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Una persona sin techo en la calle fumando un cigarrillo en Budapest, Hungría.
Una persona sin techo en la calle fumando un cigarrillo en Budapest, Hungría.   -   Derechos de autor  Foto de Mihály Köles en Unsplash

La digitalización y fallas perennes del sistema sanitario expone a los más vulnerables de Europa

La pandemia ha puesto a prueba a los sistemas sanitarios europeos: algunos se han hundido, otros se han adaptado tras haber sorteado un sin número de dificultades. Pero no todo el mundo sintió los efectos de la COVID-19 en cuanto al acceso al acceso a las instituciones, los servicios y los recursos sanitarios de la misma manera. Los pobres y más vulnerables de la sociedad se vieron mucho más afectados que el resto de los ciudadanos de la región.

Las citas médicas y revisiones rutinarias se cancelaron o se retrasaron lo más posible, y los chequeos de rutina pasaron a ocupar el último lugar en la lista de prioridades de muchas personas.

Aquellos que ya estaban lidiando con dificultades financieras vieron cómo su situación se acentuaba y, en algunos casos, se agravaba, mientras que otros se vieron sumidos en la pobreza al tener que pasar el cerrojo a sus negocios de un día para otro debido a los cierres y restricciones.

El verdadero coste de la pandemia

Las personas con menos ingresos de todo el mundo han sufrido la pandemia, en muchos casos de forma desproporcionada por una serie de razones, entre ellas, el hecho de poseer trabajos poco remunerados y estar en constante exposición al público para su desenvolvimiento, como es el caso de los cajeros de supermercados.

En los tres primeros meses de la pandemia en Europa (del 1 de marzo al 30 de junio de 2020), unas 170.000 personas que no eran previamente beneficiarias de la Cruz Roja española solicitaron ayuda a la organización.

Esta tendencia pudo observarse en toda Europa, según Graciela Malgesini, responsable de la promoción de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN).

Hubo "una gran oleada de personas que pidieron ayuda por primera vez" cuando estalló la pandemia, dijo, pero esto fue sólo "la punta del iceberg porque, por supuesto, mucha gente no pudo actuar al principio".

"Se preguntaban qué podían hacer y decían que el problema era que todo estaba cerrado, la información no estaba ahí", añadió.

Según Malgesini, los perfiles más propensos a la pobreza son los autónomos, los ancianos, los discapacitados, los estudiantes, las mujeres en diversas posiciones de precariedad o con personas a cargo, así como los inmigrantes y los gitanos.

Aunque en muchos países se ofrecen ayudas económicas, los sistemas nacionales exigen que los beneficiarios entiendan cómo funciona la seguridad social del país y sepan leer, escribir y, en algunos casos, hablar el idioma, lo que a menudo excluye a algunos de los más vulnerables.

Además, las prestaciones sociales se basaban en muchos casos en los ingresos de años anteriores, lo que deja atrás a las personas que habían caído en la pobreza a causa de la pandemia.

Los trabajadores de primera línea que no son sanitarios, como los limpiadores, se veían gravemente afectados si se contagiaban de coronavirus en algunos países, como Italia y España, ya que no podían reclamar la enfermedad como accidente laboral en su seguro médico, precisó la experta.

La gente no trabajaba, pero los gastos médicos seguían existiendo, había que pagarlos, y los hospitales estaban prácticamente cerrados para quien no tuviera coronavirus.
Noellie Denomerenge
Trabajadora de la Red Belga de Lucha Contra la Pobreza (BAPN) en la región de Valona.

"La gente se encontró realmente en situaciones difíciles", tanto los que ya tenían problemas económicos como los que experimentaban la pobreza por primera vez, explica Noellie Denomerenge, trabajadora social de la Red Belga de Lucha Contra la Pobreza de la región de Valona.

"Muchas personas se encontraron con una auténtica caída de ingresos, a menudo los más vulnerables, e incluso una pequeña reducción del dinero que entra puede marcar la diferencia. La gente dejó de lado la atención sanitaria".

"Rápidamente nos dimos cuenta de la realidad de la situación sobre el terreno cuando se introdujo el cierre" en Bélgica, dijo. "La gente no trabajaba, pero los honorarios médicos seguían estando ahí, había que pagarlos, y los hospitales estaban prácticamente cerrados para cualquiera que no tuviera COVID".

