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La crisis de asilo en Bélgica, ¿un síntoma del fracaso de las políticas migratorias europeas?

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Por Valérie Gauriat
La crisis de asilo en Bélgica, ¿un síntoma del fracaso de las políticas migratorias europeas?
Derechos de autor  euronews

Procedentes de Afganistán, África y Oriente Medio, cientos de personas llaman cada mañana a la puerta de la oficina de refugiados de Bruselas para pedir asilo en Bélgica.

Desbordado, el centro de registro de Fedasil, que se ocupa de las solicitudes de asilo, no da abasto.

Las organizaciones humanitarias dan la voz de alarma.

Incluso las personas que ya han presentado su solicitud no tienen acceso a los refugios. Especialmente los hombres solteros.

Cada vez nos encontramos con más menores, menores de quince años, y familias con cuatro hijos pequeños que no tienen solución.

"Intentamos encontrar soluciones de emergencia, pero me preocupa mucho que los próximos días sean difíciles. Y que no seamos capaces de encontrar una solución para ellos", destaca una de las personas que acude a ayudar a estas personas cada día.

Entre los cientos de personas que duermen en las calles de la capital europea, todos los que encontramos aquí ya han probado suerte varias veces. Están agotados.

"Estamos en un estado psicológico difícil. Llevamos cuatro meses en Bélgica y no nos han dado alojamiento ni tarjetas SIM. Vivimos en este frío glacial", señala uno de ellos.

A pocos metros del centro de solicitud de asilo, la asociación Médicos Sin Fronteras ha instalado clínicas móviles, las mismas que utiliza en las zonas de guerra.

Es la única forma que tienen estos hombres de acceder a la atención sanitaria. A la hora de comer, se forman colas alrededor de este centro, gestionado por ONG y colectivos ciudadanos. La situación sigue empeorando, dice uno de los coordinadores.

"Estamos proporcionando una media de 1.000 a 1.200 comidas al día, frente a las 800 de hace un año", destaca Clothilde Bodson, coordinadora operativa del Centro Humanitario de Bruselas.

La crisis es tal que incluso los refugiados ucranianos, que gozan de un estatuto especial en Bélgica como en el resto de Europa, son cada vez más numerosos los que se quedan fuera.

"Tengo que viajar entre distintos lugares para pasar las noches en refugios temporales", destaca una de las refugiadas ucranianas.

Muchos duermen en colchones en el suelo, sin ninguna protección. Sus tiendas improvisadas son desmontadas regularmente por la policía, y los grupos se dispersan.

Aquí, como en los Países Bajos, o en Francia y en el sur de Europa, los solicitantes de asilo también pagan el precio de una política migratoria europea fallida.

Retirados por algunos Estados de la UE, sufren en otros una gestión disfuncional de las solicitudes de asilo.

La Secretaría de Estado de Asilo y Migración, así como la agencia encargada de acoger a los refugiados, rechazaron mis solicitudes de entrevista.

Oponiendo a las críticas su falta de medios, el Gobierno también señala con el dedo la ausencia de solidaridad europea.

Argumentos que según los abogados que ayudan a estos refugiados, son insostenibles dada la situación de emergencia.

Fuentes adicionales • Juan Carlos de Santos (versión en español)