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La defensa de Alemania por el gasoducto ruso North Stream II que divide a Europa

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A man works at the construction site of the Nord Stream 2 gas pipeline in Lubmin, northeastern Germany
A man works at the construction site of the Nord Stream 2 gas pipeline in Lubmin, northeastern Germany   -   Derechos de autor  TOBIAS SCHWARZ/AFP
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Las últimas detenciones masivas por parte del Gobierno ruso han llevado a los políticos europeos a exigir sanciones contra Rusia. La semana pasada, el Parlamento Europeo votó a favor de una resolución no vinculante que paralice la construcción del controvertido gasoducto Nord Stream 2 que transportará gas ruso hasta Alemania a través del mar Báltico.

El objetivo es castigar a Moscú donde más le duele, pero los expertos dicen que no surtirá efecto.

"Por el momento, cualquier retraso en la construcción del Nord Stream 2 no afectará a largo plazo. Sufriría demoras si se sancionase hoy mismo, pero se finalizaría de todas formas y las consecuencias no serían tan graves, sobre todo ahora con el covid, donde hemos visto una reducción de la demanda de gas. Y por supuesto si Nord Stream no ofreciera lo esperado, tenemos otras alternativas para llevar el gas necesario a la Unión Europea", señala Jean-Arnold Vinois, del think tank Instituto Jacques Delors.

El gasoducto está casi terminado, pero su construcción ha suscitado numerosas críticas y ha dividido a la Unión Europea. Quienes se oponen consideran que el gasoducto es una maniobra de Rusia para eludir a los países de tránsito tradicionales como Ucrania o Polonia pero Angela Merkel no está de acuerdo. Berlín no deja de señalar los beneficios económicos para toda Europa al contar con gas barato, aunque sea ruso.

"Los alemanes se encuentran en un extraño estado que ni los europeos ni los estadounidenses entienden. Afirman que se trata de un proyecto puramente comercial y que Alemania tiene derecho a realizarlo. Se salta la legislación europea, porque efectivamente han encontrado un resquicio legal para construirlo y quieren seguir adelante con él", afirma Gustav Gressel, Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Las voces más críticas afirman que Alemania no piensa en temas de seguridad: Europa pasaría a depender del gas ruso, lo que permitiría a Moscú ejercer una fuerza potencial sobre sus vecinos occidentales. Un argumento sostenido desde hace tiempo por Washington. Pero para los defensores alemanes del proyecto, suena lejano y deshonesto.

"Si abandonamos la energía nuclear y el carbón al mismo tiempo, necesitamos el gas natural como puente vulnerable hacia la era del hidrógeno. Visto así, el fin de Nord Stream es el comienzo del gas licuado estadounidense. Es mucho más caro y contaminante, pero es un negocio para Estados Unidos. Así que para Estados Unidos, ya sea Trump o Biden, Nord Stream no tiene que ver con los intereses de seguridad, sino con su propio negocio de fracking o fracturación hidráulica a costa del medio ambiente", explica el eurodiputado alemán del Partido Popular Europeo Markus Pieper.

El gasoducto Nord Stream II sigue siendo controvertido porque no toda Europa no parece estar preparada a aceptar que comerciar con Rusia energéticamente puede tener un doble precio.