Italia, Reino Unido y Japón han dado vía libre al Programa Aéreo de Combate Global: una inversión de unos 9.000 millones para Roma y un nuevo sistema aéreo operativo en 2035.
Italia está llamada a tomar una decisión que va mucho más allá de los límites de una ley presupuestaria. En las próximas semanas, el Parlamento tendrá que decidir si destina importantes recursos al Global Combat Air Programme (Gcap), el programa con el que Roma, junto con Reino Unido y Japón, pretende entrar en el selecto club de países capaces de diseñar y gobernar sistemas de aviones de combate de nueva generación.
Se trata de una apuesta costosa, pero también de un intento de emancipación tecnológica respecto a los grandes programas del pasado, en los que Italia ha desempeñado a menudo un papel subordinado.
El decreto presentado por el Ministerio de Defensa, dirigido por Guido Crosetto, se someterá a las Comisiones de Defensa y Presupuestos. Formalmente, se trata de autorizar un nuevo y mayor compromiso financiero; en el fondo, se trata de decidir si Italia pretende desempeñar un papel protagonista en el desarrollo de las tecnologías militares más avanzadas, con igualdad de acceso al know-how y mayor soberanía operativa, o seguir anclada en modelos de cooperación desequilibrados.
El Gcap representa una de las piedras angulares de la planificación militar italiana a medio y largo plazo y marca un posible cambio de rumbo respecto a programas anteriores, desde el Eurofighter hasta el F-35, en los que el acceso a la tecnología y el control de las capacidades quedaban en gran medida en manos de los socios más fuertes.
Qué es el Programa Aéreo de Combate Global
El Gcap es el resultado de la unificación de dos programas anteriores: el Tempest británico y el proyecto FX japonés. El objetivo es desarrollar un sistema de combate aéreo de sexta generación de aquí a 2035, destinado a sustituir progresivamente a plataformas como el Eurofighter Typhoon y el Mitsubishi F-2. Se trata de un sistema aéreo integrado diseñado para operar en contextos bélicos complejos, con un fuerte énfasis en la interoperabilidad con las fuerzas aliadas.
El concepto no se limita a un solo avión. El programa aspira a una arquitectura integrada que combine:
- Un caza furtivo (avión de combate diseñado específicamente para evitar ser detectado por los radares enemigos)con capacidades avanzadas de penetración.
- Drones "colaborativos" no tripulados.
- Sensores distribuidos e interconectados.
- Sistemas de mando y control basados en inteligencia artificial.
- comunicaciones seguras y capacidades de guerra electrónica de última generación.
¿Cuánto cuesta Italia?
Según el Documento de Planificación Plurianual de la Defensa, la contribución italiana al Gcap se estima en unos 9.000 millones de euros hasta 2035. La cifra se refiere a la fase de desarrollo y no incluye ningún coste futuro relacionado con la producción en serie o el ciclo de vida operativo de los sistemas.
Solo para 2025, la dotación supera los 600 millones de euros, lo que convierte al Gcap en uno de los programas más caros del sector de la aviación militar, junto con el F-35 y la modernización del Eurofighter. Como suele ocurrir con los grandes programas de defensa, las estimaciones iniciales podrían revisarse con el tiempo: la propia Defensa habla de una posible "integración".
De los Eurofighters al Gcap
El Gcap flanqueará al Eurofighter y al F-35 durante un tiempo antes de sustituir gradualmente al primero. Italia tiene 118 Eurofighters y aspira a 115 F-35, con más de 180 aviones combinados previstos en torno a 2040. El programa también contribuirá a cerrar la brecha de los Ucas ('Uncrewed Combat Air Systems') mediante el desarrollo de sistemas auxiliares avanzados para la plataforma principal.
"Tenemos que equiparnos de cara a los próximos 10, 20 o 30 años para mantener la disuasión frente a Rusia y, más en general, para contener la asertividad rusa y china en varios cuadrantes regionales", explica Alessandro Marrone, responsable del programa de Defensa, Seguridad y Espacio del Istituto Affari Internazionali, un 'think tank' independiente, privado y sin ánimo de lucro.
El cambio de paradigma sobre el papel de las fuerzas armadas italianas juega a favor del programa Gcap. "En un mundo multipolar", observa Marrone, "es probable que se recurra a las fuerzas armadas italianas para misiones diferentes de las del pasado: ya no se trata solo de mantenimiento de la paz, lucha contra el terrorismo o estabilización.
La experiencia del programa F-35
El Programa Aéreo de Combate Global ha gozado hasta ahora de un consenso más amplio. En el caso del F-35, el modelo de cooperación estaba fuertemente sesgado hacia Estados Unidos, que asumió la mayor parte de los costes de investigación y desarrollo y mantuvo un papel central en las opciones tecnológicas y operativas del programa.
La escasa transferencia de tecnología y la presencia de cajas negras en el programa F-35 frustraron a los actores italianos, afirma el informe del Istituto Affari Internazionali, que añade: "Por el contrario**,** el compromiso del Gcap con laigualdad de acceso a la tecnología (...) coincide con la insistencia italiana en la soberanía operativa. Las cajas negras indican aquellos componentes, sistemas o software de los aviones cuyo funcionamiento interno ni Italia ni otros socios pueden ver o modificar.