Entre los casos que más impactaron a Denomerenge estaba el de una mujer que padecía una enfermedad, diagnosticada antes de la pandemia, que atacaba su carne.

Su enfermedad requería ser tratada por personal médico especializado "con mucha regularidad", pero no se la consideró prioritaria para recibir atención sanitaria de urgencia cuando estalló la COVID-19, relató la trabajadora.

"Ya no tenía dedos, sólo muñones, sus encías estaban retrocediendo... no tenía ni idea de cómo ir a recibir tratamiento. Tenía mucho dolor, no podía salir de casa porque el dolor la tenía paralizada. Como no pudo seguir el tratamiento adecuadamente, su situación es ahora mucho más complicada".

AP / Michel Spingler
Agricultores distribuyen patatas y leche gratis a estudiantes afectados por la pobreza en Lille, norte de Francia, el 24 de marzo de 2021.AP / Michel Spingler

Denomerenge dijo que este era también el caso de las personas que tenían lesiones en las piernas o de las personas mayores que no podían funcionar sin asistencia o citas médicas regulares observó cómo empeoraban durante el cierre porque sus condiciones no se consideraban lo suficientemente urgentes.

Los estudiantes belgas también se vieron muy afectados y, según ella, sus colegas en Francia informaron del mismo problema. Los estudiantes de educación superior que vivían fuera del nucleo familiar no salían a buscar medicinas para tratar sus enfermedades, lo que creaba un "efecto bola de nieve" que les impedía estudiar en algunos casos.

"Tenemos un sistema estatal aquí en Bélgica, financiado por el seguro médico obligatorio que funciona bastante bien para algunas personas, pero sólo si estás registrado en el sistema", dijo la asistente social.

"Los inmigrantes indocumentados, las personas sin hogar, no siempre van al hospital, ni siquiera para recibir tratamiento de urgencia o simplemente no se les permite - la asistencia hospitalaria no estuvo disponible para ellos durante meses el año pasado-. Y a veces la vida hace que no puedan volver al día siguiente para una revisión o para recoger la medicación".

La pobreza también es un problema de salud

La pobreza era un problema en la UE incluso antes de la crisis de la pandemia con una de cada cinco personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Pero la pandemia no ha hecho más que aumentar las desigualdades sociales, según un informe que Malgesini redactó para la EAPN.

La inseguridad alimentaria y el aumento de la brecha digital son sólo dos de los problemas que unían la pobreza a la atención sanitaria antes de que comenzara la pandemia y que se han agravado desde que los contagios estallaron en Europa.

"Por un lado, vemos a la presidenta de la Comisión Europea [Ursula von der Leyen] hablar precisamente de la necesidad de digitalizar Europa, pero, por otro lado, vemos la realidad de las personas que se ven absolutamente afectadas por la brecha digital: no sólo los pobres y los ancianos, sino también los jóvenes que no pueden utilizar la tecnología o no tienen acceso a ella", dijo Malgesini.

Añadió que la pandemia ha exigido a las empresas y a los particulares un mayor conocimiento de la tecnología, pero al digitalizar los servicios sanitarios, como las citas con el médico de cabecera, los que no pueden acceder a la tecnología o no saben utilizarla, como los ancianos o las personas sin hogar, quedan aún más aislados o abandonados.

La inseguridad alimentaria no es sólo un problema social, sino también de salud, según Malgesini.

"Si eres pobre y no consumes la cantidad y calidad adecuada de nutrientes en tus alimentos, tu cuerpo se debilita y eres más propenso a enfermar", explicó.

En la época de la COVID-19, esto era un problema sobre todo para quienes ya estaban aislados. Se autoaislaban a causa de las infecciones, eran discapacitados y se encontraban en situación de pobreza.

Según la experta de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, "este era un problema enorme en casi todo el continente".

Italia vio un aumento del 50% en las personas que utilizaron los bancos de alimentos durante los primeros seis meses de 2020, en comparación con el mismo período de 2019.

AP / Frank Augstein
Un médico administra una dosis de la vacuna COVID a una persona sin hogar en el Welcome Centre de Ilford, al este de Londres, el 5 de febrero de 2021.AP / Frank Augstein
Mi hija de 17 años, que tiene espina bífida, no ha podido recibir el tratamiento que necesita desde hace un año.

