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España a la cabeza de la UE en desigualdad: "No tiene los niveles que debería según su desarrollo"

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Por Laura Llach
Siluetas frente a un restaurante cerrado en la Plaza Mayor de Madrid
Siluetas frente a un restaurante cerrado en la Plaza Mayor de Madrid   -   Derechos de autor  Daniel Ochoa de Olza/AP

Tras encadenar contratos temporales, Alejandro González recibió, con 27 años, su primera oferta para firmar uno en condiciones. Dos años de contrato y la tranquilidad de tener algo más estable, le convencieron para que, tres meses antes de que finalizase su etapa en el hotel ME Madrid, decidiese darse de baja y aceptar esta nueva oferta.

En medio del proceso, estalló la pandemia y le congelaron el nuevo contrato antes de poder comenzar a trabajar. Alejandro se quedó sin ingresos, durante meses, en un mercado laboral que se paralizó por completo. Su caso pone de manifiesto una realidad que se repitió a lo largo y ancho del territorio español.

Aunque todavía no se han publicado los datos oficiales, las proyecciones de la Comisión Europea muestran que España es el país de la Unión Europea donde más habría aumentado la desigualdad económica durante la pandemia. Así lo recoge un estudio recién publicado por los economistas Luis Ayala, de la UNED, y Olga Cantó, de la Universidad de Alcalá.

Este estudio explica por qué España ha sido durante décadas uno de los países con mayor desigualdad entre clases de Europa y analiza los datos disponibles en el último medio siglo. De hecho, en el ranking elaborado, España se sitúa en el quinto puesto de países más desiguales, solo por detrás de Bulgaria, Lituania, Letonia y Rumanía.

Si observásemos únicamente la clasificación del PIB per cápita, España no estaría tan mal situada, pero al añadir a la ecuación el reparto de la riqueza, el país se queda atrás. “España no tiene los niveles de desigualdad que se merece en términos de desarrollo”, apunta la economista Olga Cantó.

¿Cuál es el problema de España?

A pesar de que hay más razones que pueden ayudar a explicar la posición de España, Cantó señala dos principales: “Esencialmente se reduce al funcionamiento del mercado laboral español y un sistema de prestaciones e impuestos débil a diferencia de otros países europeos”.

Un mercado laboral mal engrasado con salarios muy desiguales, al que se le suma la necesidad de mejorar la tributación de las rentas de capital concentradas en la zona alta. Otro factor a tener en cuenta es el desempleo, “esto es clave para aumentar las desigualdades sociales”, señala la economista.

Se ha creado un sistema de protección social ligado a lo contributivo que está expulsando del colchón a grupos sin empleo
Olga Cantó
Economista

Y aquí entra en juego el sistema de impuestos y prestaciones. “En esta última crisis, se ha creado un sistema de protección social ligado a lo contributivo, como por ejemplo los Ertes, y eso está expulsando del colchón a grupos que no tienen empleo, lo que conlleva un aumento de la desigualdad”, añade.

Mientras otros países europeos llevaban décadas con ayudas como el ingreso mínimo vital, España lo implantó cuando la pandemia arrasó con los puestos de trabajo. Una ayuda que llegó tarde y que hace que el sistema de prestaciones español se asemeje más al que implementan los países del este de Europa, que al de Alemania o Francia.

En palabras de Cantó, la asignatura pendiente de España sigue siendo crear un sistema de prestaciones no contributivas mucho más potente, tanto en ayudas para la vivienda y la infancia como para la falta de renta. “Los incrementos en la desigualdad se producen porque la administración llega tarde y esto tiene que mejorar. Hay que buscar la forma de ayudar a las personas sin trabajo, para así poder cortar la transmisión de padres sin empleo, a hijos que están en la misma situación”, señala.

La erosión de las clases medias

Lo que desprende el estudio realizado por Cantó y Ayala es que una de las grandes diferencias entre España y sus vecinos europeos son las clases medias-bajas. Se ha ido produciendo, a lo largo de los años y tras las diversas crisis que ha atravesado el país, un desplazamiento de la clase media hacia la baja.

