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Primoz Roglic no entiende de cambios y se impone en el estreno de la Vuelta a España más atípica

Roglich celebra su merecido podio
Roglich celebra su merecido podio   -   Derechos de autor  Fernando Mahía Vilas
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El por aquel entonces campeón del mundo de ciclismo en ruta, Philippe Gilbert, confesó en 2013 cuánto le gustaba correr la Itzulia, la Vuelta a Euskadi, por el olor a marihuana que se desprendía en las subidas, siempre repletas de aficionados. Cuando en 2019 se llevó la etapa de la Vuelta a España con final en Bilbao, el mismo Gilbert afirmó que el País Vasco era como Flandes por su afición al ciclismo, por el calor de su público.

Y en este 2020 que todo lo ha cambiado, la Vuelta a España se estrenó ayer subiendo al Santuario de Arrate, en Éibar, pero no estuvo un lesionado Philippe Gilbert. Tampoco hubo público para notar su ausencia. Siquiera estuvo ese supuesto aroma cannábico de las carreteras vascas. Y de ediciones anteriores, parece que solo se mantiene una cosa en esta Vuelta a España 2020: de igual forma que acabó la anterior, el esloveno Primoz Roglic es el líder de la carrera.

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Los aficionados pudieron seguir la carrera a través de pantallasFernando Mahía Vilas

Huérfana de sus fans, comenzó ayer en Irún la Vuelta más atípica de los últimos tiempos, la del Covid-19. Una que ha pedido a la afición que vea la carrera desde casa, que prohíbe el acceso a los finales en alto y que finalizará en Madrid un 8 de noviembre, muy lejos de su septiembre habitual.

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La Vuelta más atípica. La incógnita serán las etapas de montañaFernando Mahía Vilas

Y hasta dicho día, quedan dudas por resolver. Los pasos por algunos puertos están entre interrogantes por la nieve; principalmente los de este domingo en los Pirineos, con final en el Col du Tourmalet. Y está bajo cuestión, incluso, que la carrera pueda finalizar sus 18 etapas por las vicisitudes que pueda causar la pandemia.

La dirección de la Vuelta a España ha afirmado que sí, que con seguridad la prueba llegará a Madrid. Y para asegurarse ha organizado esta edición en torno a dos burbujas: una para corredores, y otra para miembros de equipos y staff de la carrera. Aspira así a imitar al Tour de Francia —que se disputó en septiembre sin mucho sobresalto— y evitar los problemas del Giro de Italia, que afronta desde ayer su última semana y en la que se han producido numerosos positivos, amén del abandono de dos equipos al completo.

Precisamente, una de las mejores noticias para la Vuelta es que este solapamiento con la carrera italiana no ha evitado que su lista de estrellas sea muy jugosa.

Cosas del accidentado 2020, eso sí, los 173 kilómetros de la etapa inaugural de ayer ya dejaron a algunos fuera de juego. Chris Froome, cuatro veces campeón del Tour y que llegaba buscando recuperar su mejor forma tras una grave lesión, se descolgó del pelotón en el penúltimo puerto del día. El colombiano Daniel Felipe Martínez perdió cuatro minutos en meta tras un accidente. Y la eterna esperanza francesa, Thibaut Pinot, que llegaba para ayudar a uno de esos jóvenes llamados a relevarlo, David Gaudau, perdió diez minutos. Y lo peor: el que apuntaba a su jefe de filas perdió otros dos.

Aportó la parte positiva el mallorquín del Movistar Enric Mas, que llegó junto a los favoritos y es la mayor esperanza española en la prueba. O el ecuatoriano Richard Carapaz. Y, por supuesto, ese tal Primoz Roglic, el esloveno que perdió el Tour de Francia hace menos de dos meses casi que sin saber cómo y está ahora dispuesto a resarcirse. El primer paso para su desquite lo dio llegando el primero al Monasterio de Arrate del municipio de Eibar. Se impuso por un segundo a sus perseguidores en un lugar un poco desangelado, donde solo gente de la organización, periodistas, fotógrafos e invitados de los patrocinadores pudieron ser testigos de su victoria.

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Los aficionados, a una prudente distancia y con controles de la policíaFernando Mahía Vilas

Y es que la escenografía era ciertamente extraña para ser una Vuelta a España de paso por esa Euskadi que con tanta pasión vive el ciclismo. La Ertzaintza, la policía autónoma vasca, controlando que ningún aficionado se colase. Los fotógrafos a distancia social de los protagonistas.

Chaquetones, chubasqueros y botas de montaña en una carrera que suele ser de pantalón corto y gafas de sol veraniegas, y operarios apartando hojas muertas del camino. Curvas de subida al Arrate sin siquiera una ikurriña en sus seis kilómetros. Y trabajadores levantando desde la mañana las vallas que el viento había tirado por la noche. Pues el clima, en un día de fuertes rachas y lluvia, dio un primer aviso de lo que puede ser una Vuelta a España a caballo entre octubre y noviembre. Lo peor, quizás, esté por llegar el domingo, en los Pirineos.

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La organización de la Vuelta 2020 tiene que lidiar con las condiciones climáticasFernando Mahía Vilas

Mientras tanto, la filosofía en la que vive instalada la Vuelta a España la expresó mejor que nadie un eufórico Primoz Roglic tras su victoria y liderato de ayer. En la rueda de prensa, celebrada de forma telemática a través de pantallas conectadas con la sala de medios, el ciclista le dijo a los encargados de cubrir esta extraña edición de 2020: “Siempre es bonito ganar, pero vamos día a día, y a ver cómo va”.