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¡Quítate de la corriente!: ¿Qué es el letal "golpe de aire" que atemoriza a los italianos?

Cubrirse el cuello para "no coger frío".
Cubrirse el cuello para "no coger frío".   -   Derechos de autor  Markus Schreiber/AP
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Hace diez años, cuando aún no circulaban por el mundo variantes de la COVID-19 y todos eramos un poco más libres e inocentes, la BBC publicó uno de los artículos que más cejas ha levantado entre los italianos: Cómo evitar ser "golpeado por el aire" en Italia. Hablaba de uno de los males que siempre ha aquejado a esta problación del sur de Europa: el fatídico golpe de aire.

El autor del artículo argumentaba una interesante teoría: los italianos padecen una mayor variedad de enfermedades que los británicos porque parecen tener un conocimiento "excepcional" de su propia anatomía.

"Si no puedes nombrarlo, no puedes sufrirlo. Si no sabes dónde está, no puede hacerte daño".

Los italianos, por ejemplo, saben lo que es el dolor cervical. Algo que no se da por descontado, confirma una colega española que lleva años conviviendo con un italiano. Antes de conocerlo, "para mí desde el pecho hasta las piernas era todo 'dolor de barriga'. Ahora he descubierto el bazo, el hígado y el intestino. Sabía de la existencia de estas partes anatómicas, pero no que pudieran doler de una manera única y reconocible".

Dar un pequeño paseo en coche por el norte de Inglaterra en invierno respalda la teoría del soplo de aire del artículo de la BBC. ¿Cómo pueden salir todos esos intrépidos chicos y chicas tan desprovistos de ropa en medio de la gélida noche sin miedo?

Por no hablar de la definición de fiebre que también varía según el país europeo. Decir que se tiene fiebre con una temperatura de 37,5 °C, por ejemplo, no provoca más que burlas y escarnio por parte de alemanes, franceses o húngaros.

Los hipocondríacos que lean este artículo se sentirán decepcionados al descubrir que quizá los británicos tengan realmente razón, y que el frío no enferma.

La infame corriente de aire, de hecho, no puede hacer nada si no contiene virus o bacterias. Son estos microorganismos los que nos hacen enfermar, los que nos hacen coger resfriados, gripes... o cosas peores.

Puede parecer una paradoja, pero el hecho de que enfermemos más en invierno se debe a que "nos quedamos en casa" -como hemos aprendido en esta pandemia-, compartiendo el mismo espacio con tantas otras personas portadoras de patógenos.

Pero los italianos no están solos en esta creencia y como dice el famoso dicho: mal de muchos, consuelo de tontos.

Dmitry Lovetsky/AP
Una mujer rusa en traje de baño a -19°C en San Petersburgo, Rusia, en 2012.Dmitry Lovetsky/AP

"Aprendemos a temerlo desde que nacemos"

Hay una cosa que aterroriza a las abuelas de Serbia y Bosnia y Herzegovina. Se llama "promaja", y se define en el Urban Dictionary como "una fuerza mística de la naturaleza responsable de las enfermedades y muertes de millones de personas en los Balcanes a lo largo de la historia".

Promaja es el término utilizado para definir la corriente de aire generada por la apertura simultánea de dos ventanas en la misma casa, o en partes opuestas de la misma habitación.

En Sarajevo y sus alrededores, cuando la gente habla de promaja, lo asocia con el término "matar".

"Aprendemos a temerlo desde que nacemos", dice Marija, originaria de Belgrado. "Cuando te llega la promaja con el pelo mojado, puedes darte por muerto. Cuando eres pequeño, eres escéptico. Pero un día te das cuenta de que te duele la cabeza, el cuello, te molesta un poco la nariz, y poco a poco empiezas a tener miedo a la promaja... hasta que eres tú quien avisa a los demás de que cierren las ventanas".

También en Grecia, las ventanas deben cerrarse inmediatamente para evitar cualquier tipo de corriente (ρεύμα, rév̱ma), dice Efthimia Smixioti a Euronews.

En ruso, existe la expresión "proskvozilo" -de la palabra skvozniak (corriente)- que significa ser golpeado por una ráfaga de aire. Provoca malestar y dolor.

Básicamente se trata de la misma "enfermedad" provocada por la promaja, aunque hay que señalar que los rusos son un pueblo muy supersticioso, si es cierto que gestos normales como silbar en casa o sentarse en el suelo se consideran presagios de mala suerte.

"En Europa del Este somos mucho más vulnerables, en cierto modo, al frío. Ya nos vestimos con cinco capas de abrigo en septiembre y nos las quitamos a mediados de abril", dice una colega ucraniana. "Todo esto de andar en camiseta cuando hay 15°C, como hacen en Holanda, sería impensable para mí".

En Francia, las generaciones mayores parecen tener la misma fobia itálica al "courant d'air", pero muchos piensan que el origen de todos los males se debe al aire acondicionado.

El restriado o el frío como una causa de enfermedad ha sido reconocido desde los albores de la medicina occidental, escribe un experto médico en The Conversation.

En el siglo XVI, "resfriado común" significaba lo mismo que hoy; en la medicina tradicional china, el resfriado se percibe como un estado de desequilibrio entre el yin y el yang. El yin representa las fuerzas de enfriamiento más oscuras, mientras que el yang representa las fuerzas más ligeras y cálidas. Según este paradigma, un resfriado sería causado por la inhalación de viento frío (un qi yin).

En kanji, los caracteres chinos utilizados en la escritura japonesa, kaze 風 (viento) se utiliza en combinación 風邪 para definir el frío (literalmente: "viento malo").

En el País del Sol Naciente, el lenguaje refleja el concepto de que la sensación de frío no es más que un estado mental subjetivo, y nunca se puede saber si otra persona tiene realmente frío o parece estar muriéndose de frío, cuando en realidad "por dentro" siente calor.

Si los angloparlantes están más preocupados por el llamado brain freeze, o esa especie de congelación inexplicable del cerebro que de vez en cuando nos sobreviene cuando comemos helado, en Filipinas existe algo llamado "ihip ng hangin", traducido literalmente como: ráfaga de viento.

"Mi madre siempre dice que no haga muecas porque, si alguna vez el viento sopla en sentido contrario, acabaré con la cara paralizada por esa mueca", dice una colega de origen filipino.

En España, los enfermos de parálisis de Bell, la forma más común de parálisis facial periférica, suelen decir "¡me ha dado un aire!".

"...te vas a resfriar" o "vas a coger frío" son otras dos expresiones muy utilizadas en este país.

Sin embargo, incluso en la Península Ibérica empieza a haber herejes. De hecho, hay quienes empiezan a dudar a los que piensan "que el frío penetra por los pies, o por una corriente de aire, o que se debe a no llevar bufanda".

Después de un año de pandemia, quizá nos estemos dando cuenta de que el consejo de lavarse las manos a menudo puede salvar muchas más vidas que la advertencia: "aléjate de la corriente de aire", pronunciada -no hace falta decirlo- con la máxima gravedad.