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OSCAR DEL POZO
OSCAR DEL POZO   -   Derechos de autor  AFP

Víctimas de violencia policial: ¿Quiénes son los George Floyd europeos?

Iliass Tahiri, originario de Marruecos, tenía 18 años cuando falleció en un centro de menores en Almería, al sur de España. La causa fue “una muerte violenta accidental”, según lo consideraron el juez y el forense justo antes de archivar su caso el pasado mes de enero.

Sin embargo, un vídeo difundido por los medios españoles esta semana, marcada por las protestas mundiales contra la brutalidad policial a raíz de la muerte del afroamericano George Floyd, lo ha vuelto a poner de actualidad.

En las imágenes, se ve como hasta cinco personas del personal del centro se sitúan encima del cuerpo de Iliass para inmovilizarlo a la fuerza atándole bocabajo a una cama. Según el informe del forense hecho público por El País, el joven no murió de asfixia, sino de “arritmia cardiaca” a causa de la postura.

No solo en Estados Unidos, en los países europeos el debate está ahora también sobre la mesa: ¿ejercen las fuerzas de seguridad el Estado una violencia desmedida y específicamente dirigida a personas que identifican por su perfil racial?

"Llevamos años poniendo el grito en el cielo contra el racismo, lamentamos que haya tenido que ser otra muerte la que haga abrir los ojos, aunque nos sorprende la falta de conciencia en lo que sucede en nuestro propio país, más allá de los EEUU", dice a Euronews, Youssef Ouled, periodista y activista de SOS Racismo.

"Como por ejemplo, los miles de muertos negros y musulmanes en el Mediterráneo tratando de encontrar una vida mejor", añade.

España: de Lucrecia a Mbaye

La dominicana Lucrecia Pérez fue la primera víctima reconocida de un crimen racista en España. Falleció en 1992, a la edad de 33 años, a manos de un guardia civil, que junto con otros tres amigos de ultraderecha habían decidido "dar un escarnio a los negros".

Dos balas sorprendieron a Lucrecia, una de ellas en el corazón, mientras cenaba con sus compatriotas en una discoteca abandonada en Aravaca, al norte de Madrid. Desde ese día se empezó a hablar de violencia racista en España.

"Los Estados Unidos tienen una larga historia de abusos policiales y racismo", dice Jennifer Molina, portavoz de la comunidad africana en Cataluña, donde miles de personas se han manifestado por la violencia policial.

"El racismo en España es doble porque está ahí, pero al mismo tiempo, no se habla de él", añade.

La última muerte que ha puesto de actualidad el tema en España fue la del mantero senegalés Mame Mbaye. Murió en 2018 de un ataque al corazón tras escapar de una redada policial, víctima del "racismo institucional" según amigos, compatriotas y colegas que ocuparon la plaza de Lavapiés en el centro de Madrid durante días después de su muerte.

A pesar de las acusaciones, un tribunal dictaminó al año siguiente que el paro cardiovascular no estaba relacionado con la redada, al no encontrar ninguna prueba de comportamiento violento por parte de la policía.

Sin embargo, la muerte de Mbaye promovió una oleada de protestas en la capital española como nunca antes.

AFP
Manifestantes se reúnen en la plaza Nelson Mandela en el distrito madrileño de Lavapiés el 16 de marzo de 2018 durante una manifestación en memoria de Mame Mbaye.AFP

Ouled cita como otro episodio mediático la tragedia de El Tarajal, el controvertido operativo policial en el que al menos 15 personas murieron ahogadas tratando de alcanzar España desde la costa marroquí.

Un joven camerunés aseguró que la Guardia Civil les disparó pelotas de goma a bocajarro para impedir que cruzaran la frontera, después de lanzarles gas lacrimógeno.

"Gritábamos desde el agua, gritábamos por socorro y entonces la Guardia se acercaba. Y nosotros pensábamos: 'bueno, está bien, vienen a salvarnos'. Ya no hay apuro, van a salvarnos del agua y van a ocuparse de cuidarnos'. Pero he constatado que desde la embarcación golpeaban a los que estaban más cerca".

"España tiene una asignatura pendiente con el racismo a todos los niveles, uno de ellos es el racismo policial y la brutalidad de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado", dice Youssef Ouled, que ha publicado un hilo en Twitter poniendo nombre a algunas de sus víctimas.

"No hay datos sobre la violencia racista en España porque a las instituciones no les interesa recoger datos sobre una violencia que es principalmente institucional", denuncia Ouled. "Si la recogida de datos fuera una prioridad se podría poner de manifiesto lo que la sociedad civil y el movimiento antirracista lleva años denunciando: hay paradas policiales racistas a diario".

Ouled señala que durante la emergencia del coronavirus la situación se ha agudizado. "Nos han llegado numerosas quejas y denuncias de personas sin papeles amenazadas por la policía con ser 'deportados' cuando acudían a la farmacia a comprar medicamentos o al supermercado a comprar alimentos, incluso hemos visto violencia explícita donde agentes de la Policía Local han agredido brutalmente a una familia negra en Gerona".