En la práctica son partes cerradas, controladas por Estados Unidos, que impiden a los países socios intervenir directamente en la tecnología, el mantenimiento avanzado o las actualizaciones, limitando así la soberanía tecnológica y el control industrial de los socios.
El Gcap se basa, por tanto, en un enfoque diferente: la ausencia de Washington garantiza a Roma una mayor autonomía operativa y tecnológica, mientras que la participación igualitaria de Italia, con un 33,3% a la par que el Reino Unido y Japón, asegura unos rendimientos industriales sensiblemente superiores a los del pasado. Se trata de un cambio de rumbo respecto a programas anteriores en los que Italia tenía una participación menor, por ejemplo, el 15% en el Tornado y el 21% en el Eurofighter.
La asociación equilibrada también refuerza el vínculo con Londres como socio europeo clave y abre una cooperación sin precedentes con Japón, ampliando el horizonte estratégico de Italia más allá del Mediterráneo hacia el indopacífico, en consonancia con el creciente interés de la OTAN por la región.
Industria, alianzas y política
A nivel industrial, Italia participa en el Programa Aéreo de Combate Global a través de Leonardo, que trabaja junto a Bae Systems (Reino Unido) y Japan Aircraft Industrial Enhancement Co., Jaiec, empresa creada por Mitsubishi Heavy Industries. Las tres empresas han formado una 'joint venture' a partes iguales para desarrollar el sistema de combate de sexta generación y gestionar su evolución a largo plazo.
Dentro del programa, Leonardo desempeña el papel de Lead Systems Integrator (principal empresa responsable de coordinar el desarrollo global del sistema), mientras que Avio Aero y Elt Group participan como Lead Sub-Systems Integrators; también están implicados Mbda Italia y toda la cadena de suministro aeroespacial y de defensa nacional, incluidas las pequeñas y medianas empresas, los centros de investigación y el mundo universitario.
El Gcap ofrece una importante oportunidad para la tecnología italiana, pero sigue habiendo retos significativos: inversión limitada en sectores clave y dificultades para implicar a los agentes civiles y a los centros de investigación en un programa altamente clasificado. Para afrontarlos, el Ministerio de Defensa lanzó en abril de 2023 la Iniciativa de Aceleración del Gcap, con el objetivo de reforzar la cooperación entre la industria, las universidades y los organismos de investigación.
Estados Unidos está desarrollando dos programas distintos para aviones de nueva generación, mientras que Francia, Alemania y España han lanzado el Fcas (Future Combat Air System), un programa trilateral que incluye un avión pilotado, drones armados y una "nube de combate" integrada.
A pesar del compromiso político e industrial, el proyecto ha tropezado con importantes dificultades: la cooperación franco-alemana ha resultado compleja e, incluso con la entrada de España, persisten los retrasos y las incertidumbres sobre el calendario.
La primera fase, financiada con unos 3.850 millones de euros hasta 2026, tiene como objetivo desarrollar y probar tecnologías clave, mientras que la siguiente prevé el desarrollo de un demostrador con unos 4.500 millones de euros, cuya entrada en servicio se estima en torno a 2040, cinco años después del Gcap .
Principales puntos críticos del Gcap para Italia
Según el Istituto Affari Internazionali, el Gcap es una inversión sin precedentes para Italia, pero también un banco de pruebas de alto riesgo. La complejidad del programa -que integra un caza de sexta generación, drones, redes de comunicación avanzadas y arquitecturas digitales abiertas- exige una coordinación constante entre la industria y las instituciones. La interoperabilidad con los Eurofighters y los F-35 y las continuas actualizaciones representan cruces delicados, capaces de convertirse en factores de fricción en lugar de multiplicadores de capacidades.
Un primer frente crítico se refiere a la gestión de la información clasificada. Muchas PYME y centros de investigación italianos no operan habitualmente con estos niveles de seguridad, con el riesgo real de que parte de la cadena industrial se quede al margen del programa, reduciendo su impacto global en el sistema del país.
También es fundamental la estanqueidad de la cadena de suministro. El Gcap requiere la integración de grandes grupos industriales, PYME y nuevas empresas de alta tecnología, manteniendo al mismo tiempo unos niveles muy elevados de calidad, seguridad y continuidad de las actividades.
En este marco, el capital humano se convierte en un factor decisivo: la disponibilidad de ingenieros y técnicos STEM cualificados y empleados de forma permanente condiciona directamente la credibilidad de la autonomía tecnológica de Italia.
Por último, pesa la incógnita de los recursos. El programa tiene un calendario apretado y requiere inversiones regulares y constantes en el tiempo. Los retrasos, la fragmentación de la financiación o las incertidumbres reglamentarias afectan al rendimiento industrial y a la maduración de las tecnologías clave.
Las normas que rigen el intercambio de componentes y las exportaciones también desempeñan un papel estratégico: la ausencia de un marco claro y compartido corre el riesgo de ralentizar la cooperación internacional, debilitando uno de los proyectos más ambiciosos jamás emprendidos por la Defensa italiana.