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El activismo climático en tiempos del Covid

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El activismo climático en tiempos del Covid
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Durante la primavera de 2019, miles de jóvenes salieron a la calles de Roma para exigir medidas contra el cambio climático. Un año y medio después, la situación es muy diferente. La pandemia ha trastocado profundamente las actividades del movimiento Viernes por el Futuro, cuya fuerza se basaba en las manifestaciones masivas.

Gracias al clima benigno de Roma, los activistas todavía puedan reunirse al aire libre, aunque con mascarillas, por supuesto. Reflexionan sobre cómo organizar su próximo encuentro respetando las normas de distanciamiento social. Actualmente, en Italia están prohibidas las reuniones de más de 30 personas. Así que han tenido que reinventar su estrategia a través de internet.

“Hemos tratado de involucrar a personas que antes no podían unirse físicamente a nosotros. Ahora pueden hacerlo conectándose a distancia. Y eso significa que pueden contribuir incluso desde fuera de Roma”, explica el activista Benedetto Sensini. “Esto ha aportado un valor añadido. Pero es innegable que resulta difícil gestionar en línea todo un movimiento que tiene una fuerte necesidad de reunirse en las calles”.

Los activistas no tienen la intención de rendirse tan fácilmente. Temen que la pandemia eche por tierra los avances que se habían empezado a lograr en materia de políticas ambientales. En su opinión, la crisis climática debe tratarse con la misma seriedad que la crisis sanitaria.

“Nos parece que el debate político está centrado casi exclusivamente en las medidas para hacer frente a la emergencia del coronavirus. No se trata de la misma manera, todos los días, la emergencia climática. Sin embargo, ambas han sido declaradas emergencias globales por la Organización Mundial de la Salud", afirma la también activista Mariana Panzarino.

Su llamamiento llega justo cuando los Estados miembros están ultimando los planes para usar el dinero del Fondo de Recuperación europeo. El 37 % de las inversiones deberá utilizarse para la transición verde. Y para los ecologistas, el primer paso es reducir los subsidios a los combustibles fósiles.

“Aún existen subsidios para la extracción de combustibles fósiles. El gobierno italiano aún garantiza los subsidios a empresas como ENI. Por tanto, cuesta creer en un gobierno que por un lado se compromete a llegar a cero emisiones en 2050 y por otro sigue dando estos subsidios”, concluye Sensini.

Los activistas italianos quieren ser escuchados por la clase política, y prometen mantener la presión para que la lucha contra el cambio climático ocupe un lugar central en la agenda del Parlamento.