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La persona más mayor de Europa, una monja francesa de 116 años, supera la COVID-19

Por euronews con AP
La hermana Andre, Lucille Randon en el registro de nacimiento, habla con los periodistas durante un evento para celebrar su 116º cumpleaños en Toulon, sur de Francia en 2020
La hermana Andre, Lucille Randon en el registro de nacimiento, habla con los periodistas durante un evento para celebrar su 116º cumpleaños en Toulon, sur de Francia en 2020   -   Derechos de autor  GERARD JULIEN/AFP or licensors
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Una monja francesa de 116 años, considerada la persona con más edad de Europa, ha sobrevivido a la COVID-19 y está deseando celebrar su 117º cumpleaños el jueves.

El Grupo de Investigación Gerontológica, que valida los datos de las personas que se cree que tienen 110 años o más, incluye a la francesa Lucile Randon -nombre de nacimiento de la hermana André- como la segunda persona viva más anciana del mundo. En la imagen la vemos celebrando su 116º cumpleaños el 11 de febrero rodeada de periodistas.

Los medios de comunicación franceses informaron de que la monja dio positivo en las pruebas del coronavirus a mediados de enero en la ciudad de Toulon, al sur de Francia. Pero apenas tres semanas después, se la considera recuperada.

"Ni siquiera me di cuenta de que lo tenía", declaró al periódico francés Var-Matin.

La hermana André, que es ciega y utiliza una silla de ruedas, no pareció preocupada cuando recibió el diagnóstico.

"No me preguntó por su salud, sino por sus hábitos", explicó al periódico David Tavella, responsable de comunicación de la residencia donde vive la monja.

"Por ejemplo, quería saber si los horarios de las comidas o la hora de acostarse iban a cambiar. No mostraba ningún miedo a la enfermedad. En cambio, estaba muy preocupada por los demás residentes".

Pero no todos los residentes del asilo de ancianos tuvieron la misma suerte con el virus que la hermana André. El pasado enero, 81 de los 88 residentes dieron positivo en las pruebas del virus, y unos 10 de ellos murieron, según Var-Matin.

Una vez que los médicos confirmaron que la monja ya no estaba infectada, se le ha permitido volver a asistir a misa.