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¿Es contrapruducente la obligatoriedad de las vacunas?

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Por Alice Tidey
Una sanitaria lleva en la mano la vacuna Covid-19 de Johnson & Johnson
Una sanitaria lleva en la mano la vacuna Covid-19 de Johnson & Johnson   -   Derechos de autor  Shiraaz Mohamed/ The Associated Press. All rights reserved.

Aunque algunos países europeos cuentan con las tasas de vacunación más altas del mundo, siguen presionando para convencer a aquellos que se resisten a hacerlo. Unos gobiernos han impuesto el pase Covid a modo de incentivo, mientras que otros han optado directamente por establecer la obligatoriedad de las vacunas.

Austria, por ejemplo, fue el primero en imponer la vacuna y será obligatoria a partir del 1 de febrero, independientemente de la edad o la actividad profesional. Grecia e Italia han ordenado que los mayores de 60 y 50 años, respectivamente, se vacunen o se enfrenten a multas.

El canciller alemán, Olaf Scholz, respaldó este miércoles, en una ronda de preguntas, la vacunación obligatoria en el país. Se espera que los legisladores debatan a finales de este mes. En la actualidad, el país ha puesto restricciones a los no vacunados, exigiendo una prueba de vacunación o de recuperación de la Covid para entrar en bares, restaurantes y la mayoría de los lugares culturales y de ocio. Se espera que Francia, que ya tiene un pase sanitario en vigor, siga el ejemplo alemán a finales de este mes.

Pero los expertos desconfían del impacto que podrían tener estas medidas.

"Creo que con una normativa demasiado estricta, los antivacunas, que por ahora son una minoría, tendrán más fuerza", dijo a Euronews Julia van Weert, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Universidad de Ámsterdam.

"Este es el peligro a largo plazo", añadió. "Es algo que sin duda va a dividir a la sociedad y aumentará la polarización".

Que se fastidien los no vacunados

El próximo cambio de legislación en Francia ha conseguido que la gente se eche a la calle. El país cuenta con cerca del 91% de los adultos con la pauta de vacunación completa y el 79% de los niños de 12 a 17 años. Más de 105.000 personas se manifestaron el domingo en todo el país contra el "certificado Covid", cuatro veces más que la última manifestación que tuvo lugar el 18 de diciembre.

Puede que en parte, estas cifras se hayan dado por las declaraciones que hizo el presidente francés, Emmanuel Macron. Aseguró que tenía muchas ganas de "fastidiar a los no vacunados". Para los expertos, este tipo de lenguaje podría ser contraproducente.

El profesor Martyn Pickersgill, catedrático de Sociología de la Ciencia y la Medicina en la Universidad de Edimburgo, contó a Euronews que le preocupa el comentario de Macron: "Puede correr el riesgo de que se reafirmen en su desconfianza y sigan pensando que la vacunación obligatoria tiene poco que ver con mejorar la salud pública. Estas palabras podrían tener el efecto contrario y, en vez de motivar a la gente, podría desmotivarles".

Sin embargo, Macron podría afirmar que, hasta el momento, la estrategia del Gobierno francés ha tenido éxito. Ha impulsado a la gente a vacunarse haciendo que los sanitarios se vacunen obligatoriamente y ha puesto en marcha la tarjeta sanitaria Covid, que certifica que su titular se ha vacunado con las dos dosis, se ha recuperado previamente de la enfermedad o ha tenido un resultado negativo al hacerse un test. El Gobierno ha asegurado que, gracias a su estrategia, el sistema sanitario ha podido resistir durante las distintas olas de la pandemia.

¿Confiamos en la información sobre vacunas?

El certificado Covid se considera un éxito a la hora de conseguir que la gente se vacune. Un estudio sobre su impacto en Dinamarca, Israel, Italia, Francia, Alemania y Suiza, publicado por la revista médica The Lancet en diciembre, descubrió que aumentó el número de vacunaciones 20 días antes de su aplicación, un efecto que duró hasta 40 días después de su anuncio.

Sin embargo, a pesar de las restricciones en el día a día de los ciudadanos, algunos siguen optando por renunciar a las vacunas.

