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Daniel Innerarity: "El populismo será el más afectado por el virus"

Sunday, May 31, 2020 photo, a waiter wearing a face mask waits for customers in a terrace bar in Barcelona.
Sunday, May 31, 2020 photo, a waiter wearing a face mask waits for customers in a terrace bar in Barcelona.   -   Derechos de autor  AP Photo
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“Para los populistas es difícil enfrentarse al virus porque la pandemia revaloriza lo que ellos desprecian como la ciencia, la lógica institucional o la idea de comunidad global”. Euronews habla con Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía, investigador IKERBASQUE en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática sobre su libro Pandemocracia, una filosofía de la crisis del coronavirus. Un libro en el que el autor reflexiona sobre el impacto del virus en la sociedad y perfila un futuro que pasa por la transición digital y la transición verde.

Innerarity, profesor en el Instituto Universitario Europeo de Florencia, ha colaborado recientemente con la revista CIDOB Afers Internacionals sobre “Desinformación y poder: la crisis de los intermediarios” donde se analiza la sobreexposición informativa plagada de noticias, falsas, bulos o teorías conspirativas, hasta el punto de que la OMS nos ha declarado víctimas no solo del coronavirus sino también de la infodemia.

¿Cómo influye esta pandemia sobre los populismos?

A los populismos no les sientan bien la pandemia. Para los populistas es difícil enfrentarse al virus porque la pandemia revaloriza lo ellos desprecian como la sabiduría de la ciencia, la lógica institucional o la idea de comunidad global. En una pandemia se necesita más que nunca a los expertos. La gente entiende que los líderes no tienen remedios mágicos. En las pandemias la lógica institucional es más importante que los líderes providenciales populistas. Aunque es cierto que si se crea demasiado desasosiego por la crisis social y económica esto podría ser un caldo de cultivo para la desesperación, la rabia y acciones irracionales. Mi tesis es que esta crisis suaviza la idea de las fronteras y pone en valor la comunidad global. Hemos visto que el virus nos afecta a todos por igual, aunque las poblaciones desfavorecida siempre sufren más y se genera desigualdad. Al principio hubo un instinto reflejo que llevó a todo el mundo a un ‘sálvese quien pueda’, en la UE no se compartía el material sanitario y en China vimos como no se compartía ni la información. Pero esto fue un momento pasajero, las respuestas tienen que ser compartidas, la cooperación es más interesante.

¿Cómo puede afectar la crisis sanitaria a la democracia y a la información?

Esta es una crisis arcaica, ya le hemos visto en otros momentos de la Historia en la que se impedían tránsitos o se cerraban las fronteras pero la gran novedad ahora es el contexto. Hay una mayor movilidad, la densidad de las interacciones entre actores de todo tipo es mucho mayor y también la densidad informativa. Ahora todo el mundo puede emitir opiniones, juicios e intervenir en el espacio público. Esa densidad informativa, unida al gran desconcierto de la pandemia, puede ser un caldo de cultivo para la pseudo información. Un virus que no sabemos como se comporta, la poca legitimidad y fuerza de los Gobiernos para imponer medidas de confinamiento previas- que nadie hubiésemos aceptado-, la debilidad de los instituciones globales como la UE o la OMS sin gran autoridad para tomar medidas drásticas... Este contexto de incertidumbre donde nadie sabe bien qué hacer es un terreno abonado para la pseudo información.

Calan más que nunca las teorías de la conspiración...

La narrativa que vincula unos acontecimientos dispersos es muy poderosa sobre todo si se centran sobre la figura de un malvado. Los relatos intencionales son más “sexis” que los relatos estructurales. Las explicaciones complejas atraen menos, nos gusta más la simplificación y sobre todo la personificación de un evento sobre un personaje malvado o providencial. En estos días se ha hablado en tono bélico para dar un aire de seriedad, para movilizar a la gente y el miedo. Encuadrar esto en la lógica de la guerra hace ganar ventaja electoral.

¿Cómo podemos defendernos de esta desinformación?

Hay que formarse mejor, gastarse dinero en la información, no hacerlo únicamente a través de redes sociales sin criterio. Ya no existe un espacio vertical de la información, hoy es un espacio horizontal. Los informadores tienen la oportunidad de, en vez de intentar competir con las redes sociales, ofrecer análisis. Los Gobiernos y las instituciones tienen que defender la liberad de información y expresión sin interferencias pero se necesita también una lucha jurídica plural que ponga límites objetivos para no transmitir bulos o noticias falsas.

