gran ansiedad. También tenemos la presión de nuestra familia. Tenemos el respeto de nuestro jefe, protección, pero no compensa", cuenta Baptiste Lamier, cajero de Casino.

El Gobierno francés ha anunciado que los trabajadores de supermercados tendrán una prima de 1.000 euros.

"Es un trabajo que no está lo suficientemente valorado. Aplaudimos a los profesionales de la salud, pero creo que también podríamos aplaudirles a ellos", dice una clienta de Casino.

Pero no todos los empleados de los llamados trabajos esenciales tendrán una prima.

"Nos hubiese gustado... Nos gustaría tener una pequeña prima", señala Sébastien Delahaye, conductor de autobús en Lyon.

Desde el inicio del confinamiento, salvo cinco días de paro parcial, este excamionero ha estado al volante de su autobús. Dice que se siente seguro, con las medidas puestas en marcha, y útil.

"Somos útiles para los que van a comprar alimentos, para los que van a trabajar" , afirma Sébastien Delahaye.

Este viernes, Día del Trabajo, no será lo mismo en Francia sin las grandes manifestaciones. Las demandas sociales siguen ahí, aunque de momento están silenciadas.