"La percepción que se tiene de la policía varía según el lado en el que te encuentras del tablero racial, si le preguntas a una persona blanca, la policía representa seguridad por lo general, para una persona que no es blanca, representa peligro e inseguridad y preferirá evitarlas por las experiencias que ha tenido ella, sus familiares, amigos o lo que ha visto en medios de comunicación", concluye.

Francia: el nombre de Adama Traorè vuelve a las calles

Tras la muerte de George Floyd, miles de personas salieron a las calles en varias ciudades francesas en memoria de Adama Traorè, francés de origen maliense de 24 años, que murió en 2016 en una comisaría de policía tras ser perseguido y detenido.

En Francia, los jóvenes de origen árabe y africano tienen veinte veces más probabilidades de ser detenidos y registrados.

El último informe jurídico sobre el caso de Adama Traorè salió a la luz cuatro días después del incidente de Mineápolis. Traorè podría no haber muerto por asfixia sino por un edema cardíaco.

Su familia ha pedido otro informe que encargaron a un médico privado.

Ouled dice que el modelo de integración francés ha tratado de borrar las identidades individuales de las comunidades migrantes. "El resultado de eso y la gestión racista de las relaciones ha llevado a un escenario como el que estamos viendo: segregación en barrios para migrantes y brutalidad policial", añade.

AP Photo/Michel Euler, File
En esta foto de archivo del 2 de junio de 2020, Assa Traorè, hermana de Adama Traorè, levanta el puño durante una manifestación en París.AP Photo/Michel Euler, File

Bélgica: el amante de las motos y el exfutbolista

Adil, de 19 años y de origen marroquí, murió en Bruselas el 10 de abril durante una persecución policial en Anderlecht, uno de los barrios más pobres y conflictivos de Bruselas.

Según los medios de comunicación locales, su moto se estrelló contra un coche de policía que venía en sentido contrario cuando intentaba adelantar a una furgoneta.

Un periodista alegó que el coche de policía entró en la calzada opuesta.

No había signos de frenada brusca en el suelo, lo que podría probar que fue la policía la que se estrelló contra Adil en lugar de lo contrario.

La investigación sigue abierta. Esta muerte provocó protestas entre los residentes contra la brutalidad policial.

"Era diabético, no bebía ni fumaba y tenía un historial criminal limpio. Un chico honesto con sueños modestos, que descubre el país de sus padres, y tiene una vida normal, que trabaja en un garaje y vive para su pasión: las motos", informó la RTBF, diciendo que el joven había aprendido a no confiar en la policía.

El caso de Lamine Bangoura también se asoció con el de Floyd. Murió a los 27 años durante un desalojo en la ciudad de Roeselare, en el oeste de Flandes, en 2018.

El exfutbolista del Club Brugge, que no había pagado impuestos durante meses, murió por asfixia, según el abogado de su familia. Ocho policías podrían ahora enfrentarse a cargos de asesinato.

Alemania: la muerte sin resolver de Oury Jalloh

El caso de George Floyd ha devuelto a la memoria de los alemanes la muerte de Oury Jalloh, un solicitante de asilo de Sierra Leona, que murió quemado dentro de una celda en Deassau en 2005. Tenía las manos y los pies esposados.

Las autoridades hablaron de un intento de suicidio, acusando a Jalloh de haber prendido fuego al colchón.

Sin embargo, nuevos análisis sugieren que pudo haber sido golpeado antes de su muerte.

Los activistas anunciaron que retomarían la batalla legal, gracias a la aparición de nuevas pruebas. Pero quince años después de su muerte los culpables aún no han sido identificados.

JAN WOITAS/AFP
Komi E., portavoz de la iniciativa "Oury Jalloh", junto a unos ataúdes simbólicos frente al tribunal de Magdeburgo en enero de 2011.JAN WOITAS/AFP

Holanda: ¿fue Mitch Henríquez víctima de un perfil racial?

Turista de 42 años nacido en Aruba, Mitch Henríquez murió hace cinco años durante un control policial en un concierto.

Según Politico, la policía dijo que estaba actuando violentamente y resistiéndose al arresto.

Al igual que en el caso de Floyd, la autopsia oficial difirió de la independiente, que dijo que Henríquez no murió por "estrés agudo" sino por las consecuencias de la asfixia, por lo que un oficial de policía fue condenado.

Otros cuatro oficiales fueron absueltos. En ese caso, también, un video de un teléfono móvil ayudó a arrojar luz sobre la historia.

El barrio de Schilderswijk de La Haya, que alberga diez de los códigos postales más pobres de Holanda y donde alrededor del 85% de la población está compuesta por migrantes de primera o segunda generación, fue testigo de días de fuertes protestas.

Amnistía Holandesa criticó la reacción de la policía y los políticos: "¿Cuánta influencia tuvieron los estereotipos negativos sobre la comunidad antillana en la decisión de intervenir con tan inusual resolución sobre el detenido?"

