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Un nacimiento inesperado da esperanza a una tribu amazónica al borde de la extinción

Babawru Akuntsu descansa junto a su bebé en Vilhena, Brasil, nueve dic 2025. | ARCHIVO Ganado en una zona talada ilegalmente cerca de Jaci-Parana, julio 2023.
Babawru Akuntsu con su bebé en Vilhena, Brasil, el nueve de diciembre de 2025. | ARCHIVO Ganado en área talada ilegalmente cerca de Jaci Parana, Brasil, julio de 2023. Derechos de autor  Altair Algayer/Funai via AP | AP Photo/Andre Penner, File
Derechos de autor Altair Algayer/Funai via AP | AP Photo/Andre Penner, File
Por Gabriela Sá Pessoa con AP
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Con solo tres mujeres aún con vida, los Akuntsu quedaron diezmados por una apropiación de tierras en la Amazonia respaldada por el Gobierno.

Pugapia y sus hijas Aiga y Babawru vivieron durante años como las únicas supervivientes de los Akuntsu, un pueblo indígena diezmado por una ofensiva, respaldada por el Estado, para explotar partes de la selva amazónica. A medida que envejecían sin un hijo que diera continuidad al linaje, muchos daban por hecho que los Akuntsu desaparecerían cuando murieran estas mujeres.

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Eso cambió en diciembre, cuando Babawru, la menor de las tres, de unos 40 años, dio a luz a un niño. La llegada de Akyp trajo esperanza no solo para la continuidad de los Akuntsu, sino también para los esfuerzos de protección de la igualmente frágil selva tropical.

"Este niño no es solo un símbolo de la resistencia del pueblo Akuntsu, también es una fuente de esperanza para los pueblos indígenas", afirma Joenia Wapichana, presidenta del organismo de protección indígena de Brasil, conocido como Funai. "Representa hasta qué punto es imprescindible el reconocimiento, la protección y la gestión de esta tierra".

La protección de los territorios indígenas se considera una de las maneras más eficaces de frenar la deforestación en la Amazonia, la mayor selva tropical del planeta y un regulador clave del clima global.

Los investigadores advierten de que la pérdida continuada de masa forestal podría acelerar el calentamiento global. Un análisis de 2022 de MapBiomas, una red de organizaciones no gubernamentales que siguen el uso del suelo, concluyó que los territorios indígenas de Brasil habían perdido solo un 1% de la vegetación nativa en tres décadas, frente a un 20% en las tierras privadas de todo el país.

En el estado de Rondonia, donde viven los Akuntsu, se ha talado en torno a un 40% del bosque nativo, y lo que queda prácticamente intacto se concentra sobre todo en áreas de conservación e indígenas. Las tierras de los Akuntsu destacan en las imágenes de satélite como una isla de selva rodeada de pastos para ganado y de campos de soja y maíz.

En los años ochenta, el impulso agrícola desató ataques en Rondonia

La deforestación de Rondonia se remonta a una estrategia, respaldada por el Gobierno, para ocupar la selva durante el régimen militar de Brasil en los años setenta. En la misma época, un programa de infraestructuras financiado en parte por el Banco Mundial fomentó la migración interna hacia la Amazonia, incluida la construcción de una carretera asfaltada que atravesaba el estado.

En los años ochenta, la población de Rondonia más que se duplicó, según los datos del censo. A los colonos se les prometían títulos de propiedad si desmontaban la selva para dedicarla a la agricultura y se arriesgaban a perder sus reclamaciones si había pueblos indígenas en la zona, lo que alimentó ataques violentos de pistoleros a sueldo contra grupos indígenas como los Akuntsu.

Funai estableció el primer contacto con los Akuntsu en 1995 y encontró a siete supervivientes. Los expertos creen que una década antes eran unas 20 personas, cuando fueron atacadas por ganaderos que querían apropiarse de la zona. Los agentes de Funai hallaron indicios del asalto y, cuando pudieron hablar con los Akuntsu, los supervivientes relataron lo sucedido. Algunos aún tenían heridas de bala.

El último hombre Akuntsu murió en 2017. Desde entonces, Babawru ha vivido con su madre, Pugapia, y con su hermana, Aiga. Las mujeres, cuya edad exacta se desconoce, han optado por mantenerse aisladas del mundo no indígena y muestran poco interés por él.

En 2006, Funai concedió protección territorial a los Akuntsu y creó la Tierra Indígena Río Omere, que desde entonces comparten con el pueblo Kanoe. Ambos grupos, antaño enemigos, empezaron a mantener contacto, por lo general con la mediación de funcionarios. La relación es compleja, combina la cooperación con profundas diferencias culturales y barreras lingüísticas.

