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La COVID-19 cambia por segundo año los planes y tradiciones de los europeos

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La COVID-19 cambia por segundo año los planes y tradiciones de los europeos
Derechos de autor  Francois Mori/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved
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París se vacía en este fin de semana de Pascua, mientras todavía se permiten los desplazamientos entre regiones, antes de su prohibición el próximo lunes.

Muchos fieles católicos residentes en la capital francesa celebraron el Viernes Santo en la basílica del Sacré Coeur. El Gobierno ha permitido las celebraciones religiosas, que el año pasado se vieron reducidas drásticamente debido a la pandemia.

Al igual que en Francia, en Lituania hubo grandes atascos en las salidas de las principales ciudades este viernes. La policía intensificó los controles para hacer cumplir las restricciones de movimiento, para evitar reuniones familiares como el año pasado.

En la ciudad alemana de Múnich, los cristianos que celebraron el Viernes Santo, tuvieron que completar primero un formulario. Las iglesias pudieron acoger a un número limitado de fieles; otros se conformaron con las misas digitales.

Y la República Checa no ha querido abandonar una vieja tradición de Pascua, pese a las estrictas restricciones. Una procesión con tambores y traqueteo de carros para llamar a la gente a la oración. Los participantes usaron mascarillas y mantuvieron el distanciamiento social.

"Para mí es una bonita experiencia. Es una especie de descanso después de todo el año en el que puedo pararme y preguntarme qué pasó el año anterior y qué vendrá después", cuenta Roman Urban, participante del traqueteo de Pascua.

Y España, donde la Semana Santa es una de las festividades más importantes del calendario, se ha quedado sin procesiones por segundo año consecutivo. Eso sí, no han faltado los tambores, aunque este año sin desfilar por las calles.

Sea como sea, Calanda no ha renunciado a su Rompida de la Hora.