La reciente ofensiva diplomática de Egipto se produce en un momento en que los países de la región tratan de contener las repercusiones de la guerra, con Estados del Golfo bajo amenaza y líderes centrados en evitar una escalada mayor.
Egipto se ha vuelto más activo en el plano diplomático en los últimos días, en medio de una escalada de tensiones tras una nueva oleada en el conflicto que implica a Irán, Israel y Estados Unidos. Ha mantenido contactos con dirigentes del Golfo y ha pedido una desescalada.
Las visitas esta semana del presidente Abdel Fattah el Sisi a Emiratos Árabes Unidos y Qatar han subrayado el esfuerzo de El Cairo por mostrar solidaridad con los países del Golfo bajo ataque, insistiendo en que su seguridad forma parte de la de Egipto.
Esta ofensiva diplomática llega en un momento en que las tensiones se han vuelto más peligrosas, con ataques que se extienden a infraestructuras energéticas y una creciente preocupación por un posible contagio al resto de la región.
El Cairo ha condenado lo que ha calificado de ataques iraníes "inaceptables e injustificados" contra países del Golfo, al tiempo que mantiene contactos con actores regionales e internacionales en un intento de contener la situación.
Egipto también ha mantenido contactos con Irán, incluidas recientes llamadas entre el Sisi y responsables iraníes, como parte de los esfuerzos para contener la escalada.
Sin embargo, pese a este mayor compromiso, los analistas consideran que su papel sigue siendo limitado. "Egipto intenta demostrar que sigue siendo un actor relevante sin excederse", afirmó H. A. Hellyer, investigador sénior asociado en el think tank británico Royal United Services Institute.
Añadió que la visita a Doha muestra que El Cairo prefiere coordinarse con los países del Golfo antes que asumir un liderazgo en solitario. Definió esta postura como un compromiso táctico y añadió que Egipto se mantiene presente en la diplomacia regional, pero evita asumir compromisos que no puede cumplir.
Egipto se mantiene activo, pero sin liderar
Los últimos movimientos de Egipto se han centrado en la coordinación más que en el liderazgo.
El ministro de Exteriores, Badr Abdelatty, ha recorrido varias capitales del Golfo con un mensaje de solidaridad y la advertencia de que la región está a punto de "estallar" si el conflicto continúa. Al mismo tiempo, El Cairo ha recalcado que nadie le ha pedido intervenir militarmente.
En lugar de eso, Egipto parece querer presentarse como un enlace diplomático, manteniendo abiertos los canales con los países del Golfo, sus socios occidentales y, en menor medida, con Irán.
Pero eso no llega a constituir una mediación. "Egipto no tiene la capacidad de presión necesaria para una mediación significativa entre Israel e Irán", señaló Hellyer.
Agregó que el papel de Egipto se limita a facilitar la coordinación entre los Estados árabes y transmitir mensajes, y lo describió como "una labor útil de convocatoria, pero no de mediación".
Un delicado ejercicio de equilibrio
La postura de El Cairo refleja un delicado ejercicio de equilibrio. Por un lado, Egipto se ha alineado claramente con sus socios del Golfo, reiterando su apoyo a la seguridad de estos países y condenando los ataques contra su territorio.
Por otro lado, ha evitado una confrontación directa con Irán, y apuesta en cambio por retomar la vía diplomática y mantener abiertos los canales de comunicación. Esta actitud encaja en un enfoque regional más amplio, en el que los Estados intentan contener la crisis sin verse arrastrados directamente a ella.
"Los países del Golfo acogerán con satisfacción la alineación de Egipto, que refuerza la postura de cautela adoptada por el conjunto del mundo árabe", afirmó Hellyer. Añadió que este enfoque se basa en seguir implicado sin asumir grandes riesgos.
Para Israel, el papel de Egipto probablemente se perciba como más procedimental que sustantivo, mientras que es poco probable que Irán vea a El Cairo como un interlocutor creíble. "Egipto está gestionando percepciones, no determinando resultados", concluyó.