Hermano de Fidel Castro y figura clave del poder en Cuba durante décadas, el exmandatario vuelve al foco tras la acusación de Estados Unidos, en un contexto de creciente presión sobre el régimen.
La acusación formal anunciada esta semana por Estados Unidos contra el expresidente cubano Raúl Castro es el último episodio de la campaña de presión que la Administración Trump ha mantenido durante meses contra el Gobierno comunista de la isla. Castro fue acusado por su presunto papel en el derribo, en 1996, de dos avionetas operadas por el grupo Hermanos al Rescate, con sede en Miami. En ese momento, Castro era ministro de Defensa, mientras que su hermano, Fidel Castro, líder de la Revolución cubana y figura central de la política de la isla durante más de medio siglo, lideraba el país como presidente.
En la actualidad, a sus 94 años, Raúl Castro sigue siendo una figura central del poder cubano, incluso después de haber abandonado oficialmente la primera línea política. Hermano menor de Fidel Castro, ambos encabezaron la revolución que derrocó en 1959 al dictador Fulgencio Batista e instauró el sistema que aún gobierna la isla.
¿Quién es Raúl Castro?
Los hermanos Castro nacieron en Birán, en el oriente de Cuba, hijos de un terrateniente gallego emigrado a la isla. Fidel Castro se convirtió rápidamente en el rostro político e ideológico del movimiento revolucionario, mientras Raúl Castro asumió desde temprano un perfil más militar y organizativo. Ambos participaron en el asalto al cuartel Moncada en 1953, un intento fallido de insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista que terminó con su detención y posterior exilio en México.
Desde allí reorganizaron el movimiento y prepararon el regreso a Cuba. En 1956 desembarcaron en la isla a bordo del yate Granma junto a un pequeño grupo de insurgentes, entre ellos el argentino Ernesto 'Che' Guevara. Tras sufrir fuertes bajas iniciales, los supervivientes se replegaron en la Sierra Maestra, donde iniciaron una guerra de guerrillas que fue ganando apoyo popular, especialmente entre campesinos y sectores descontentos con la corrupción y la represión del régimen de Batista.
Durante los siguientes dos años, la guerrilla combinó acciones militares con una estrategia política y propagandística que debilitó progresivamente al Gobierno. A finales de 1958, el colapso del Ejército batistiano y la pérdida de apoyo interno llevaron a Batista a huir del país. El 1 de enero de 1959, las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana, consolidando la victoria.
Tras la toma del poder, Fidel Castro monopolizó durante décadas el liderazgo político de Cuba, primero como primer ministro y luego como presidente, transformando rápidamente el sistema político y económico del país. Raúl, por su parte, quedó a cargo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, convirtiéndose en ministro de Defensa en 1959, un cargo que ocupó durante casi medio siglo. Desde esa posición construyó gran parte del aparato militar y de inteligencia cubano y fue considerado el segundo hombre más poderoso del régimen.
La presidencia de Raúl Castro y el acercamiento con EE.UU.
Cuando la salud de Fidel comenzó a deteriorarse en 2006, Raúl asumió provisionalmente la presidencia y dos años más tarde fue nombrado oficialmente jefe de Estado. Aunque mantuvo intacto el sistema de partido único, impulsó una serie de reformas económicas limitadas destinadas a aliviar la crisis estructural de la isla. Bajo su mandato se amplió el espacio para pequeños negocios privados, se flexibilizaron restricciones para viajar al extranjero y aumentó el acceso de la población a internet y a teléfonos móviles.
Uno de los momentos más importantes de su presidencia llegó en 2014, cuando lideró junto al entonces presidente estadounidense Barack Obama el histórico deshielo diplomático entre Washington y La Habana. El acercamiento permitió la reapertura de embajadas y restableció relaciones diplomáticas después de más de medio siglo de hostilidad. Apenas dos años más tarde, ambos mandatarios escenificarían este acercamiento con un histórico encuentro en La Habana.
Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca revirtió buena parte de ese acercamiento. Trump endureció las sanciones económicas y volvió a colocar a Cuba en el centro de la confrontación ideológica regional.
El relevo generacional bajo control
En 2018, Raúl Castro cedió formalmente la presidencia a Miguel Díaz-Canel, un ingeniero electrónico y dirigente del Partido Comunista que se convirtió en el primer jefe de Estado cubano ajeno a la familia Castro desde 1959. Su designación fue presentada como un paso hacia el relevo generacional dentro del sistema, aunque cuidadosamente supervisado por la vieja guardia del castrismo.
El ascenso de Díaz-Canel no implicó una ruptura con el modelo político vigente. Por el contrario, su liderazgo se ha caracterizado por la continuidad en lo ideológico y en lo institucional, con el Partido Comunista manteniendo su papel central y sin apertura al pluralismo político. Durante sus primeros años en el poder, además, compartió protagonismo con Raúl Castro, que se mantuvo como primer secretario del Partido Comunista, el cargo de mayor influencia real en el sistema cubano, hasta 2021.
Incluso después de su retirada formal de ese puesto, muchos analistas coinciden en que Raúl Castro ha seguido ejerciendo una influencia decisiva desde la sombra, especialmente a través de su histórica relación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias, consideradas uno de los pilares fundamentales del poder en Cuba y con un peso clave también en sectores estratégicos de la economía.
¿La próxima Venezuela?
La actual ofensiva de Washington recuerda cada vez más a la estrategia aplicada recientemente contra Nicolás Maduro en Venezuela: presión judicial, sanciones económicas, aislamiento diplomático y una creciente amenaza de persecución internacional contra las élites gobernantes. La imputación contra Raúl Castro, por hechos ocurridos hace casi tres décadas, supone una escalada inédita en las históricamente tensas relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y refleja el intento de la Administración Trump de debilitar al núcleo histórico del castrismo.
La estrategia estadounidense combina ahora la presión económica sobre una Cuba sumida en una grave crisis energética y de abastecimiento con acciones judiciales dirigidas contra figuras simbólicas del régimen. Desde Washington, varios responsables han dejado entrever que el objetivo va más allá de exigir responsabilidades por el derribo de las avionetas en 1996 y apunta directamente a acelerar una transición política en la isla.