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¿Quién fue el rey Leopoldo II y por qué las protestas antirracistas quieren retirar su estatua?

Una estatua del rey Leopoldo II de Bélgica pintada con las palabras "asesino" antes de una manifestación de protesta de Black Lives Matter en Bruselas.
Una estatua del rey Leopoldo II de Bélgica pintada con las palabras "asesino" antes de una manifestación de protesta de Black Lives Matter en Bruselas.   -   Derechos de autor  AP Photo/Olivier Matthys
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Aprovechando las manifestaciones por la justicia racial que están tomando las calles en todo el mundo tras la muerte de George Floyd en Estados Unidos, muchos activistas están exigiendo a los países que hagan frente a su pasado, así como a los problemas del presente.

Las voces que cuestionan el pasado colonial de los países europeos son cada vez más fuertes. En Reino Unido, una estatua del comerciante de esclavos Edward Colston fue arrojada a un río en Bristol, lo que desencadenó un debate nacional sobre los monumentos a los racistas.

En Bélgica, un debate similar que ha estado en segundo plano durante años, de repente se ha puesto de relieve.

Este es sobre las muchas estatuas del rey Leopoldo II que adornan las ciudades belgas, así como las calles y plazas que llevan su nombre.

¿Quién era Leopoldo II?

Leopoldo II fue el rey de Bélgica entre 1865 y 1909, el monarca más longevo de la historia del país. Hoy es recordado por su mandato sobre el Estado Libre del Congo, en el que se estima que murieron millones de congoleños al infligir un régimen de violencia y explotación, extrayendo la riqueza del país para su propio beneficio personal.

En 1885 Leopoldo II estableció el Estado Libre del Congo, hoy República Democrática del Congo, tomando el control directo de la región. Extrajo sus riquezas, en gran parte de caucho y marfil, utilizando un brutal sistema de trabajo forzado. La Asociación para la Reforma del Congo dice que la investigación académica ha encontrado que su mandato, y sus consecuencias inmediatas, provocaron la muerte de hasta 10 millones de personas. Sus tropas eran conocidas por los atroces castigos que imponían en la población local como el corte de manos por cualquier cosa que consideraran un crimen.

"El sistema que se instaló en el Estado Libre del Congo era un sistema que apuntaba a la explotación", dice Gillian Mathys, historiadora de la Universidad de Gante.

"Gran parte del dinero que no sólo Leopold II sino muchas empresas reunieron durante el Estado Libre del Congo sigue siendo visible en la esfera pública".

Mathys señala el ejemplo de ciudades como Ostende y Bruselas, donde muchos edificios fueron encargados y pagados por Leopoldo II. Sus muchos proyectos de construcción financiados por la riqueza que extrajo del Congo le valieron el sobrenombre de "rey Constructor".

Nunca visitó el Congo, pero lo gobernó desde Bélgica, hasta que lo vendió al Estado belga, bajo la presión de los reformistas. Desde entonces, fue una colonia conocida como el Congo Belga. Al ser el monarca más longevo y el apodado "rey constructor", se erigieron varias estatuas en su honor en Bélgica.

Cambiando la narrativa

"Si miramos los archivos, el análisis histórico del pasado colonial de Bélgica, está claro que podemos ver un cambio; primero se le vio como un héroe, luego hubo más y más críticas, y se hizo una división muy clara entre el Estado Libre del Congo dirigido por Leopoldo II y el Congo Belga en manos del Estado belga", dice Emma-Lee Amponsah, cofundadora de la organización belga-holandesa Black Speaks Back.

Pero esta "clara división" es problemática, afirma Amponsah, porque legitima la idea de que el Congo Belga era "mucho mejor" que el Estado Libre del Congo. "Debido a esta idea no ha habido mucho espacio para condenar el colonialismo por completo", dice.

Mathys está de acuerdo en que "gran parte de la violencia del Estado Libre del Congo se extendió al período del Congo Belga colonial".

Amponsah sostiene que la gente está luchando ahora para retirar las estatuas de Leopoldo II no sólo por sus propias acciones, sino también porque es "un símbolo del pasado colonial".

"Las estatuas representan la historia de Bélgica muy claramente", dice. "Representan a quien debe ser percibido como un héroe, que está a cargo de las memorias colectivas del pasado... esto es lo más tangible que la gente puede impugnar. Por eso estamos hablando de sus estatuas".

"Un verdadero visionario para su tiempo"

No todos los belgas están de acuerdo con la retirada de las estatuas. Mireille-Tsheusi Robert, escritora belga y presidenta de BAMKO, una ONG antirracista, dice a Euronews que hay grupos de antiguos colonos, familias que se han beneficiado del colonialismo, "que están contentos con el trabajo de Leopoldo II y quieren que las estatuas de Leopoldo II permanezcan".

La clase política está dividida sobre el tema, dice, y los partidos de la derecha están menos dispuestos a aceptar la eliminación de las mismas.

En 2010, el político belga Louis Michel dijo a una revista: "Leopoldo II fue un verdadero visionario para su tiempo, un héroe".

Louis Michel es el padre del ex primer ministro belga y actual presidente del Consejo Europeo Charles Michel.

Emma-Lee Amponsah dice que su organización a menudo recibe mensajes de personas que dicen "las estatuas deben quedarse, esa es su historia".

"Pero definitivamente no es la opinión más popular", añade.

¿Tomarán los manifestantes el asunto en sus propias manos, como hicieron los de Bristol? Una petición online para retirar las estatuas de Leopold II se está acelerando, y los manifestantes en Gante desfiguraron un busto de Leopold II la semana pasada, garabateando en él las últimas palabras de George Floyd: "Por favor, no puedo respirar".

"Los belgas son muy particulares", dice Mireille-Tsheusi Robert.

"Aman la cultura del compromiso. Siempre debería haber compromisos y por eso no sé si ellos [los políticos] reaccionarán realmente esta vez, pero si no reaccionan es muy posible que la población actúe por sí misma. Si no quieren retirar las estatuas, es muy posible que [la población] las retire".

Con la destrucción de la estatua de Edward Colston en Reino Unido este fin de semana, es evidente que los movimientos para revaluar el pasado dentro de otras antiguas naciones colonialistas están empezando a cobrar fuerza. Y Gillian Mathys argumenta que es importante no pensar en el régimen de Leopold II en el Congo como algo excepcional.

"Los británicos parecen pensar que su colonialismo fue de alguna manera más benévolo, no creo que eso sea realmente cierto. Todos los imperios coloniales eran intrínsecamente violentos y estaban dirigidos a la explotación. Es importante no excepcionalizar el régimen de Leopold II. La violencia y la explotación eran un rasgo de carácter fundamental de los sistemas coloniales en todas partes".