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Cierre de las centrales térmicas en España: ¿La transición ecológica justa es posible?

Vista de la chimenea de la planta termoeléctrica en Velilla del Río Carrión, en el norte de España, el viernes 10 de septiembre de 2010.
Vista de la chimenea de la planta termoeléctrica en Velilla del Río Carrión, en el norte de España, el viernes 10 de septiembre de 2010.   -   Derechos de autor  AP Photo/Victor R. Caivano
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Este martes se clausura en España otro capítulo de la descarbonización de su modelo energético con el cierre de siete centrales térmicas, prácticamente la mitad de las que siguen operando en el país.

Pero para algunas el apagón llegó unos días antes, cuando quemaron el último carbón que les quedaba. La chimenea de la central térmica de Andorra, en la provincia de Teruel, dejó de echar humo el domingo.

Se trata de una medida que tiene como fin reducir las emisiones de gases invernadero del sector eléctrico. En 2019, cayeron en más de un 30% gracias al desenganche del carbón.

Pero el cierre está sobre todo impulsado por factores económicos. Su producción de electricidad se redujo hasta el** 1,4% el pasado mes de mayo y no solo debido al confinamiento por el coronavirus.** Sin las inversiones multimillonarias que exige la Unión Europea (UE) para adaptarlas a la nueva normativa, muchas estaban funcionando bajo mínimos.

Para las grandes eléctricas que las gestionan es una oportunidad para avanzar hacia la transición ecológica del negocio. Por ejemplo, Iberdrola sustituirá la térmica de Velilla, en la montaña palentina, por una planta eólica y solar, y Endesa, la de Andorra también por un parque fotovoltaico.

Otras no han ofrecido todavía alternativas, como la central térmica de Soto Ribera, en Asturias. "Del turismo solo no se vive", lamentó la portavoz de la plataforma contra su cierre.

La de Compostilla, en León, ha formado a su personal para que participe en las tareas de desmantelamiento, pero se trata de un parche temporal.

"Sin soluciones de empleo en las comarcas mineras ¿Qué tipo de transición vamos a realizar?", criticó el delegado de Comisiones Obreras, Néstor Flores, sobre el cierre de a térmica de La Robla, en León.

Las localidades que llevan décadas dependiendo del trabajo de las centrales se sienten descolgadas de la transición o completamente abandonadas.

"En la presentación del Plan Future, Endesa dice que para los 1700 MW que van a instalar, son necesarios 138 puestos de trabajo, pero nunca nos ha dicho si será personal propio, de contrata o mixto", explica a Euronews Luis Roca Arencibia, delegado del sindicato de Comisiones Obreras (CCOO) sobre la térmica de Andorra, que se planea reconvertir en plantas fotovoltaicas y parques eólicos.

"Y por otro lado está el acuerdo de recolocaciones donde nos garantiza el empleo a todos, lo más cerca posible de la zona y lo menos traumático posible. Esto no se ha cumplido nunca".

Todo este proceso ha sido traumático
Luis Roca Arencibia
CCOO

¿Otro modelo es posible?

"Dada la situación actual de crisis energética, se hace urgente cerrar las centrales fósiles y apostar por un modelo renovable", explica a Euronews, Álvaro Campos-Celador, profesor e investigador en Ingeniería de Energías Renovables, Universidad del País Vasco. "Aunque el mercado busca una situación continuista que sustituya potencia fósil por potencia renovable, es una oportunidad para la construcción de otro modelo".

Campos-Celador defiende la idea de un modelo distribuido basado en energías renovables distribuidas en propiedad colectiva de la ciudadanía.

Como explica en este artículo para The Conversation, estas cooperativas empezaron a surgir en la década de 1970 en Europa y se popularizaron en Alemania, Holanda y Dinamarca.

En España, este modelo tardó cuatro décadas y está menos extendido. La primera fue Som Energia y nació en 2010 en el Parque Científico y Tecnológico de la Universidad de Gerona

Campos-Celador propone este sistema como una solución para los trabajadores de las térmicas clausuradas. "Si hablamos de grandes plantas, se contrataría a un menor número de personas in situ pero crearía empleo en la fabricación de la infraestructura necesaria: molinos, placas, etc".

"En el caso de un modelo distribuido, se contrataría a un mayor número de personas: más instalaciones más pequeñas", añade. "Aunque esto va ligado a costes mayores, los beneficios se repartirían entre más agentes, siendo un sistema económicamente menos eficiente pero más justo en el reparto de beneficios".

Este modelo distribuido está mucho más aceptado socialmente en sociedades como la belga, la danesa o la alemana, apunta el profesor Campos-Celador.

"Esto requiere de realizar inversiones en las redes eléctricas urbanas para dar entrada a esta potencia renovable", señala y añade que además no es posible un cambio de sistema, sin una modificación de los hábitos.

"Las renovables no pueden dar respuesta a un crecimiento ilimitado del consumo, debido tanto a las necesidades de espacio como el consumo material y energético necesario para la construcción de la infraestructura renovable".