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Tras el éxodo hondureño | La pandemia, el desempleo, la violencia y el clima asfixian a la población

Por Lucia Riera Bosqued con AFP, AP
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Migrantes caminan por las vías del tren en Palenque, estado de Chiapas, México, el miércoles 10 de febrero de 2021
Migrantes caminan por las vías del tren en Palenque, estado de Chiapas, México, el miércoles 10 de febrero de 2021   -   Derechos de autor  Isabel Mateos/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved
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Los albergues no dan a basto en la frontera mexicana. Varias caravanas migratorias han llegado desde Centroamérica en diciembre, enero y marzo, pero el éxodo de hondureños va mucho más allá.

"En 2020 atendimos alrededor de 6.500 personas. En tres meses llevamos casi la mitad. Entonces, sí, sí hay un incremento muy muy importante", asegura Sergio Luna, jefe del albergue para migrantes en Tlaxcala.

Cada vez son más las familias con niños que se agolpan en la frontera con Estados Unidos. El mes pasado la Oficina de Aduanas contabilizó 41.000 personas, doce mil más que en marzo de 2019. Y el número de menores no acompañados se ha duplicado en un mes.

Erick Galeas, migrante hondureño de 25 años, lamenta: "Ahora en este país o se meten en pandillas o se convierten en delincuentes que van por ahí robando y haciendo daño a la gente. No me gustaría que mi hijo acabara así".

En El Triunfo, en el sur de Honduras, la época de vacas flacas no es una metáfora, y tampoco es pasajera.

La pandemia y la destrucción originada por los huracanes Eta e Iota que azotaron la región en noviembre han sido la gota que ha colmado el vaso de una población diezmada por la pobreza, la violencia generalizada y la corrupción. Muchos han perdido su empleo y también la esperanza.

"La comida es muy cara. Queremos darle todo a la madre. Pero con la falta de trabajo aquí, todos los hondureños quieren emigrar por la falta de trabajo", cuenta Stefany Barahona, migrante de la ciudad de Villanueva.

Como esta joven, cientos de miles de personas cruzan ilegalmente los 3.200 km de frontera entre México y Estados Unidos, un negocio muy lucrativo para las mafias que, según Naciones Unidas, en 2018 obtuvieron 4.200 millones de dólares explotando la desesperación.