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El valor de la tradición en el país donde nació la Navidad

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Por Andrea Carlo
Una multitud fotografía el Doumo de Milán durante el encendido de luces
Una multitud fotografía el Doumo de Milán durante el encendido de luces   -   Derechos de autor  Claudio Furlan/LaPresse

En un calendario del año 354 d.C., podemos encontrar las siguientes palabras: "El 25 de diciembre, Cristo nació en Belén, Judea". Todo esto suena muy anodino hasta que se sabe que esta es la primera referencia registrada al día de Navidad, en un texto escrito en Roma.

Dado que la Navidad, tal y como la conocemos, nació en suelo italiano -fue establecida oficialmente por el emperador Constantino el Grande en el siglo IV-, la fiesta tiene profundas raíces en el país y, a día de hoy, conserva gran parte de su antiguo carácter religioso.

La rica diversidad cultural de Italia ha dado lugar a un mosaico de tradiciones festivas que difieren mucho de una región a otra. Desde los elaborados belenes y las leyendas populares hasta las suntuosas recetas, la Navidad es una ocasión colorida que conecta a los ciudadanos del país transalpino con su pasado.

Sin embargo, a medida que la influencia de la globalización y la pandemia de la covid cambian el panorama de las fiestas, algunos se preguntan si las tradiciones navideñas únicas del país sobrevivirán en los próximos años.

¿Cuáles son las tradiciones navideñas italianas?

Las tradiciones navideñas italianas están fuertemente ancladas en su centenaria herencia cristiana y pagana, ya que los historiadores creen que la Saturnalia -una antigua celebración romana de mediados de invierno marcada por el reparto de regalos y la fiesta- inspiró muchas de las costumbres actuales.

La Fiesta de la Inmaculada Concepción (Festa dell'Immacolata Concezione), el 8 de diciembre, marca oficialmente el inicio del periodo navideño en Italia, un momento en la que la mayoría de las ciudades encienden sus luces y las familias se reúnen para decorar sus hogares.

A continuación, el 13 de diciembre se celebra el día de Santa Lucía en algunas zonas del país, desde Bérgamo y Verona, en el norte, hasta Siracusa, en Sicilia.

La novena (nueve días) comienza el 16 de diciembre y marca el inicio de un crescendo hacia la Navidad, ya que la tradición simboliza el viaje de los pastores al pesebre.

Las familias llevan a sus hijos a misas vespertinas especiales en la Iglesia, y van de puerta en puerta -a menudo vistiendo a los más pequeños como pequeños pastores- para interpretar villancicos a cambio de dinero o dulces.

Además, las calles del centro y el sur del país se llenan de gaiteros (zampognari) que tocan la canción festiva más famosa de Italia: "Tu scendi dalle stelle" ("Tú bajas de las estrellas").

Una vez que llega la Nochebuena, el 24 de diciembre, comienzan las celebraciones -a pesar de que el día no está reconocido como festivo oficial- y las familias empiezan a reunirse, ya que la Misa del Gallo sigue siendo una tradición duradera, incluso para los católicos más rezagados. Algunos hogares, sobre todo en el sur, celebran su mayor ágape el día 24 antes de ir a la iglesia.

El día de Navidad (Natale) es una embriagadora mezcla de comida, vino, regalos y ceremonias religiosas. En algunos países europeos, sobre todo del norte, el día 26 es el Boxing Day -conocido en Italia como el día de San Esteban (Santo Stefano)- más relajado, y generalmente es una oportunidad para terminar las sobras de la jornada previa con la familia extendida, seguido de un paseo a media tarde (passeggiata) o una partida de bingo (tombola).

Al igual que en el resto del mundo, la Nochevieja (Capodanno) y el Año Nuevo se celebran universalmente en Italia, con familias y amigos que se reúnen hasta la madrugada, a lo que prosigue una mañana tranquila. Sin embargo, estas fiestas nocturnas a menudo toman un cariz más oscuro: la afición de los italianos a los fuegos artificiales y petardos improvisados provoca que las urgencias de los hospitales reciban a cientos de `personas cada año. 