¿Podemos esperar que Europa salga reforzada de esta crisis?

Hubo una respuesta inicial de cada uno a lo suyo pero ahora hay cuestiones encima de la mesa que anteriormente eran absolutamente impensables, como la mutualización de la deuda. Temas que antes eran tabú y que son extremadamente importantes como las ayudas europeas a empresas o el seguro de desempleo europeo. La plantilla con la que se interpretó la anterior crisis de 2010 no es la misma que la que se está utilizando ahora, se ha rectificado. A pesar de que algunos países como Holanda han intentado equipararlo a la crisis financiera no se está tratando igual que entonces, una crisis asimétrica. Se podría hacer cierta la máxima de que con cada crisis la Unión Europea aprende y avanza hacia la integración.

¿Y en España habrá algún cambio similar? ¿Cómo explicar esta disputa sin cuartel que no reconcilia ni una pandemia?

Los actores políticos y las instituciones en general no han tenido capacidad de anticipación ni estratégica. Muchos países, también España, han utilizado el marco conceptual bélico para referirse a la crisis, y esta es una crisis sanitaria no una guerra. Cuando un Gobierno adopta una posición y un discurso bélico la oposición sospecha que hay ventajismo electoral y se entra en disputa. Otro tema importante es que en los últimos años la alternancia política en España se han dado a partir de un evento catastrófico y no bajo la normalidad institucional. Tanto la consolidación como el cambio de Gobierno lo fiamos a un evento catastrófico como ocurrió con la crisis económica o el 14M. Lo fiamos a acontecimientos exógenos al proceso político. Los actores interpretan que no se puede desperdiciar una buena crisis para ganar el poder. Otro factor es que los tiempos se han acelerado y en el proceso político no hay paciencia. Ningún líder puede seguir adelante con tantas derrotas, deben ganar en dos intentos, tres son incluso muchos. Esto hace que estén obligados a no dejar pasar ninguna oportunidad para luchar, hay una competitividad brutal. Hay una competición muy intensa, como si toda la vida política se hubiese reducido a la lógica electoral. Incluso el que gobierna lo hace en clave electoral y eso genera una desconfianza y una competitividad creciente entre los actores políticos.

¿Qué se puede esperar de esta “nueva normalidad”, del futuro?

Se están generando muchos debates sobre transición digital y transición verde, que ahora encuentran argumentos más fuertes para poder llevarse a cabo. Por otra parte es cierto que se tiene que lidiar con una política feroz y con recursos escasos que harán que priorizar estos debates sea más difícil. No digo que sea fácil pero esto sería una respuesta de futuro. En la Unión Europea hay más consenso, parece que el discurso de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, va en este sentido. Aquí, en España, para llevar a cabo esas transiciones no valdría con una mayoría parlamentaria para aprobar una ley o decreto se necesita transversalidad, ser capaces de involucrar a toda la sociedad y todos los actores sociales.

¿Será posible con lo que vemos en política estos días?

Hay una parte de la sociedad muy excitada con la confrontación política, eso genera desafección hacia las instituciones. Sabemos que aquí la desafección tradicionalmente beneficia a los partidos de derecha. Pero también hay una mayoría silenciosa que quiere que se rebaje la tensión, que los partidos lleguen a acuerdos hacia la reconstrucción. Creo que en este caso los ciudadanos premiarán a los políticos o partidos que hayan sido capaces de rebajar esas líneas de tensión y construir acuerdos.

En Estados Unidos, a la pandemia se ha sumado una revuelta, ¿qué transcendencia tiene?

Estas revueltas no son nuevas pero ahora transcurre con el líder más inadecuado y más racista de la Historia. La pandemia se ha cebado con la población más débil, especialmente la tasa de mortalidad ha sido altísima entre los afroamericanos, y se producen con un líder político que ya no le ha pillado con el pie cambiado. Le falló la gestión de la pandemia, le ha fallado la economía, que era sobre lo que basaba su reelección. Ahora, en mi opinión estas revueltas le dan la oportunidad de convertirlo en una crisis de “desorden público” y esto le puede favorecer. Si lo convierte en un tema de orden público le puede beneficiar y hay gente que va a contribuir a ello más que a desmontar sus políticas sobre la gestión de la pandemia.