Associated Press solicitó a través de Funai una entrevista facilitada con las mujeres, pero el organismo no respondió.

Amanda Villa, antropóloga del Observatorio de Pueblos Aislados, explica que las mujeres Akuntsu dependen de los hombres Kanoe para tareas consideradas masculinas, como la caza o la apertura de campos de cultivo. Ambos pueblos también han intercambiado conocimientos espirituales, el actual líder espiritual Kanoe, por ejemplo, aprendió del difunto patriarca Akuntsu.

Pero el hecho más determinante para el futuro de los Akuntsu puede haberse producido el año pasado, cuando Babawru se quedó embarazada de un hombre Kanoe.

La lingüista Carolina Aragon es la única persona externa capaz de comunicarse con las tres mujeres, tras años estudiando y documentando su lengua. Colabora estrechamente con Funai y traduce casi a diario las conversaciones mediante videollamadas. Aragon también acompañó a distancia a Babawru durante el parto y estuvo con ella durante una ecografía que confirmó el embarazo.

Aragon cuenta que Babawru quedó desconcertada por la noticia. "Dijo: '¿Cómo puedo estar embarazada?'", recuerda. Babawru siempre había tomado precauciones para no quedarse embarazada.

ARCHIVO - Unas reses caminan por una zona deforestada ilegalmente en una reserva extractiva cerca de Jaci-Parana, en el estado de Rondonia, Brasil, el 12 de julio de 2023.
ARCHIVO - Unas reses caminan por una zona deforestada ilegalmente en una reserva extractiva cerca de Jaci-Parana, en el estado de Rondonia, Brasil, el 12 de julio de 2023. AP Photo/Andre Penner, File

El colapso social marcó las decisiones de los Akuntsu

Las mujeres Akuntsu supervivientes habían decidido que no serían madres. La decisión obedecía no solo a la ausencia de otros hombres en su comunidad, sino también a la convicción de que su mundo estaba desestructurado, unas condiciones que consideraban inadecuadas para criar a un niño.

"Esta decisión se puede vincular directamente al contexto de violencia que vivieron", señala Villa, la antropóloga. "Tienen una visión en cierto modo catastrófica".

Los Akuntsu consideraban que no podían traer una nueva vida a un mundo sin hombres Akuntsu que pudieran no solo desempeñar, sino también enseñar las tareas que el grupo considera responsabilidades masculinas, como la caza o el chamanismo.

"El derrumbe de las relaciones sociales tras el genocidio marcó sus vidas y se fue profundizando con el paso de los años. Eso lleva a la gente a pensar, y repensar, el futuro", afirma Aragon. "Pero el futuro puede sorprender a cualquiera. Nació un niño".

Aragon asegura que las mujeres han iniciado un "nuevo capítulo", han optado por acoger al niño y adaptar sus tradiciones con el apoyo de los Kanoe y de Funai. Villa añade que el hecho de que el recién nacido sea un varón abre la posibilidad de recuperar papeles masculinos como el de cazador.

Los investigadores y funcionarios que llevan años trabajando con las tres mujeres entendían que la protección del territorio dependía de la supervivencia de los Akuntsu como pueblo. Trataron de evitar que se repitiera lo ocurrido con Tanaru, un indígena que fue descubierto tras vivir solo y sin contacto durante décadas.

Tras su hallazgo, las autoridades tuvieron dificultades para proteger el territorio de Tanaru. Después de su muerte en 2022, grupos no indígenas empezaron a disputar esas tierras. A finales del año pasado, el Gobierno federal logró por fin asegurar la zona y la convirtió en una unidad de conservación protegida.

Wapichana, de Funai, afirma que el hijo de Babawru "es la esperanza de que la próxima generación incluya de verdad a una persona indígena, a un Akuntsu, que garantice la continuidad de este pueblo".

Tras años de trabajo minucioso, Funai consolidó la protección territorial de los Akuntsu y contribuyó a estrechar la relación con los Kanoe. El organismo también gestionó apoyo espiritual de un chamán aliado, lo que permitió a las mujeres sentirse seguras para traer una nueva vida al mundo después de décadas de miedo y pérdidas.

Los Akuntsu mantienen vínculos emocionales con la selva y con las aves. Ahora refuerzan esos lazos con una nueva vida humana en su mundo.

"¿Qué tipo de relación tendrá este niño con su propio territorio?", se pregunta Aragon. "Espero que sea la mejor posible, porque allí tiene todo lo que necesita".

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