Esto ha llevado a que el país presente algunas singularidades en la distribución de la población según el nivel de renta. En base a los últimos datos disponibles, el 32% de la población pertenece al estrato de rentas bajas, el 58,5% se encuentra en el segmento intermedio (de los cuales el 33,8% entraría dentro del grupo renta media-baja y el 24,7% en renta media-alta) y, finalmente, el 9,5% de la población entra dentro del grupo de renta alta.

Un escenario que se aleja tanto de los países nórdicos como de los centroeuropeos, y recuerda al caso de Estados Unidos, donde la clase media-baja tiene menos fuerza.

“El caso español es bastante llamativo, específicamente en el segundo golpe de la Gran Recesión, del año 2010 al 2014. Aunque la erosión de las clases medias también se está produciendo en otros países europeos, en España pasa más. La tendencia europea ha conseguido frenar esa caída”, apunta Cantó.

Menos clase media, más desigualdad

Para la economista, las clases medias son el pegamento social entre los más ricos y los más pobres y asegura que los países con una clase media reducida son más desiguales.

“Cuando los países empiezan a perder clase media, se convierten en una estructura como la que observamos en Estados Unidos, en la que es más difícil financiar los servicios públicos. Es por esto que lo público suele empeorar”, cuenta Cantó. Los pobres no pueden financiar el sistema, mientras que los ricos tienden a contratar servicios privados.

Cuando los países empiezan a perder clase media les resulta más difícil financiar los servicios públicos
Olga Cantó
Economista

Las desigualdades se incuban y se van generando a lo largo de los años. Para frenar las consecuencias a largo plazo, uno de los aspectos que sugiere la economista es reducir la segregación educativa. Una medida “impopular, pero barata” que otros países europeos ya han implantado para redistribuir a los menores y no segregarlos por escuelas.

“En los colegios, ha habido una segregación por origen tremenda en algunas regiones de España. Tanto como en Hungría, que es el más segregado de Europa”, señala la economista. Propone atajar el problema de raíz, donde se crean las desigualdades. A esto le añade la necesidad de regular el mercado de trabajo, el salario mínimo y las políticas de protección social para el 10% más desfavorecido.

¿Diferencias entre países europeos?

Al observar la clasificación de los países más desiguales en Europa, una de las cosas que más llama la atención es que el nivel de renta del país no está relacionado con el reparto de la riqueza.

Países del este de Europa se encuentran a ambos lados del espectro. Mientras Eslovaquia y Eslovenia encabezan la lista y se posicionan como referentes en términos de distribución de riqueza, Bulgaria y Lituania, más cercanos a Rusia, se sitúan a la cola.

“Aún siendo regímenes que nacieron de las repúblicas socialistas, han tenido una evolución muy distinta y cuentan con diferencias muy significativas. En términos de desigualdad no han tenido el mismo comportamiento”, apunta Cantó. Un ejemplo de esto también sería Polonia, que ha sabido combinar de manera positiva su crecimiento con el reparto equitativo de las rentas.

A falta de valorar, una vez se tengan datos oficiales, cómo les ha afectado a estos países el shock de la Covid, por el momento, los países centrales, entre los que se encuentran Eslovaquia y Chequia, tienen una menor desigualdad.

La economista confirma que existen muchas diferencias dentro del continente europeo, y asegura que los países grandes suelen tener más dificultades para estar cohesionados. “Un país más pequeño suele encontrar con mayor facilidad esa cohesión, aunque está claro que las políticas marcan. Bélgica y Portugal son dos países de menor tamaño que se encuentran en lados opuestos de la clasificación”, sostiene.

Bélgica lidera el ranking de países con un mejor reparto de la riqueza, mientras que Portugal se encuentra tan solo un puesto por encima de España. Este país se sitúa también por delante de Alemania, que cuenta con una posición por debajo de la media europea. La receta belga pasa por un “sistema de impuestos muy intenso, con mucha cobertura”.

A la espera de los datos, la economista cuenta que las primeras simulaciones del shock que ha producido la pandemia en los países europeos muestran que tanto España como Italia han tenido un mayor impacto sobre la pobreza que Bélgica y Reino Unido.

En el caso de los dos primeros, sería Italia la más afectada debido a que el mercado laboral español cuenta con una mayor participación femenina. Al solo trabajar uno de los dos perceptores, las familias italianas notaron con mayor fuerza la sacudida de la pandemia.