Superhéroes, música épica y videojuegos se mezclan con imágenes reales de la guerra en Oriente Próximo en los vídeos difundidos desde EE.UU. La propaganda no es nueva, pero la era digital multiplica su impacto y plantea nuevos retos en la batalla por el control de la información.
Si el conflicto en Oriente Próximo se libra en el campo de batalla, las palabras y las imágenes también se convierten en armas en el terreno de la información. Para el Gobierno estadounidense, la guerra se describe a menudo con imágenes impactantes y una narrativa muy marcada, como muestran los distintos vídeos publicados en las redes sociales oficiales de la actual Administración.
Un ejemplo es un vídeo que mezcla escenas de películas de Hollywood con imágenes de supuestos ataques reales perpetrados por Estados Unidos en suelo iraní.
'Justice the American Way' (Justicia al estilo estadounidense) es el texto que acompaña al vídeo publicado en la cuenta oficial de Instagram de la Casa Blanca. Un eslogan contundente, escrito en mayúsculas para intensificar el mensaje de aparente justicia y justificación del conflicto en curso. Guerra y entretenimiento se funden así en un producto final difundido a través de un medio rápido, directo y de gran alcance.
"Esta Administración estadounidense, de hecho, tiene un discurso muy heroico, siempre victorioso", explicó a 'Euronews' Nelson Ribeiro, profesor universitario y actual vicerrector de la Universidad Católica Portuguesa.
"Al mismo tiempo, hay una especie de compensación de ese discurso poco elaborado mediante una retórica muy marcada por los eslóganes y el entretenimiento: se construye la narrativa del héroe, del conquistador, acompañada no solo de palabras, sino también de imágenes que ilustran esta forma de comunicar la guerra".
La publicación generó incluso cierta polémica. Actores cuyas imágenes aparecían en el vídeo, como Ben Stiller, protagonista de la película de 2008 'Tropic Thunder', o Steve Downes, que interpreta al protagonista de 'Halo', aseguraron no haber dado permiso para su uso y exigieron la retirada del contenido.
En la red social X, Ben Stiller declaró que no tenía "ningún interés en formar parte de la propaganda" de la Casa Blanca. "La guerra no es una película", escribió.
El vídeo es solo uno de los decenas de ejemplos que ilustran la aparente estrategia de comunicación de la Casa Blanca, al menos en el ámbito digital. Montajes que combinan imágenes reales de explosiones con héroes de acción del cine, escenas de videojuegos e incluso deportes como el fútbol americano o el béisbol, donde un impacto se transforma rápidamente en un ataque exitoso en suelo iraní.
El lenguaje visual deja poco margen a la interpretación. El contenido favorece mensajes rápidos, visuales y cargados de emoción, en los que la acción militar aparece como necesaria, legítima e incluso inevitable.
No parece haber espacio para contextos complejos, implicaciones geopolíticas o consecuencias humanitarias. Con vídeos cortos e impactantes, la narrativa se reduce a algo simple y binario, en el que el bien y el mal se presentan como polos opuestos sin matices.
La propaganda y el intento de controlar la narrativa son casi tan antiguos como la guerra misma.
"En tiempos de guerra siempre ha habido desinformación, desde la Antigüedad clásica. Es una herramienta muy importante para intentar derrotar al enemigo, desmoralizarlo y hacer que la opinión pública se vuelva en su contra. Todo esto responde, una vez más, al manual clásico de la propaganda", explica Nelson Ribeiro. Sin embargo, considera que los formatos actuales introducen elementos novedosos.
"Quizá la mayor novedad, y también la sorpresa, son los vídeos del Gobierno estadounidense que mezclan imágenes reales con escenas de videojuegos o películas. Hoy en día resulta cada vez más difícil distinguir entre realidad y ficción", añade.
En las redes sociales, la guerra adquiere otra dimensión: la del espectáculo. Una fusión entre el ámbito militar y el entretenimiento que incluso tiene su propio término: 'militainment'. Aunque no existe una traducción directa, podría definirse como una combinación de lo militar y el entretenimiento.
