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Danny Trejo, de la cárcel a Hollywood: "Todo el mundo piensa que soy un hombre malo pero no lo soy"

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Por Marta Rodriguez Martinez  & Pablo Ramiro
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El actor Danny Trejo durante su entrevista para Euronews.
El actor Danny Trejo durante su entrevista para Euronews.   -   Derechos de autor  Euronews
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El actor Danny Trejo se presenta acariciando un pequeño chihuahua. En pantalla, no suele mostrar su lado más tierno. La mayoría de las veces ha interpretado al "hombre malo" de la película. Un rol para que le preparó su intensa vida anterior a Hollywood. "De exconvicto a ícono", así define su increíble recorrido el director que le convirtió en protagonista por primera vez con Machete, Robert Rodríguez.

Antes de ser una estrella de Hollywood, Trejo (Los Ángeles, 1944) era, en la vida real, "el mexicano con quien no se chingaba", asegura el actor en el prólogo del libro en el que relata su inusual recorrido vital, "Mi vida de crimen, redención y Hollywood" (Ediciones Camelot, en español).

El primer capítulo nos lleva hasta 1968 a una celda de la Prisión Estatal de Soledad, en California, con un Trejo hasta arriba de heroína, barbitúricos y alcohol y envuelto en el trapicheo de la cárcel donde traficaba desde con drogas hasta con ropa interior femenina.

Fueron 11 años en prisión, explica en una entrevista con Euronews. Un lugar en el que acabó, según admite, "por las drogas", una adicción que hizo estragos en su vida desde una edad muy joven. "Solía pelear todo el tiempo. Empecé a consumir drogas a una edad muy temprana. Y entonces empecé a cometer delitos y fui a la cárcel muchas veces", rememora.

"Siempre pensé que moriría en la prisión", confiesa en la primera página de sus memorias. Sin embargo, los años en la cárcel constituyen solo la primera parte de su historia, la que le ha servido para construir sus personajes en la gran pantalla.

Trejo lo define como una especie de escuela de actuación que le diferencia de sus compañeros de rodaje: "soy el asesor técnico, muestro a la gente cómo ser un preso o cómo hacer un robo o cómo dar una paliza a alguien". Un bagaje muy valorado por los directores que han trabajado con él.

"De exconvicto a ícono"

Sobre cómo pudo dar un cambio tan radical a su vida, Trejo apunta a dos momentos. Uno en el que dice haber recibido ayuda espiritual y otro más terrenal.

En el primero, dice que se encontraba atrapado en una pelea en la cárcel 1968. "Solo le pedí a Diosito que me dejara morir con dignidad". Y como sobrevivió prometió dedicar su vida a trabajar por él. "Trabajamos con personas que consumen drogas. Alimentamos a los sin techo. Ya sabes, hacemos todo lo que podemos".

Trejo no solo cree en las segundas oportunidades porque la suya haya sido meteórica, sino porque afirma haberla visto en muchas otras personas a las que ayuda desde entonces. "Todo lo bueno que me ha sucedido ha ocurrido como resultado directo de ayudar a otra persona", asegura.

El segundo momento que marcó su existencia llegó de la mano del escritor Edward Bunker, al que conoció en prisión, y que le ofreció ser extra en una película para formar al actor Eric Roberts en boxeo. Un trabajo de 50 dólares a la edad de 40 años que propició inesperadamente una fructífera carrera en el celuloide.

"Eric me tenía miedo, así que hacía todo lo que yo le decía y los directores lo veían. Entonces me contrataron como boxeador. Así que fui el boxeador en una película llamada Runaway Train (1985). Y en esa película, Eric me golpea y le enseñé a pelear".

Entonces llegó una tercera persona clave en su historia, el director Robert Rodríguez que le ha dado su papel más reconocido hasta el momento en la gran pantalla: Machete. Un personaje que ya forma parte del imaginario colectivo. Trejo rie cuando recuerda abrir la puerta en la fiesta de Halloween y encontrarse a niños disfrazados de su personaje: "con el bigote", gesticula llevándose las manos a los labios.

El actor asegura que Rodríguez es uno de los que más están trabajando para abrir las puertas al talento latino, más allá de los típicos papeles de narcotraficantes. "Estamos haciendo algunos progresos en los que, ya sabes, hay margen de mejora, pero tengo que dar crédito a Hollywood. Lo están intentando", afirma.

Si pudiera elegir papel: marido de Salma Hayek o Emiliano Zapata

A Trejo, no le preocupa encasillarse en los papeles de acción, puesto que asegura que le encantan. Eso sí, hay dos roles que le gustaría interpretar. El primero, el marido de la actriz mexicana Salma Hayek, confiesa entre risas, a la que define como una intérprete de talento "absolutamente hermosa" y "cariñosa".

Y el segundo, el líder de la Revolución Mexicana (1910-1920) Emiliano Zapata, un héroe mexicano que le acercaría a sus raíces, asegura.

Más allá de la gran pantalla, Trejo tiene varios proyectos empresariales entre manos. Un restaurante de comida mexicana en Los Ángeles que abrió para honrar el sueño de su madre y la discográfica Trejos Music.

A la pregunta de por qué en toda esta vorágine, decide echar la vista atrás, escribir y hacer pública su vida, Trejo responde: "porque todo el mundo piensa que soy un hombre malo, pero no lo soy, me gustan los cachorros".

Y de ello da fe la pequeña chihuahua Coco que ronda tranquilamente alrededor de sus pies durante la entrevista. Sin ningún miedo del que hace varias décadas era "el mexicano con quien no se chingaba". Y que ahora solo lo es por exigencias del guión.