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¿Quién se está deshaciendo de la basura plástica europea que China ya no importa?

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Por Marco Carlone & Daniela Sestito
Una foto de 2018 del vertedero de Fyli cerca de Atenas. Grecia es uno de los países europeos con menor índice de reciclaje de plástico.
Una foto de 2018 del vertedero de Fyli cerca de Atenas. Grecia es uno de los países europeos con menor índice de reciclaje de plástico.   -   Derechos de autor  Thanassis Stavrakis/Copyright 2018 The Associated Press. All rights reserved.
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China impuso una prohibición en enero de 2018 para restringir la importación de 24 tipos de plásticos para su eliminación. Desde entonces, mientras el destino de la mitad de los desechos del mundo ha cambiado, muchos países europeos y americanos se han enfrentado a una pregunta espinosa: ¿cómo gestionar todos los residuos plásticos que solían exportar a la gran potencia asiática?

Como se indica en un reciente informe de la Interpol publicado en agosto de 2020, en muchos casos los desechos -principalmente procedentes de la Unión Europea y de América del Norte- han tomado simplemente otras rutas, especialmente hacia las economías emergentes del Asia suroriental, la India y Turquía.

Sin embargo, el volumen de material de desecho es demasiado grande para ser aceptado solo por estos nuevos importadores, y dentro de la UE, por ejemplo, los flujos intracomunitarios también han aumentado: alrededor de un tercio de las rutas internas han cambiado desde 2018.

Los países de Europa oriental han sido los más afectados por estos cambios.

Pero, según el informe, las consecuencias de la prohibición china también han tenido un impacto importante en las organizaciones delictivas que obtienen beneficios del tratamiento de residuos y alimentan un verdadero mercado ilegal.

La Interpol ha seguido la pista a las acciones de los delincuentes después de las restricciones impuestas por China: además del aumento de las exportaciones ilegales de plástico, se han producido más casos de declaraciones fraudulentas en los tipos de desechos exportados, así como de procesamiento ilegal de desechos en muchos de los países exportadores.

Un incremento del 100% de la quema de residuos en España

En Italia hay otro método de eliminación ilegal que ha involucrado a miles de ciudadanos: los cientos de incendios registrados en vertederos y cobertizos de almacenamiento.

Una situación que llevó al ministro italiano de Medio Ambiente, Sergio Costa, a definir la situación como "un riesgo de emergencia nacional", en una audiencia de una Comisión Parlamentaria de Investigación sobre actividades ilegales relacionadas con el ciclo de los desechos.

Desde la década de 1980, el sur de Italia ha sido el destino final de grandes cantidades de basura provenientes del norte del país, que han terminado incendiadas.

Pero ahora parece que esta ruta tradicional se ha invertido.

Según lo declarado por el Departamento de Investigación Antimafia en un informe en 2019, los incendios tuvieron lugar principalmente en el norte del país, entre las regiones italianas de Piamonte, Lombardía y Véneto, en plantas de recolección o lugares de almacenamiento, autorizados o ilegales, o en las zonas pertinentes.

La comisión había registrado 262 incendios en vertederos en un año - entre mayo de 2017 y 2018, aproximadamente uno cada 2,5 días.

Lo que se quemó, dijo Costa, se trataba casi siempre de plásticos, y en particular "plásticos secundarios y terciarios, de mala calidad, que no tienen mercado".

Italia, sin embargo, no es el único país que registra este fenómeno: según una estimación de las autoridades españolas, entre 2017 y 2018, el número de incendios en los vertederos del país creció en un 100%.

Bulgaria y Rumanía: combustión en fábricas de cemento y centrales eléctricas

En algunos países de Europa del este -Bulgaria y Rumanía, en particular- la eliminación ilegal de desechos ha tomado diferentes caminos.

La abundancia de vertederos y la reducción de los precios e impuestos sobre la eliminación de residuos habrían llevado a las organizaciones delictivas a exportar ilegalmente grandes remesas, a veces peligrosas y producidas en otros países, clasificándolas ilegalmente como materiales no peligrosos. Esto es especialmente el caso de la combustión en las centrales eléctricas y las fábricas de cemento.

Por ejemplo, a principios de 2020, la policía búlgara incautó 9.000 toneladas de residuos procedentes de Italia para su combustión en varias centrales eléctricas.

En Rumanía, en cambio, los envíos de desechos no autorizados han terminado quemándose en las fábricas de cemento, como reveló un estudio realizado por el Proyecto de Información sobre la Delincuencia Organizada y la Corrupción.

En marzo de 2020, en Bucarest, algunos incendios provocaron altos niveles de los contaminantes de partículas en suspensión PM10 y PM2,5: la causa, según las declaraciones del propio ministro rumano de Medio Ambiente, Costel Alexe, es atribuible a las empresas que quemaron ilegalmente basura procedente de Reino Unido.