Según un barómetro de la UE publicado en mayo de 2021, las principales razones para no vacunarse contra la Covid-19 son la creencia de que las vacunas aún no han sido suficientemente probadas y la preocupación por los efectos secundarios.

La encuesta, en la que se consultó a más de 26.000 personas mayores de 15 años en los 27 Estados miembros de la Unión, también reveló que las fuentes más fiables para los europeos, a la hora de recibir información veraz sobre las vacunas, son los profesionales de la salud y las autoridades sanitarias nacionales (61% y 44% respectivamente).

La propia UE y los ejecutivos nacionales quedaron en un lejano tercer lugar, con un 20% y un 19% respectivamente, por delante de las autoridades regionales/ locales y los medios de comunicación (14% y 11%).

"La confianza, la comunicación abierta y las asociaciones son características esenciales de todas las campañas de salud pública. Lo más importante es que la confianza no puede exigirse sin más: más bien hay que demostrar claramente la fiabilidad de los políticos que elaboran las políticas de salud pública", subrayó Pickersgill

"Los beneficios y los riesgos de la vacunación deben ser comunicados de forma clara y abierta, de lo contrario es comprensible que los ciudadanos sientan que se les oculta información, lo que alimenta la desconfianza", añadió.

No todos los no vacunados son antivacunas

Van Weert, por su parte, advirtió que no se debe categorizar a las minorías que aún no se han vacunado como antivacunas, sino que se trata de "un grupo heterogéneo de personas" que forman parte de comunidades en las que la desinformación se propaga con mayor rapidez. Puede tratarse de personas de nivel socioeconómico bajo, estudiantes e inmigrantes, pero también de personas que tienen dudas por su propio historial médico y necesitan que se aborden sus preocupaciones de forma específica.

"Creo que los gobiernos deberían hacer primero todos los esfuerzos posibles para llegar a esas personas antes de imponer más restricciones", dijo, y pidió más "estrategias personalizadas" que impliquen a las partes interesadas importantes o a las figuras clave de las comunidades.

"Es mejor que lleguen a ellos, por ejemplo, autoridades independientes o los médicos pueden desempeñar un papel importante en este sentido", dijo, al igual que las figuras religiosas, incluidos los imanes y los sacerdotes.

Destacó, por ejemplo, el éxito de una "línea directa de dudas" en los Países Bajos a la que llaman las personas no vacunadas para hablar de sus preocupaciones con los profesionales de la medicina. El servicio recibe una media de 1.000 llamadas al día.

¿Funcionará la obligatoriedad de las vacunas?

Para Van Weert, el impacto de la obligatoriedad de las vacunas en Europa Occidental no tendrá tanto alcance. "Lo que sé gracias a la investigación es que el valor añadido de la obligatoriedad es mayor cuando las tasas de vacunación son más bajas", dijo. También es muy poco probable que influyan en quienes se oponen ideológicamente a la vacuna, añadió.

"Los antivacunas están tan seguros que no se dejan convencer por nada. Creo que es mejor dejar a esa gente en paz durante un tiempo y no prestarles mucha atención. Cuanto más se les estigmatice, menos dispuestos estarán a vacunarse", concluyó.

Pickersgill también se mostró cautelosa sobre su impacto, asegurando a Euronews que "es posible que las imposiciones "funcionen" exclusivamente en el sentido de que podrían forzar a algunas personas que estaban preocupadas por los efectos de las vacunas, a aceptar la posibilidad de vacunarse".

Más del 69% de la población de la UE/EEE está ahora totalmente protegida contra el riesgo de enfermedades graves, pero hay grandes disparidades entre los 31 países de la región.

Dinamarca y Portugal han inmunizado completamente a más del 82% de su población, mientras que Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Alemania, Países Bajos, Noruega y España tienen tasas de entre el 70 y el 78%. Los países del Este, sin embargo, no han tenido tanto éxito. Bulgaria aún no ha conseguido vacunar completamente a un tercio de su población, mientras que las tasas de Rumanía y Eslovaquia están por debajo del 50%.