Noruega: Eugene Ejike Obiora cambió la forma de operar de la policía

Noruega tuvo un caso en 2006 que puede compararse con el de George Floyd. Ejike Obiora, noruego de 48 años de origen nigeriano, murió de asfixia durante un arresto fuera de un centro de servicios sociales.

Fue inmovilizado en el suelo con una técnica de estrangulamiento, con el estómago hacia abajo, hasta que perdió el conocimiento.

Fue trasladado al hospital pero los médicos no pudieron salvarle la vida.

Las autoridades abrieron un debate sobre el racismo en el país después de las protestas nacionales.

En los años siguientes, se anunciaron cambios en los protocolos y una profunda revisión de los procedimientos disciplinarios.

Suiza: ¿Quién mató a Mike?

"La violencia policial contra los negros también involucra a Suiza", escribe el periódico suizo Nouvelliste.

El ciudadano nigeriano Mike Ben Peter murió en 2018 durante un control policial en Lausana.

Fue sujetado contra el suelo durante seis minutos antes de morir de un paro cardíaco al día siguiente en el hospital.

Tenía "el peso de seis policías" encima de él, añadió Le Nouveliste.

Las autoridades dijeron que encontraron cocaína en su boca, lo que dio pie a acusaciones de sobredosis. Pero el análisis toxicológico excluyó la afirmación de que su sangre contuviera esa droga.

El hombre de 40 años formaba parte del grupo Jean Dutoit, formado por inmigrantes y otros simpatizantes.

Los informes legales decían que podría haber muerto por diferentes factores, como el estrés, la obesidad o una malformación cardíaca, aunque se excluyó cualquier vínculo particular entre su muerte y la técnica de inmovilización a la que fue sometido.

Pero la familia de Peter y sus abogados argumentaron que esa versión de la historia "legitima la violencia policial".

Dos años después, el caso sigue abierto. Y en Suiza también, la gente ha salido a las calles para preguntar: "¿Quién mató a Mike?"

Reino Unido: Sean y Shiji en el país de la impunidad policial

Un caso que se puede relacionar con el de George Floyd en Reino Unido fue la muerte de Sean Rigg, productor de música negro con problemas de salud mental.

Rigg falleció de un paro cardíaco en 2008 en una comisaría de policía en Brixton. "A pesar de estar claramente enfermo, había sido esposado y dejado morir en el suelo. Un oficial de policía, filmado en CCTV, dijo que estaba 'fingiendo'", escribió Al Jazeera.

Otro caso similar es el de Shiji Lapite, un solicitante de asilo nigeriano que murió de asfixia en una camioneta policial en el este de Londres cuatro años antes. Una vez más, los agentes de policía implicados no fueron procesados.

Bristol City Council/AP
La estatua del comerciante de esclavos Edward Colston en Bristol, Reino Unido, después de haber sido derribada por los manifestantes contra el racismo.Bristol City Council/AP

Reino Unido cuenta con 1.741 muertes bajo custodia policial desde 1990, según Vice, aunque ningún oficial ha sido condenado por asesinato u homicidio desde 1986.

El sesgo racial no ha sido promotor de todas estas muertes. Por ejemplo, el caso más notorio fue el de Ian Tomlinson, un vendedor de papel que fue empujado al suelo por un policía durante una protesta anti-G20 en Londres en 2009 antes de que falleciera en una calle cercana debido a una hemorragia interna.

El oficial Simon Harwood fue acusado de homicidio, pero luego fue exonerado. Fue despedido por la Policía Metropolitana, que más tarde emitió una disculpa a la familia de Tomlinson y acordó una compensación.

Italia: Stefano Cucchi y los estigmas más allá de la raza

En Italia, las personas más vulnerables son objeto de vejaciones similares a las infligidas a George Floyd por la policía de Mineápolis, según el abogado Fabio Anselmo, encargado del caso de Stefano Cucchi, fallecido mientras se encontraba en custodia policial y referente en Italia por la lucha activa de su hermana Ilaria para que se supiera la verdad.

En 2009, Cucchi llevaba una semana detenido cuando falleció a causa de las secuelas de la brutal paliza a la que le habían sometido unos agentes vestidos de paisano.

"Sus vidas son consideradas menos importantes", afirma Anselmo. Aunque Cucchi era blanco, el abogado considera que fue víctima del estigma policial a su pasado como toxicómano.

"Esa es otra forma de racismo, si por racismo entendemos una menor consideración para los detenidos debido a sus antecedentes", dice Anselmo. "Hablar sólo de racismo contra los negros americanos es, para nosotros, una manera fácil de evitar asumir la responsabilidad cuando tales cosas suceden".

Como en España, en Italia, el debate sobre la violencia racista y el privilegio de los blancos todavía está en pañales. "Tal vez esa sea una de las razones por las que es más fácil expresar indignación por los episodios de racismo que ocurren en el extranjero", escribe Politico.

"Es mucho más fácil denunciar un problema que existe en un continente diferente que admitir tus propios defectos en tu país".