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¿Qué es la "finlandización" y por qué se habla de ella en el conflicto entre Ucrania y Rusia?

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Por Laura Llach
Un militar ucraniano avanza por un edificio dañado en el este de Ucrania.
Un militar ucraniano avanza por un edificio dañado en el este de Ucrania.   -   Derechos de autor  Vadim Ghirda/ The Associated Press.

En 1939, la Unión Soviética le declaró la guerra a Finlandia. Lo que en un principio se veía como una conquista rápida, para la cual los soldados rusos ni siquiera llevaban trajes de invierno, acabó siendo algo muy distinto. Los finlandeses opusieron resistencia y repelieron el ataque durante más de dos meses.

No era la primera vez que Rusia invadía el país nórdico, ni tampoco sería el último conflicto bélico entre ambos. La paz definitiva llegaría en 1948 con la firma del tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre Finlandia y la Unión Soviética.

Un acuerdo por el cual Finlandia quedaría fuera de la cooperación militar de occidente, especialmente de la OTAN, adoptando una posición de neutralidad supervisada por Moscú. A cambio, las fronteras del país serían respetadas. El polémico estatus pasó a llamarse “finlandización”, y su sombra no ha dejado de estar presente a lo largo del conflicto entre Ucrania y Rusia.

La última vez, y según la prensa francesa, de boca del presidente Emmanuel Macron, que de camino a Moscú insinuó una posible “finlandización” de Ucrania como una de las opciones que estaban sobre la mesa a la hora de resolver la crisis con Rusia. Más tarde, el mandatario francés negó haber hecho esas declaraciones.

Lo cierto es que el estatus ha arrastrado controversia desde que se adoptó. “Fue bastante criticado en la época, no existe una opinión unánime al respecto en Finlandia, ya que se veía como una forma de plegarse a los intereses de Moscú”, señala Álvar Muratel, historiador de la red española de Investigación sobre Europa Central y Oriental.

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La firma del tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre Finlandia y la Unión Soviética, en Moscú.WikiCommons

¿Cómo llegó la “finlandización”?

A principios del siglo 19, tras la primera invasión rusa, se estableció el Gran Ducado de Finlandia y el país quedó integrado dentro de la estructura territorial del imperio ruso. “No tenía independencia, pero sí un estatuto de autonomía bastante ventajoso”, asegura el historiador.

Fue durante la revolución rusa, en 1917, cuando Finlandia, aprovechando la caótica situación de su vecino, proclamó su independencia. El recién estrenado gobierno bolchevique no tenía fuerzas para luchar y no le quedó otra opción que reconocerla.

Llegó Stalin al poder y la diplomacia soviética intentó recuperar parte de los territorios finlandeses. “Leningrado -actual San Petersburgo- estaba tan solo a 32 kilómetros de la frontera finlandesa, parecía que en Europa iba a estallar una contienda y esto ponía en riesgo las fronteras soviéticas”, cuenta Muratel.

Al negarse Finlandia, en 1939 estalló el conflicto y la URSS invadió el país. Cinco años más tarde, tuvo lugar la última guerra entre ambos países, cuando Finlandia combatió al Ejército rojo como aliada de la Alemania nazi.

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Delegación finlandesa partiendo hacia Moscú para negociar con Stalin antes del estallido de la guerra de 1939WikiCommons

Las consecuencias para el país nórdico fueron muchas, entre ellas la firma del tratado que estableció las relaciones internacionales durante toda la Guerra Fría. “Condicionaba la libertad de movimiento de Helsinki respecto a su política exterior y su integración en estructuras militares como la OTAN. Una claudicación para evitar males mayores”, apunta el historiador.

Helsinki se mantuvo militarmente neutra, además, rechazó el Plan Marshall con tal de no alinearse y apaciguar a su vecino incómodo. “Adoptó una política de autocontención, no provocación, dejaba a un lado temas sensibles para así no provocar una reacción adversa por parte de Rusia”, añade Muratel.

En palabras del historiador, fue una estrategia de supervivencia por parte de los finlandeses. El país pudo mantener su independencia política, un sistema capitalista y una democracia occidental a cambio de someterse a los intereses soviéticos.

¿Sería posible una “finlandización” para Ucrania?

Son muchas las voces que se han preguntado si este estatus podría funcionar para resolver la crisis entre Moscú y Kiev, pero en el caso de este último, la situación es mucho más compleja que la finlandesa.

La principal razón es que Ucrania formó parte de la Unión Soviética, mientras que Finlandia siempre mantuvo su independencia. “Rusia sigue afirmando que son la misma nación, algo que nunca ha sido así en el caso de Finlandia”, asegura Arkady Moshes, el director del programa que estudia las relaciones entre Rusia y Europa en el Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA).

Ucrania siempre se ha conocido como “la pequeña Rusia” y ha sido parte fundamental para la visión de la identidad rusa. Aún así, la relación entre ambos países ha estado marcada por la desconfianza. Para Mira Milosevich, investigadora principal para Rusia y Eurasia del Real Instituto Elcano, esta falta de confianza y respeto mutuo entre Ucrania y Rusia complicaría la adopción del estatus.

“Rusia se anexionó Crimea violando el derecho internacional, lo que ha hecho que pierda a Ucrania en términos de respeto y confianza. Claramente, los ucranianos ven a Rusia como un enemigo y Rusia mira a Ucrania con desprecio”, asegura la investigadora.

Moshes coincide en este punto: “Después de lo ocurrido tras la firma del Memorándum de Budapest, y varios tratados bilaterales, entiendo que los ucranianos no confíen en Rusia. Prometió respetar la integridad territorial de Ucrania y no lo hizo. Rusia reconoció sus fronteras internacionales muchas veces y luego simplemente cambió de posición. Los ucranianos no tienen ninguna garantía de que se vayan a cumplir los acuerdos”.

