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La pandemia agudiza los trastornos mentales en jóvenes

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Chica con un trastorno alimenticio en un centro hospitalario.
Chica con un trastorno alimenticio en un centro hospitalario.   -   Derechos de autor  JOEL SAGET/AFP
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La situación de los hospitales no deja lugar a dudas. Las restricciones vinculadas a la pandemia han hecho que los servicios psiquiátricos para adolescentes estén sobrecargados. En Francia, las hospitalizaciones en salud mental de menores de 15 años han aumentado un 80%. La situación es la misma en Bélgica. En el hospital Erasmus de Bruselas, las demandas de consulta se han triplicado desde septiembre. La lista de espera se mantiene en unas treinta personas que pueden esperar hasta tres meses para una cita.

Los principales problemas están relacionados con la ansiedad y la desorientación, pero hay patologías más graves. “El segundo grupo incluye problemas de trastornos alimenticios de tipo anoréxico. Hay jóvenes que han perdido 20 kg y sus padres no se habían dado cuenta. El tercer grupo esta relacionado con las grandes depresiones o incluso la psicosis__, con sensaciones de persecución y paranoias presentes", ha detallado la profesora Maria Delhaye, psiquiatra infantil y jefa del departamento de niños y jóvenes del Hospital Erasmus.

Para poder atender a los enfermos, el hospital ha modificado su forma de trabajar. Las hospitalizaciones son más breves pero más intensas.Arthur tiene 17 años. Hace dos años que está en seguimiento por trastorno de atención pero el confinamiento ha hecho que abandone la escuela. Ir a clase le resulta insoportable. "Cuando la alarma suena la pongo en 10 minutos, 10 minutos después la vuelvo a poner y al final no me despierto. Levantarse es más complicado, ir allí, estar allí y pensar que todavía tendré que estar aquí 3 horas y tengo que estar así en mi silla y esperar al final. Porque al final eso es lo que hago. Cuando estoy en el colegio, espero que terminen las clases para poder hacer lo que quiero. Así que solo necesito que alguien me diga: vamos, vamos a saltarnos las clases, y sí, me las salto porque no tengo ganas de ir a clase", explica Arthur Kestelnoot.

La situación y las dificultades a las que se enfrenta también influyen en su estado de ánimo. "No encuentro la motivación para hacer todo lo que acostumbraba a hacer.Y esto afecta, claramente, mi estado de ánimo porque se nota cuando no me apetece hacer algo. Y cuando estoy de mal humor, estoy más irritable, eso es todo", asegura Arthur.

Arthur cree que puede recuperarse. Pero los servicios de salud también están preocupados por el momento en el que acabe la pandemia. Los mismos jóvenes que hoy sufren el confinamiento sufrirán las consecuencias psicológicas y económicas de esta crisis, con el riesgo de que desarrollen otros trastornos en el futuro.