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Mark Rutte condena los disturbios por el primer toque de queda desde la II Guerra Mundial

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Por Blanca Castro con Agencia EFE
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El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, mantendrá las restrcciones a pesar de la jornada violenta del fin de semana.
El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, mantendrá las restrcciones a pesar de la jornada violenta del fin de semana.   -   Derechos de autor  AP / Stephanie Lecocq
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Tras un violento fin de semana, Países Bajos recupera lentamente la normalidad. Las protestas contra el toque de queda concluyeron en disturbios, saqueos y duros enfrentamientos con la policía. Más de 300 personas fueron detenidas, según estimaciones. Este es el primer toque de queda que se aplica en Países Bajos desde el inicio de la pandemia. LA medida es acompañada por el cierre de escuelas, el uso obligatorio de la mascarilla en espacios cerrados y prohibiciones de viaje. Más de una docena de ciudadades quedaron seriamente afectadas por el vandalismo ocasionado, en su mayoría, por jóvenes.

El primer ministro, Mark Rutte, tildó los hechos de "violencia criminal".

"Lo que hemos visto no tiene nada que ver con la lucha por la libertad. No tomamos todas estas medidas por diversión. Lo hacemos porque estamos luchando contra el virus, es el virus el que nos quita la libertad en este momento. Por culpa del virus tenemos que tomar estas horribles medidas, como el cierre de las escuelas, el toque de queda, el hecho de no poder visitarnos tanto como quisiéramos y el distanciamiento social", enfatizó, advirtiendo de que el confinamiento seguirá vigente al menos hasta el 9 de febrero.

En Ámsterdam, donde se declaró situación de emergencia municipal, los destrozos en el espacio público siguen visibles y al menos 217 personas fueron arrestadas tras horas de choques, incluidos siete menores, en una convocatoria a la que acudieron más de 1.500 participantes.

Al menos diez municipios tuvieron que hacer frente a un escenario similar. En La Haya, donde hubo al menos 18 arrestos, un agente tuvo que huir en su moto por las amenazas, y en la ciudad de Enschede han arrojado piedras contra un hospital y trataron de romper ventanas para acceder al edificio. “No son protestas; son los gamberros del coronavirus”, dijo Hubert Bruls, presidente de las juntas de seguridad regionales.

El Gobierno no se había atrevido a restringir la movilidad hasta ahora. El país no ha realizado si quiera un confinamiento total como sus vecinos. Pero el rápido aumento de los contagios obliga a los neerlandeses a enfrentar medidas más estrictas a semanas de las elecciones legilativas.