Algo que no fue así en el caso de Finlandia y Rusia. Milosevich enfatiza que la base de las relaciones entre ambos países fue el respeto mutuo. “Durante la guerra, los finlandeses organizaron una gran resistencia. Aunque la batalla se perdió, ganaron mucho en términos de respeto y, a pesar de todo, confianza mutua”, señala.

Seguridad vital para Rusia

A la hora de valorar una posible “finlandización” para Ucrania, entra en juego un elemento estratégico muy importante. Rusia carece de fronteras naturales y cuenta con una llanura que para el país es indefendible. Según señala la experta del Instituto Elcano, las dos invasiones que ha sufrido el país han sido a través de Ucrania. Una de ellas tuvo lugar bajo las órdenes de Hitler.

“Esto podría haber acabado con Rusia, pero no lo hizo. Ambas tuvieron un elemento en común y fue la entrada a territorio ruso vía Ucrania, con lo cual, el país representa un enclave estratégico y el punto de vulnerabilidad de Rusia”, afirma Milosevich.

Al carecer de estas fronteras naturales, el pensamiento estratégico de Rusia pasaba por crear zonas neutrales entre el país y su enemigo potencial. “Durante la guerra fría, Rusia crea un imperio exterior con el Pacto de Varsovia (la alianza militar formada por los países comunistas de Europa del Este). Estos países representan la zona neutral entre Rusia y su enemigo potencial”, añade.

Tras la caída del muro de Berlín y con el paso de los años, esta zona neutral se ha ido estrechando, algo que inquieta a Moscú. “Para los rusos es una cuestión vital en términos militares y estratégicos. Es de vital importancia que Ucrania no entre en la Otan”, zanja la experta.

Esta cuestión de defensa militar complica la aplicación del estatus en el caso ucraniano, ya que Finlandia se encuentra situada en la periferia, y Ucrania está en el centro del conflicto entre Rusia y Occidente.

Pertenencia a la OTAN

Mientras que Finlandia rechazó alinearse militarmente con tal de no provocar a su vecino, Ucrania habla, y tiene incluido en su constitución, el deseo de formar parte de la OTAN. “En Finlandia hubo un consenso social y político sobre este tema, no merecía la pena formar parte de la alianza militar y estar constantemente amenazado por Rusia”, asegura Milosevich.

En Ucrania, la mayoría de la población se posiciona a favor de la alineación militar. Es más, durante una reunión, este mismo lunes, entre Volodímir Zelensky y el canciller alemán, Olaf Scholz, el mandatario ucraniano comentó que “quizá la cuestión de las puertas abiertas (en referencia a la OTAN), para nosotros, es un sueño". Unas palabras que causaron una tormenta en el país y tuvo que retirarlas.

Para Moshes, la percepción de los ucranianos cambió en 2014 tras la pérdida de territorio, el apoyo a entrar en la alianza pasó de minoritario a una gran mayoría. Además, el experto del FIIA afirma rotundamente que en el siglo XXI “los países deben tener derecho a elegir sus alianzas, lo que no significa que se conviertan en miembros”.

Recuerda también que la crisis de 2014 comenzó cuando Ucrania iba a firmar un tratado de libre comercio y asociación con la Unión Europea. “Lo que significa que la "finlandización" no es aceptable para Rusia. Moscú busca controlar Ucrania y ejercer el poder de veto sobre cualquier decisión que tome el país. Tenemos como prueba la experiencia histórica”, matiza Moshes.

El propio Gobierno finlandés entró en la polémica y aseguró que no recomendaba una posible “finlandización” ni para Ucrania, ni para cualquier otro país. “No lo recomienda porque si en el siglo XXI los países grandes deciden el destino de los pequeños, no se podrá frenar”, comenta.

“Finlandia y Suecia tienen en su agenda la pertenencia a la OTAN, si ahora se sienta un precedente con Ucrania, mañana alguien puede decidir el destino de Finlandia. Por eso no es aceptable”, zanja el experto del FIIA.

Un largo camino hasta la neutralidad

No fue hasta la caída de la Unión Soviética que Finlandia pudo deshacerse por completo de los compromisos adquiridos en el tratado. Un final que se había estado cociendo a fuego lento.

El fin del mandato de Urho kekkonen en el país nórdico, uno de los grandes garantes de esta política, coincidió con la toma de poder de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética. Dos cambios de ciclo que permitieron poner fin a la dinámica de autocontención.

“La política exterior de Gorbachov debilita a la Unión Soviética en el plano internacional. A partir de 1991, con la desintegración de la URSS, el vecino incómodo se ve como un gigante con pies de barro que se ha caído. Su posición internacional es tan débil que no puede mantener la presión que ejercía”, señala Muratel.

A día de hoy, la entrada a la OTAN sigue en la agenda finlandesa, pero no se encuentra en la lista de prioridades del país. En una reciente visita a España, la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, aseguraba sobre su entrada en la alianza militar que “existía la posibilidad” de postular en el futuro.

También recordaba que en el caso de que fuese así, era muy importante que la decisión la tomase Finlandia y no Rusia: “Por eso mismo debemos respetar el derecho a decidir de Ucrania”, afirmaba.

Una encuesta realizada en enero arrojaba luz sobre la opinión de los finlandeses al respecto. El 43% se posicionaba a favor de la entrada del país en la OTAN si el Gobierno decidía que era la mejor opción para Finlandia. De las más de mil personas encuestadas, el 27% dijo que se opondría a la adhesión, mientras que un 30% se mostraba indeciso.