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Chile no baja la guardia ante la COVID-19

Por Escarlata Sánchez
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Centro de urgencia de Ñuñoa, en Santiago de Chile
Centro de urgencia de Ñuñoa, en Santiago de Chile   -   Derechos de autor  AP Photo
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Con más de la mitad de la población vacunada, en Chile, paradójicamente la COVID-19 sigue disparada. La OMS alerta de que las vacunas no son la panacea, como se ha comprobado en el caso chileno tras un prematuro levantamiento de las restricciones. En el Centro de urgencia de Ñuñoa, en Santiago de Chile, tratan de decongestionar los hospitales públicos con las llamadas "unidades de observación prolongada" una estrategia de refuerzo para aliviar la tensión de las UCI.

"El objetivo principal que tienen estas unidades de observación prolongada (UPO) es que podamos tratar precozmente a las personas que tienen neumonía por COVID-19 y que están con insuficiencia respiratoria", explica Adriana Tapia, Jefa de Atención Primaria del Centro de Urgencia de Ñuñoa.

Con unos 200 nuevos pacientes críticos díarios y la ocupación de las UCI al borde del colapso, las unidades de oxigenoterapia precoz, para muchos han sido la salvación.

"Si hemos podido resolver el 60% de los pacientes, sin duda que hemos podido descongestionar los hospitales, pero quiero decir que lo más relevante, además de descongestionar los hospitales es que iniciamos una terapia, una oxigeno terapia de manera precoz.", asegura la doctora Tapia.

La OMS recuerda la creciente transmisión de nuevas cepas cada vez más contagiosas, por lo que a pesar de las vacunas, no se puede baja la guardia, dejar de usar mascarilla o mantener la distancia social.