Guerra o entretenimiento
"Existe una larga tradición de lo que se denomina 'militainment', que consiste en producir contenidos de entretenimiento que simulan la actividad militar", explica Ribeiro. "Sabemos, por ejemplo, que la industria de Hollywood mantiene una relación estrecha con las Fuerzas Armadas estadounidenses para crear contenidos que, en cierto modo, romantizan la actividad militar, desde clásicos como 'Top Gun' hasta producciones más recientes".
La presencia de imágenes militares en los medios tampoco es nueva. "La Guerra del Golfo, en los años 90, marcó un punto de inflexión en la forma en que el Ejército estadounidense proporcionaba imágenes de alta calidad a los medios internacionales", señala.
A este fenómeno se suma otro: la llamada 'gamificación' del conflicto, en la que se aplican lógicas propias de los videojuegos a la forma en que se comunican y perciben las guerras.
"Las operaciones militares se presentan casi como si fueran un juego o una forma de entretenimiento", subraya Ribeiro. "Esto es, en cierto modo, una continuación de la estrategia comunicativa de esta administración, que utiliza un lenguaje pobre en contenido, pero lo compensa con grandes eslóganes, imágenes y recursos con alto valor de entretenimiento".
La estrategia parece clara, especialmente en la actual Administración liderada por Donald Trump, "una figura profundamente mediática". "Está convencido de que, mientras la gente está entretenida, no piensa en lo realmente importante", afirma.
"A menudo, ni siquiera hay tiempo para reflexionar. Cuando la atención empieza a centrarse en un tema, surge otro nuevo escándalo que la desvía inmediatamente. La acumulación de polémicas reduce la capacidad de la opinión pública para analizar en profundidad lo que ocurre".
Propaganda en la era digital: el límite del sentido común
Este tipo de comunicación no es exclusivo de Estados Unidos. Israel también ha difundido vídeos con un tono humorístico que refuerzan una narrativa similar. En uno de ellos, publicado por las Fuerzas de Defensa de Israel en X, suena la canción 'Macarena' mientras se presenta la alianza con Estados Unidos.
La propaganda tampoco es exclusiva de un solo bando. Irán ha respondido con contenidos similares, incluyendo vídeos generados con inteligencia artificial en los que personajes al estilo Lego representan a Donald Trump y Benjamín Netanyahu, incorporando referencias a ataques recientes o incluso al caso Epstein.
El vídeo fue producido por el instituto estatal iraní Revayat-e Fath, emitido en la televisión nacional y posteriormente difundido en canales digitales que amplifican su alcance.
"El entorno digital amplifica tres factores: la velocidad, la escala y la emoción", explica José Pedro Mozos, consultor y director de Asuntos Públicos de la agencia ALL Comunicação. "Esto refuerza narrativas que apelan a lo emocional y a la identidad de las naciones implicadas".
"El objetivo no es tanto demostrar la verdad, sino lograr que la gente crea una determinada versión de los hechos o, al menos, generar confusión sobre qué es cierto", añade. Además, las redes sociales permiten a líderes y responsables políticos comunicarse directamente con la ciudadanía, evitando la intermediación tradicional de los medios.
Lo digital facilita la difusión, pero también plantea desafíos en cuanto a la veracidad, especialmente con el auge de la inteligencia artificial. "Si con lo digital ya era fácil, con la inteligencia artificial es instantáneo. Basta pulsar un botón para generar imágenes, lo que multiplica la desinformación y su alcance", advierte Ribeiro.
"Desde el punto de vista moral y ético, plantea muchos problemas. Pero, desgraciadamente, es el camino que se está siguiendo". La batalla informativa se convierte así en otro frente de la guerra, donde lo importante no es tanto la verdad como la capacidad de imponer una narrativa.
"Lo preocupante es que ya no solo discutimos distintas interpretaciones de un mismo hecho, sino que cada vez más se cuestionan los propios hechos. Ya no hablamos de percepciones diferentes, sino de 'mi verdad' frente a la de otros", concluye Mozos. "El límite debería ser el sentido común, pero, por desgracia, no es lo que está guiando ni la comunicación ni la acción política en los últimos tiempos".