Finalmente, la Epifanía del 6 de enero -que para los cristianos celebra la manifestación de Jesús a los Reyes Magos- pone fin a las fiestas con una nota especialmente dulce. Según la tradición italiana, una anciana bruja (la Befana) vuela de casa en casa con su escoba, dejando sorpresas azucaradas a los niños.

¿Qué comen los italianos en Navidad?

Las costumbres culinarias están estrechamente condicionadas por su entorno sociopolítico. Por ello, Italia -un país que sólo existe en su forma actual hace 160 años- no ha producido un plato navideño de alcance nacional similar al asado y el relleno que domina en territorios anglosajones. 

La vertiginosa diversidad de platos que se sirven en la mesa de Navidad en toda Italia no sólo es un testimonio de su profunda heterogeneidad etnolingüística y cultural, sino también de sus marcadas diferencias geográficas y climáticas. En un país en el que la comida de Navidad puede significar tanto acurrucarse junto a la chimenea en un chalet tirolés como un asunto al aire libre bajo el sol abrasador de 20°C de la costa siciliana, los menús son inevitablemente muy diferentes de una región a otra e  incluso de una ciudad a otra.

Las comidas festivas del norte de Italia suelen ser abundantes, con mucha carne y rebosantes de mantequilla. El pollo capón asado (cappone), el estofado (bollito), la pasta rellena (ravioli o agnolott_i) y la polenta son algunas de las muchas recetas tradicionales que se sirven como plato principal. El panettone de Milán y el pandoro_ de Verona dominan el panorama de los postres, aunque muchos otros -desde el turrón hasta el tiramisú y la spongada (pan dulce)- son también muy apreciados. Con la excepción de algunas regiones, la comida de Navidad suele ser la más importante en el norte, y la cena del 24 de diciembre suele ser más discreta

Más al sur, el marisco es el protagonista: la anguila, el bacalao y el pulpo son opciones populares en la cena de Nochebuena, que suele ser la principal comida. En Cerdeña, una especie de pasta en forma de cuscús (fregola) con mejillones es habitual. Pero incluso en el sur, la diversidad manda en la mesa de Navidad. "No tenemos un plato típico para la Navidad", explica Saghir Piccoletto, chef y restaurador de la Costa Amalfitana. "(Aunque) muchos comen baccalà [bacalao]".

Claudio Furlan/LaPresse/LaPresse
Ciudadanos disfrutando de las luces navideñas en el centro de MilánClaudio Furlan/LaPresse/LaPresse

El día de Navidad en el sur suele ser un maratón de carbohidratos, con pizzarieddri (un tipo de macarrones largos hechos en casa) en el extremo de Puglia, Salento, y pasta al forno (pasta al horno) en Campania, entre la plétora de platos que se sirven habitualmente. Como la cocina mediterránea del sur sustituye la mantequilla y la manteca de cerdo por el aceite de oliva, los postres tienden a ser fritos -las bolas de masa dulce (struffoli), los buñuelos (zeppole) y las ruedas de hojaldre bañadas en miel (cartellate) son dos ejemplos muy apreciados-, aunque el panettone y el pandoro también son cada vez más apreciados.

A pesar de las numerosas versiones interregionales del menú navideño, quizá la división más clara sea entre el norte y el sur. Debido a la gran oleada de trabajadores del sur de Italia que se trasladaron al norte industrializado del país en los años 50 y 60, muchas familias del norte tienen ascendencia del sur, lo que da lugar a una fusión única de costumbres en la mesa festiva.

