La medida también concede una licencia general para aquellas empresas energéticas sin presencia en la Faja del Orinoco. Cuatro de las cinco compañías autorizadas son europeas.
Ya es oficial. Repsol se encuentra entre las cinco compañías autorizadas por la Administración Trump para explotar y refinar petróleo y gas en Venezuela, así como para suministrar bienes, servicios o tecnología a las plantas o plataformas que se encarguen de ello. Junto a ella, Estados Unidos también autoriza a las británicas Shell y BP, la italiana Eni y a la norteamericana Chevron a reanudar sus operaciones en el Estado sudamericano.
El breve documento publicado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) no permite, sin embargo, el desbloqueo de cualquier bien en manos del Gobierno venezolano, tras décadas de expropiaciones por parte del Ejecutivo chavista. Tampoco autoriza a las empresas a realizar ninguna transacción económica que involucre a buques sancionados, así como vinculadas con Rusia, China, Irán, Corea del Norte o Cuba.
El Gobierno republicano, además, ha emitido otra licencia que permite a empresas de todo el mundo firmar contratos para nuevas inversiones en el sector petrolífero y gasístico venezolano.
La medida se adopta formalmente mientras el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, concluía una visita de 72 horas en Venezuela para reunirse con representantes de Chevron y de la cúpula política chavista, entre ellos, la propia presidenta interina, Delcy Rodríguez. Hay que remontarse a 2001, bajo la presidencia de Bill Clinton, para encontrar una visita a Caracas centrada en materias primas y energía por parte de un antecesor de Wright en el cargo.
Rodríguez se reunió hace una semana con ejecutivos de Repsol y de la francesa Maurel & Prom -la cual no se encuentra en el listado estadounidense- una semana después de que la Asamblea Nacional aprobara la reforma de la ley de hidrocarburos que facilitaba las exportaciones de crudo por parte del lado venezolano.
La empresa española, con presencia en Venezuela desde los años 90, es considerada por la ONG InfluenceMap como responsable del 0,23% de las emisiones globales de CO2 desde 1854 (o lo que es lo mismo, de ser la 54ª empresa más contaminante de la historia).