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Un médico ruso abre puertas y paga en los comercios con sus chips implantados en las manos

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Por Blanca Castro con AP
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Un médico ruso abre puertas y paga en los comercios con sus chips implantados en las manos
Derechos de autor  AP (video frame)
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Alekandr Volchek, residente de la ciudad Novosibirsk, no necesita una tarjeta para abrir las puertas del hospital en el que trabaja, levanta la mano hacia el lector y eso es suficiente ya que tiene microchips implantados en el interior de su cuerpo que funcionan como llave electrónica.

Volchek trabaja como ginecobstetra en un hospital regional, pero se ha hecho famoso en toda Rusia por esta tecnología. Una radiografía revela la ubicación de los chips.

"Tengo cinco chips en mis manos. Tres aquí, uno en el dedo medio de la mano derecha y otro aquí. El pase de trabajo, el principal que se utiliza, está en el dedo medio, es práctico utilizarlo. Los datos de la tarjeta de crédito se guardan en la muñeca izquierda, en la derecha hay un chip para experimentar con los sistemas de transporte", detalla Volchek.

Se introduce bajo la piel con un inyector y se puede retirar fácilmente si se desea. A Volchek le implantaron su primer chip en 2014. Hoy en día, puede cambiar de trabajo y adaptar su chip a sus nuevas necesidades. Además, lejos de considerarlos como una tecnología sospechosa e intrusiva, celebra su practicidad.

Por su parte, el informático, ingeniero y radiólogo, Sergey Drozdov, ha probado la tecnología en él mismo y dice que no interfieren con ninguna exploración médica, como las resonancias magnéticas, los rayos X o las tomografías. Sin embargo, cree que la tecnología aún tiene áreas de aplicación muy limitadas. Aún no ha alcanzado el nivel de miniaturización y de consumo de energía ideal para ser utilizados en la práctica general.

Además, los chips no cuentan con aplicaciones médicas adaptadas, como por ejemplo un glucómetro para medir los niveles de azúcar en sangre.

Tanto Volchek como Drozdov creen que los microchips implantados seguirán siendo un nicho de interés para los aficionados y no se convertirán en una práctica generalizada.

No todo el mundo quiere convertirse en mitad hombre, mitad máquina.