Riccardo, un estudiante universitario de las afueras de Florencia cuya familia es mitad toscana y mitad sureña , señala cómo su herencia regional mixta se manifiesta durante las fiestas: "Hay una gran diferencia entre la forma en que mi madre y mi padre celebran la Navidad. Mi madre, del sur, siempre prepara una gran cena en la víspera, con muchos platos de marisco de Apulia, mientras que mi padre prefiere celebrar la comida de Navidad y servir especialidades toscanas, como tortellini en caldo (un tipo de pasta). Ahora hemos acabado celebrando los dos días".

Sin embargo, a diferencia de la Navidad, el menú de Nochevieja es algo en lo que la mayoría de los italianos pueden estar de acuerdo: el plato principal consistente es el cotechino (una gran salchicha de cerdo) con una guarnición de lentejas y una rodaja de p_andoro_ de postre sería lo más habitual en todo el país. La población del sur suele rematar con las doce uvas a medianoche, un vestigio de la dominación española en la zona.

La tradición navideña más querida en Italia: los belenes

Quizá lo que más une a los italianos en Navidad -observancia religiosa y comidas copiosas aparte- es su amor por los belenes adornados o presepi.

Se dice que San Francisco de Asís dio origen a esta tradición en 1223, después de montar un belén viviente compuesto por aldeanos y animales en la ciudad de Greccio, no muy lejos de Roma.

Desde entonces, la costumbre se ha convertido en una verdadera forma de arte doméstico y en una de las tradiciones más queridas del país.

"El belén nació en Italia, y desde hace siglos es una tradición muy arraigada en todos los hogares, con un amplio abanico de artesanos y aficionados", recuerda Alberto Finzio, presidente de la Asociación Italiana de Amigos del Belén, fundada en 1953 para celebrar y proteger el arte del presepio, y parte de una federación internacional con representantes en toda Europa y Sudamérica.

Aunque señala la existencia de numerosas tradiciones en varios países europeos, Finzio subraya que su perdurable popularidad en Italia está estrechamente ligada a las influencias papales. "El hecho de que la Santa Sede esté en Italia no es algo secundario, En los últimos años (el Vaticano) ha promovido fuertemente la tradición belenista: pensemos en la carta apostólica del Papa Francisco, 'Admirabile Signum'".

Pero los belenes van mucho más allá de sus raíces religiosas: un presepi clásico suele incluir todo un pueblo en miniatura, con figuras que representan a los personajes de la población local y a los artesanos.

Desde los belenes de madera de arce del Tirol del Sur hasta las figuritas de papel maché de Puglia, existen diversas costumbres en todo el país. Sin embargo, la tradición napolitana es la joya indiscutible de la corona.

Mauro Scrobogna/LaPresse
Un belén en Roma el pasado añoMauro Scrobogna/LaPresse

El belén napolitano, una verdadera forma de arte en sí misma, es fastuosa y barroca, y se remonta a la época borbónica del siglo XVIII, cuando la tradición alcanzó su apogeo. Sus artesanos llevan generaciones trabajando en este oficio y se sienten muy orgullosos de su trabajo.

"La tradición del belén es un auténtico culto en Nápoles", recalca Mauro Gambardella, propietario de una tienda artesanal en la calle San Gregorio Armeno, que es el centro de la tradición en la ciudad desde hace mucho tiempo. "Mi padre, Luciano, abrió esta tienda en 1954, y mi abuelo también era belenista, aunque sólo lo hacía en su tiempo libre. El belén napolitano es un fiel reflejo de la vida en esta ciudad. Tienes al pizzaiolo (pizzero), al _salumiere (_carnicero), etc.".

Rossella Zeno es otra belenista de la misma localidad. A diferencia de Gambardella, ella forma parte de una nueva generación, que lleva en el oficio hace siete años: "El belén va más allá de la Navidad en sí misma, Es un recuerdo de nuestra vida aquí en Nápoles, de nuestra alegría de vivir, que nos hace retroceder en el tiempo y conecta el pasado con el presente".

