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Las pandillas reaccionan violentamente a la dispersión de sus líderes

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Por Oscar Valero
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La policía cachea a los viajeros de un autobús en un control
La policía cachea a los viajeros de un autobús en un control   -   Derechos de autor  Oliver de Ros/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved

Tras horas de alta tensión, los diez agentes penitenciarios rehenes de la pandilla Barrio 18 en la prisión del Infiernito, pudieron salir en la madrugada del martes.

Las negociaciones de las fuerzas de seguridad con los captores llegaron a buen puerto antes de que los agentes de choque tuvieran que entrar en el penal.

Gendry Reyes, viceministro de Seguridad, detalló la forma en la que negociaron: "Se les habló, que de una o otra forma íbamos a entrar y al final íbamos a salir perjudicados en tema de la vida humana indiferentemente de que lado fuera, y creo que al final ese tipo de conversación generó que ellos hayan entregado a los guardias que tenían retenidos."

Los pandilleros del Infiernito reaccionaron así, con un motín y tomando rehenes, al traslado de 23 de sus líderes a otras prisiones, una maniobra que el Gobierno justifica diciendo que evita que sigan con sus acciones delictivas aun estando entre rejas.

"Hemos tomado la decisión de dispersarlos en distintas cárceles de manera que podamos principiar ante un combate efectivo desde lo que está sucediendo en las prisiones y lo que estamos padeciendo en las calles", declaró el presidente, Alejandro Giammattei, en una comparecencia, y añadió: "tenemos que entender que hay una maldita relación entre la calle y las cárceles, mientras más inseguras sean las cárceles más inseguras serán las calles".

Guatemala ha dispersado a 63 líderes pandilleros en las últimas semanas con la esperanza de controlar la pujanza de estas bandas , que sitúan al país entre los 15 más violentos del mundo y que en la última década ha segado la vida de 60.000 personas.