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Oriente Medio se acerca a una grave crisis de agua por los ataques a desaladoras y la contaminación

ARCHIVO - Humo y llamas tras el impacto de restos de un dron iraní interceptado en una planta petrolera de Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, el tres de marzo de 2026.
ARCHIVO - Incendio y humo tras el impacto de restos de un dron iraní interceptado en la instalación petrolera de Fuyaira, Emiratos Árabes Unidos, el tres de marzo de 2026. Derechos de autor  AP Photo/Altaf Qadri
Derechos de autor AP Photo/Altaf Qadri
Por Angela Symons & Annika Hammerschlag, Seth Borenstein and Jennifer McDermott con AP
Publicado Ultima actualización
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Los ataques a infraestructuras energéticas y desaladoras, junto con lluvias contaminadas tras los bombardeos, amenazan con desencadenar una grave crisis de agua en Oriente Medio.

Una "lluvia negra" cayó sobre Irán el fin de semana, después de que ataques de Estados Unidos e Israel alcanzaran depósitos de petróleo.

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Además de los precursores de la lluvia ácida, dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno, las columnas de contaminantes probablemente contienen un cóctel de hidrocarburos, partículas PM2,5 y compuestos cancerígenos, según Gabriel da Silva, profesor asociado de ingeniería química en la Universidad de Melbourne. Metales pesados y compuestos inorgánicos procedentes de las infraestructuras alcanzadas por las explosiones también pueden estar presentes.

Sobre el terreno, la población ha reportado dificultades para respirar y sensación de quemazón en ojos y garganta. Pero los riesgos para la salud a largo plazo van desde el cáncer y las complicaciones en el embarazo hasta trastornos neurológicos y cardiacos. A medida que los contaminantes se depositan sobre los edificios y se filtran a las vías fluviales, pueden persistir mucho después de que se apaguen los incendios, amenazando a la vida marina en un ecosistema ya muy presionado.

Las plantas desalinizadoras hacen más vulnerables a los países de Oriente Medio

La contaminación es solo una de las muchas amenazas para el suministro de agua de Irán y de los países vecinos. Los ataques han alcanzado plantas desalinizadoras en Oriente Medio, que producen agua dulce a partir del agua salada del mar y abastecen a muchas de las grandes ciudades de la región, lo que las convierte en un punto clave de vulnerabilidad en tiempos de guerra.

"Todo el mundo piensa en Arabia Saudí y en sus vecinos como petroestados. Pero yo los llamo reinos del agua salada", explica Michael Christopher Low, director del Middle East Center de la Universidad de Utah. "Son superpotencias hídricas creadas por el ser humano y alimentadas por combustibles fósiles. Es a la vez un logro monumental del siglo XX y una forma particular de vulnerabilidad".

Irán afirma que Estados Unidos ha sentado un "precedente" después de que un ataque aéreo dañara una planta desalinizadora iraní, recortando el suministro de agua a 30 aldeas.

El domingo, Irán fue acusado de haber dañado una planta desalinizadora en Baréin. Dado que muchas plantas desalinizadoras del Golfo están físicamente integradas en centrales eléctricas como instalaciones de cogeneración, los ataques contra la infraestructura eléctrica también podrían dificultar la producción de agua.

Una grave crisis de agua podría estar cerca

Aunque Irán depende menos de la desalinización que los estados vecinos, ya que obtiene la mayor parte de su agua de ríos, embalses y acuíferos subterráneos, estos están agotados tras cinco años de sequía.

El país se apresura a ampliar la desalinización en su costa sur y a bombear parte de esa agua hacia el interior, pero las limitaciones de infraestructura, los costes energéticos y las sanciones internacionales han frenado de forma drástica su expansión.

"Ya el verano pasado se plantearon evacuar la capital", señala Ed Cullinane, editor para Oriente Medio de Global Water Intelligence. "No me atrevo a imaginar cómo será este verano bajo fuego sostenido, con una catástrofe económica en curso y una grave crisis de agua".

Interrupción del suministro de petróleo y energías renovables

Mientras refinerías bombardeadas y rutas marítimas interrumpidas paralizan a las economías dependientes del petróleo, la experiencia histórica sugiere que el impulso inmediato será recurrir a combustibles más sucios.

Tras la invasión rusa de Ucrania, algunos países europeos recurrieron al carbón, mientras que otros pagaron un sobreprecio por gas natural licuado estadounidense transportado a través del Atlántico.

Con el cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, los petroleros se han visto obligados a rodear África, lo que dispara las emisiones del transporte marítimo y el riesgo de vertidos de crudo en rutas alternativas ya congestionadas.

El cierre también amenaza el suministro de alimentos. Aproximadamente un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa por el estrecho y, con los precios del petróleo disparados, también aumentan los costes de la agricultura y del transporte de alimentos.

Sin embargo, la crisis también refuerza los argumentos a favor de una mayor autonomía alimentaria y energética cerca de casa.

"Las energías renovables de producción local nunca han sido tan baratas, accesibles ni fáciles de ampliar", afirma el secretario general de la ONU, António Guterres. "Los recursos de la era de la energía limpia no pueden ser bloqueados ni utilizados como arma".

Las consecuencias climáticas de la guerra

Sea cual sea la opción energética que adopten los países, la guerra en sí misma disparará las emisiones. La guerra de Rusia en Ucrania, que entra ya en su cuarto año, ha emitido hasta ahora la asombrosa cifra de 311 millones de toneladas de CO2 equivalente.

Y los informes muestran que, incluso antes de la invasión de Irán, las fuerzas armadas de todo el mundo son responsables del 5,5% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero del planeta, más que cualquier país salvo China, Estados Unidos e India.

Neta Crawford, cofundadora del proyecto Costs of War en el Watson Institute for International and Public Affairs de la Universidad Brown, señala que los cazas que consumen cantidades ingentes de combustible y liberan dióxido de carbono y otros contaminantes son solo un ejemplo.

"Las consecuencias de la guerra sobre las emisiones superarán con creces cualquier reducción marginal debida a un mayor entusiasmo por la transición ecológica", afirma.

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