Y el presente a veces hace su propia aparición. Aunque es una práctica controvertida, algunos artesanos napolitanos venden figuritas de famosos y políticos de hoy en día, como el futbolista argentino y deidad local Diego Maradona, el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi y el 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

Últimamente, el coronavirus parece haber llegado a los belenes, como admite Zeno con cierto desdén: "Desde que empezó la pandemia, varias tiendas han estado vendiendo figuritas de enfermeras y personas con mascarillas y pasaportes covid. Pero no estoy de acuerdo. Me gusta ceñirme a la tradición: no debemos olvidar la santidad del belén".

¿Están amenazadas las tradiciones navideñas de Italia?

A pesar del carácter fuertemente religioso de las tradiciones navideña, el creciente laicismo y la globalización han provocado algunas novedades en las costumbres del país.

El ejemplo más evidente es el de los árboles de Navidad. Puede que se hayan convertido en una parte consolidada del patrimonio italiano -incluso han sido noticia por su tamaño récord, como el árbol del Monte Ingino en Umbría,o  el infame Spelacchio de Roma-, pero no forman parte de la historia cultural del país desde hace mucho tiempo. Si bien los árboles de Navidad aparecen en Italia ya en el siglo XIX, no se convertirían en un elemento doméstico hasta los años 50 y 60, como resultado de la influencia estadounidense de la posguerra.

Lo mismo ocurre con Papá Noel. Hoy en día, los niños de todo el país esperan a Babbo Natale, pero el tradicional portador de regalos el día de Navidad solía ser el niño Jesús (Gesù bambino). En muchos hogares, el sincretismo es ahora la regla del día, ya que las dos figuras se utilizan indistintamente.

Sin embargo, el mercantilismo progresivo no sólo añade, sino que incluso cambia, algunas costumbres festivas. Mientras que el 8 de diciembre marcaba el inicio de la Navidad, las luces y los adornos aparecen ahora en las ciudades italianas ya en Halloween. Y el Black Friday se ha convertido en una parte informal del calendario, ya que los italianos acuden a los centros comerciales para conseguir productos con descuento.

Si bien estas influencias comerciales han añadido e incluso alterado las costumbres transalpinas, las principales se han mantenido en gran medida intactas. Sin embargo, algunos temen que algunas las más singulares, como el belenismo, se pierdan con el tiempo.

En la AIAP, el ambiente sigue siendo algo optimista. "En los años 60 y 70, estaba en peligro. Pero no creo que siga siendo así", sostiene Finzio. 

La pandemia, argumenta, en realidad impulsó la popularidad de los belenes en los hogares. "Muchas familias, al verse obligadas a quedarse en casa, redescubrieron realmente su valor".

Pero para los fabricantes de belenes, la historia es totalmente distinta. Su principal temor es que conjunción de covid y de inversores extranjeros pueda poner en peligro su singular oficio centrado en la familia.

"Últimamente hemos recibido mucha presión para vender, sobre todo el año pasado, cuando se nos acercaron compradores chinos", afirma Gambardella. "Un grupo de 40 artesanos aquí en Nápoles nos unimos para resistir este intento".

Aunque Gambardella no es el primer belenista que se queja de una posible "absorción china", otros miembros del gremio, como Zeno, siguen siendo escépticos. "Es una pura tontería, Esta afirmación no es más que un bulo". 

Sin embargo, hay cosas que le preocupan:  "La pandemia nos ha aplastado por completo, y no se nos ha ofrecido ninguna ayuda. Hoy en día, todo lo que se hace en nuestro oficio es hablar de covid".

Sus temores van más allá de la pandemia, ya que le preocupa que el creciente carácter laico de la Navidad acabe con el carácter religioso del belén. Sin embargo, su actitud general está teñida de una pizca de esperanza:  "Existe un riesgo real de que la tradición del belén se comercialice cada vez más, ya que la gente no conoce su verdadero significado. Pero es una tradición con la que pretendemos aportar esperanza y consuelo a la vida de las personas. Y en estos tiempos, eso es algo que todos queremos y necesitamos".