La Interpol también informó de otros acontecimientos similares ocurridos en Polonia en 2018 en relación con remesas de desechos británicos.

En mayo de 2018, después de que un incendio oscureciera el aire en la ciudad de Zgierz, el ministro del Interior de Polonia, Joachim Brudzinski, afirmó que ese año se habían producido 63 incendios de vertederos en territorio polaco.

Una comparación con los 37 incendios del año anterior mostraba una "clara correlación con la decisión china de cerrar el mercado de los desechos".

DANIEL MIHAILESCU/AFP
El vertedero de Pata-Rat cerca de Cluj-Napoca, Rumanía. Los montones de residuos aquí son tan altos como los edificios de cinco pisos.DANIEL MIHAILESCU/AFP

Las zonas grises de la estrategia europea

Esta forma de eliminar residuos plásticos se trata de acciones en gran parte fraudulentas que forman parte de las zonas grises que deja la estrategia de la Unión Europea para una economía ecológica, con bajas emisiones de carbono y eficiente en el uso de los recursos.

Los principios de la llamada economía circular fomentan la reutilización y el reciclaje, a la vez que promueven los incentivos para la eficiencia energética y el mercado de residuos.

La quema de residuos plásticos se llama coincineración, y permite a las centrales eléctricas o a las plantas de cemento eliminar residuos domésticos, papel o plásticos para crear energía.

Sin embargo, los procedimientos de incineración deben cumplir con estrictas especificaciones. Para actuar como combustible sólido secundario, el llamado RDF -Combustible Sólido Recuperado- debe someterse a estrictos tratamientos mecánicos y biológicos. Este material reemplazaría al carbón, que a menudo se utiliza para alimentar estas plantas, lo que en teoría conduce a una menor producción de contaminantes.

Este sería un método de eliminación rentable, un sistema en el que todos ganan: los países exportadores se desharían de la basura acumulada y las centrales eléctricas recibirían material combustible, sin tener que soportar los costes de compra de carbón para quemar.

En Bulgaria, por ejemplo, cada tonelada de residuos quemada, en sustitución del combustible habitual, puede de hecho hacer ganar a la planta entre 10 y 40 euros.

En mayo de 2019, para hacer frente a la cuestión de las importaciones ilegales de desechos, en particular de plásticos, 180 países aprobaron enmiendas al Convenio de Basilea, un tratado internacional sobre el control de los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su eliminación, que entró en vigor en 1992.

Las nuevas enmiendas hacen más estrictas las normas de exportación y obligan a los operadores del comercio de desechos a solicitar el consentimiento del Gobierno del país receptor para la exportación.

El coste de reciclar basura plástica

"Los residuos no siempre son un valor", dice Antonio Pergolizzi, investigador y editor del informe anual Ecomafie de Legambiente. "Hay algunos polímeros que tienen valor, como el PET [plástico para uso alimentario], y otros que no lo tienen, como el polietileno que se utiliza en los invernaderos agrícolas, y que debe ser tratado adecuadamente en una planta".

Encontrar un vertedero para estos deshechos en el mercado legal es complicado, pero en el mercado ilegal el discurso cambia radicalmente, explica Pergolizzi. Puedes simular tratamientos, enviarlos al extranjero ilegalmente o prenderles fuego. Y estas actividades no implican ningún otro coste que no sea el del transporte.

Deshacerse de los plásticos tiene un costo. Cuando hay un costo, el crimen organizado y el empresariado sin escrúpulos compiten con aquellos que pueden abatirlo.
Antonio Pergolizzi
Investigador

El 50% de los plásticos reciclables europeos se exportan para su tratamiento a países de todo el mundo, y China -el mayor importador mundial de residuos plásticos- ha absorbido más de la mitad del mercado mundial hasta las restricciones impuestas a finales de 2017.

Aunque se promueven la economía circular y el reciclaje como posibles soluciones a este problema, según los datos del Parlamento Europeo el continente, en promedio, consigue dar una segunda vida a solo un tercio de los plásticos que consume.

Esto se debe a varias razones: la falta de recursos, instalaciones y tecnología, pero también los costos no competitivos, las estrictas normas de control y una calidad significativamente menor del producto final que la de un producto totalmente nuevo.

"El problema de los plásticos es de larga data porque tiene una estrecha relación con la forma en que se diseñan los diferentes tipos de plásticos, es decir, no son reciclables", explica Pergolizzi.

"Simplemente deberíamos dejar de producir los que no son reciclables, o al menos desalentar su producción. A menudo se trata de materiales que no pueden ser recuperados como material sino solo como energía, y por lo tanto para su incineración en una planta de conversión de desechos en energía, porque el plástico tiene un alto valor calorífico", añade.

"Las soluciones son, por lo tanto, las más rápidas. Quemarlos, como está sucediendo ahora, o enviarlos lejos, donde creemos que no tienen ningún problema para ser tratados", concluye.