El científico Kaveh Madani, actual director en la ONU, ha sido galardonado con el Nobel del agua. Tras ser acusado de terrorismo por el Gobierno de Irán y verse obligado al exilio, el premiado más joven de la historia advierte ahora que el planeta ha entrado en una era de "quiebra hídrica".
Al crecer en el Teherán posterior a la revolución, Kaveh Madani estuvo expuesto desde su nacimiento a la escasez de agua y a unas infraestructuras castigadas por la guerra.
Que le hayan concedido el prestigioso Premio del Agua de Estocolmo, conocido como el Nobel del Agua, con solo 44 años parece casi cosa del destino.
Pese a ser el galardonado más joven de la historia del premio, la trayectoria de Madani ha sido larga y sinuosa. Tras renunciar a una consolidada carrera académica en Europa para regresar a su país como número dos del Ministerio de Medio Ambiente de Irán, pronto se vio obligado a exiliarse, señalado como enemigo del Estado.
Tras ser tildado en su día de "terrorista del agua", hoy es director del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), el 'laboratorio de ideas sobre el agua' de la ONU, desde donde comparte su experiencia con Gobiernos de todo el mundo.
Madani es el primer alto cargo de la ONU y el primer exresponsable político que recibe este premio en sus 35 años de historia.
La quiebra hídrica: los fallos sistémicos de la gestión mundial del agua
Más allá de su historia personal, la contribución quizá más importante de Madani a la ciencia global del agua sea el concepto de quiebra hídrica, un término que acuñó para sustituir la expresión, mucho más utilizada, "crisis del agua".
Su argumento es sutil pero relevante, una crisis implica un sobresalto temporal del que es posible recuperarse. La quiebra, en cambio, es una situación de fallo sistémico y quizá también un punto de no retorno.
En un informe histórico de la ONU publicado en enero de 2026, afirmó que el planeta ha entrado ya en la era de la quiebra hídrica global, con muchas cuencas fluviales y acuíferos que han perdido la capacidad de volver a sus condiciones históricas.
De 'terrorista del agua' a galardonado con el 'Nobel del Agua'
Pero criticar los fallos sistémicos de Irán le salió caro a Madani.
La mala gestión del agua en el país es una cuestión políticamente muy delicada, ya que los cultivos muy consumidores de agua se consideran necesarios para la seguridad nacional frente a las sanciones internacionales.
La defensa del medio ambiente que hace Madani le llevó a verse atrapado en la represión de 2018 del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) contra expertos medioambientales iraníes.
Los medios afines al régimen le etiquetaron como terrorista del agua y bioterrorista y le acusaron de utilizar proyectos de agua y medioambientales como tapadera para el espionaje extranjero.
Madani se vio obligado a dimitir de su cargo en el Gobierno y a huir del país ese mismo año. Su colega, el conservacionista Kavous Seyed Emami, murió bajo custodia en circunstancias sospechosas.
Después de ignorar sus advertencias, Irán sigue enfrentándose a una crisis del agua cada vez más grave, que a comienzos de este año provocó cortes de suministro y nuevas protestas. El estallido de la guerra contra Irán no hace sino agravar el desastre, con contaminantes filtrándose a los cursos de agua y con las infraestructuras de desalación de toda la región amenazadas.
El científico del agua más seguido del mundo
Con casi un millón de seguidores en redes sociales, la voz de Madani no pasa desapercibida en todo el mundo.
Mediante documentales, campañas digitales virales y una narrativa accesible, ha traducido complejos datos hidrológicos en contenidos que han movilizado a toda una generación de jóvenes activistas climáticos.
Esta convicción de que la gente corriente debe formar parte de la solución también marca su enfoque científico. La mayoría de los modelos de gestión del agua presuponen que agricultores, Gobiernos y promotores cooperarán para encontrar la solución más equitativa, pero Madani sostiene que rara vez ocurre así en la práctica.
Cuando un agricultor no sabe si su vecino va a reducir el consumo de agua, por ejemplo, no tiene ningún incentivo para reducir el suyo. Ambos acaban tomando más de lo que necesitan y el recurso compartido colapsa.
Al aplicar la teoría de juegos, "las matemáticas de la cooperación y el conflicto", como la definió en su día Madani en una entrevista con Reuters, a la gobernanza del agua, sus modelos incorporan esta realidad y resultan mucho más útiles para los responsables públicos que tienen que gestionar conflictos reales por el agua.
En su papel de alto cargo de la ONU, Madani defiende en los máximos foros que el agua sea un pilar central de las negociaciones climáticas mundiales, porque la considera la columna vertebral de la paz, la seguridad y la sostenibilidad.