Encarna Moreno, de Mula (Murcia), tiene una hija de 17 años, Noelia, con espina bífida, un defecto de nacimiento que se produce cuando la columna vertebral y la médula espinal no se forman correctamente.

Desde el confinamiento de marzo del año pasado, Noelia ha tenido que dejar de hacer deporte, no ha acudido a las citas médicas para las revisiones y hace sus ejercicios de rehabilitación por videollamada, lo que no es comparable a hacerlos en persona, ha dicho su madre a Euronews.

"El impacto del coronavirus en la economía y la pérdida de puestos de trabajo es muy grave, pero también lo es para las personas con problemas físicos, y de esto no se ha hablado", dijo Encarna.

"Lleva un año sin poder recibir el tratamiento que necesita".

Encarna no sabe con certeza si esto ha afectado a la salud de su hija, dado que no se ha sometido a una revisión durante más de un año y medio, pero sospecha que ha tenido un impacto severo, ya que, según ella, sus dolores de espalda han empeorado.

Noelia solía pasar una revisión cada seis meses en el hospital de parapléjicos de Toledo, el más especializado de España en el tratamiento integral de las lesiones medulares.

Allí le hacían un examen completo que incluía una revisión de la vejiga y los riñones, que son importantes para las personas con su enfermedad, explica Encarna.

Debido a la pandemia de coronavirus, su última visita al centro fue en enero de 2020, y sus revisiones se retrasaron repetidamente.

La natación solía ayudar mucho a Noelia con su enfermedad, pero las piscinas estaban cerradas hasta hace poco.

"Los deportes en tierra firme son demasiado extenuantes, ella no puede hacer pesas, por ejemplo, así que la natación es lo que mejor se adapta. El único deporte que se adapta a ella", dice Encarna sobre su hija.

"Han abierto bares, locales de ocio, pero las piscinas siguen cerradas. Me parece un entorno bastante seguro: entras de una en una y hay cloro por todas partes".

Encarna espera que la situación relativa al cuidado de la salud de su hija vuelva a la normalidad, con la piscina local abierta y una cita médica reservada para este verano, pero dice que los momentos difíciles a los que se enfrentaron durante la pandemia y lo poco que se ha hablado de ella nunca la abandonarán.

Efectos positivos de COVID

Aunque nunca podremos recuperar a los millones de personas que han perdido la vida durante la pandemia, esta ha provocado algunos cambios positivos para las personas vulnerables que intentan acceder a la atención sanitaria, dijo Malgesini.

Esto incluye llamar la atención sobre las deficiencias en los servicios. "Se ha producido una cierta concienciación, así como una reflexión positiva sobre las carencias y el impacto de la pandemia en los grupos desfavorecidos por parte de los gobiernos con la ayuda de la UE", explicó.

Durante la segunda parte de 2020 se analizaron los sistemas sanitarios del bloque comunitario y se detectaron problemas en los presupuestos en cuanto a la insuficiente inversión en asistencia sanitaria, la presión adicional sobre los sistemas sanitarios, la remuneración del personal y la escasez de trabajadores sanitarios o el déficit de competencias.

"Muchos países mostraron una coordinación e integración limitadas de la atención y que la atención social y sanitaria están desconectadas. Esto es algo que hay que solucionar", dijo Malgesini.

A pesar de ello, la crisis sanitaria ha provocado, como norma general en toda Europa, un aumento de la vulnerabilidad social, un descenso del bienestar, un aumento del sentimiento de soledad y problemas de salud mental, añadió.

"La idea de que nadie está a salvo hasta que todo el mundo está a salvo es una idea muy poderosa que todos deberíamos recordar", añadió la experta.

"La pobreza no sólo es injusta, sino que tampoco es ética y está haciendo que las sociedades sean débiles frente a los choques epidémicos y las crisis", como ha demostrado la pandemia del coronavirus.

Del 29 de marzo al 2 de abril es la #HealthcareWeek en Euronews. Se trata de una semana de cobertura especial centrada en las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19 y en las tendencias que van a marcar la asistencia sanitaria en Europa en los próximos años.

Fuentes adicionales • Adaptado al español por Blanca Castro