«Ese ‘por favor’ extra que añades puede marcar una gran diferencia», afirma uno de los autores del informe.
La huella ambiental de los centros de datos ya rivaliza con la de algunos de los países más grandes del mundo, según un informe de la Universidad de las Naciones Unidas publicado el 3 de junio.
Se prevé que su consumo de agua y de energía y la contaminación asociada se dupliquen en solo cuatro años a medida que aumenta el uso de la inteligencia artificial.
Buena parte del crecimiento de los centros de datos está impulsado por la IA. Alrededor del 20 % de la energía de estos centros se debe actualmente a la IA, pero esa proporción debería aumentar hasta el 40 % para 2030, según el informe.
Uno de los autores del informe aconseja que los usuarios de la IA pueden reducir el impacto climático de sus consultas si son menos corteses y más concisos al formularlas.
La mayoría de la gente, el 70 %, es educada con la IA cuando interactúa con ella, según una encuesta realizada por la editorial británica Future en 2024. Entre las personas encuestadas, el 55 % asegura que lo hace porque "es simplemente lo correcto", mientras que el 12 % afirma que es porque "cuando llegue la rebelión de los robots, no quiero ser el primero en la lista".
El consumo eléctrico equivale al de Argentina
El año pasado, los centros de datos de todo el mundo consumieron 448 billones de vatios hora de electricidad, más que todos los países del mundo salvo diez, según el informe. Ese consumo generó alrededor de 189 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cantidad similar a la de Argentina, y producir tanta energía requirió unos 4,5 billones de litros de agua, según el informe sobre las consecuencias ambientales del consumo energético de la IA.
De aquí a 2030, los centros de datos representarán casi el tres por ciento del consumo eléctrico previsto en el mundo, con 935 billones de vatios hora. Si los centros de datos fueran un país, se situarían como el sexto mayor consumidor de electricidad en 2030. Eso generaría casi 399 millones de toneladas de dióxido de carbono, señala el informe. El estudio se centró en el uso de energía y no analizó la enorme cantidad de agua que se emplea para refrigerar los centros de datos.
"Si se observan estas cifras, vemos magnitudes comparables a las de los Estados", afirma el coautor del estudio Kaveh Madani, científico especializado en recursos hídricos y director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas en Canadá. "La demanda es enorme".
Primer análisis global del impacto ecológico de los centros de datos
El informe es relevante por la credibilidad y la autoridad de la ONU, no solo por alguna cifra llamativa en particular, sostiene Fengqi You, profesor de ingeniería energética en la Universidad Cornell que dirige los trabajos sobre sostenibilidad de la IA en el centro.
"Su valor radica en que una institución de la ONU integra en un mismo marco las emisiones de carbono, el agua, el uso del suelo, los impactos durante todo el ciclo de vida y la justicia ambiental" en un tema que a menudo está rodeado de secretismo y de información parcial, explica You, que no participó en el informe.
"La ciudadanía debe estar preocupada, pero no entrar en pánico", añade.
Jean Su, directora del Programa de Justicia Energética en el Center for Biological Diversity, señala que el informe es importante porque es el primer informe de la ONU, e incluso a escala mundial, "que arroja luz sobre los daños ambientales de la IA".
El presidente de la National Artificial Intelligence Association, Caleb Max, subraya cómo su sector gana en eficiencia y cómo beneficia a la sociedad: "La IA está convirtiéndose rápidamente en parte de nuestra vida cotidiana y aportando ventajas que mejoran la seguridad, [ayudar a las personas a] vivir más tiempo, trabajar con mayor eficiencia, incrementar la producción de alimentos y reducir la pobreza. Las pruebas crecen cada día de que la energía que se recupera por cada unidad invertida en el desarrollo de la IA está transformando nuestro mundo y, por tanto, compensa con creces".
Josh Levi, presidente de la Data Center Coalition, asegura que el sector se toma en serio su impacto ambiental.
"Seguimos comprometidos a trabajar con los responsables políticos, las comunidades locales y nuestros socios del sector para garantizar que, a medida que los centros de datos sigan creciendo, lo hagan de forma responsable, transparente y siguiendo las mejores prácticas disponibles", afirmó en un comunicado.
El informe se publicó justo después de que la ciudad californiana de Monterey Park se convirtiera en la primera de Estados Unidos en votar el martes (2 de junio) una prohibición permanente de los centros de datos.
Cuánta energía consume una consulta y cómo reducirla
Madani, también ganador de la última edición del Premio del Agua de Estocolmo, afirma que las cifras evidencian el coste ambiental de la IA, que a primera vista puede parecer más limpia que otros dispositivos mecánicos, como coches y calderas, cuya contaminación es visible.
"La IA no es solo algo virtual. Estamos hablando de algo que obedece a las leyes físicas, que tiene impactos reales. Hay una infraestructura detrás. Hay energía que se consume", explica Madani. "Detrás de todas estas operaciones, que a nosotros nos parecen muy limpias porque no vemos salir humo de nuestros dispositivos, hay mucho hardware. En nuestro móvil no se ve humo, ni en nuestro ordenador ni en otros aparatos. Pero en algún otro lugar alguien está pagando el precio".
La gente puede reducir el enorme apetito energético de la IA siendo menos cortés y más concisa en sus consultas, señala Madani. El informe concluye que reducir en un 30 % el número de palabras en las peticiones puede disminuir en un 25 % la energía utilizada por la IA. Eso ahorraría aproximadamente la misma cantidad de electricidad que consumen en un año unas 700.000 personas en África, según el informe.
"Si eres demasiado educado, ese 'por favor' de más que añades puede marcar una gran diferencia", afirma Madani. "Hay que ser muy preciso y breve".
Una consulta típica de estilo ChatGPT consume aproximadamente 200 veces más energía que el tipo de clasificación básica de texto que utiliza, por ejemplo, un filtro de correo basura. Las imágenes o los vídeos generados por IA requieren mucha más energía.
Y cuanto más complejo es un sistema de IA, más energía necesita para entrenarse o aprender. Según el informe, GPT-3 empleó para su entrenamiento unos 1.300 millones de vatios hora, pero la versión siguiente utilizó entre 50.000 y 70.000 millones de vatios hora.
Pero no es el entrenamiento lo que realmente devora energía, señala la coautora del estudio Miriam Aczel, investigadora en políticas ambientales de la Universidad de las Naciones Unidas. Aproximadamente el 90 % del consumo energético de la IA procede de las peticiones durante su uso, afirma. Solo GPT suma 2.500 millones de solicitudes al día, añade.
La eficiencia sigue implicando más consumo de energía
Aunque los defensores de la tecnología pueden alegar que sus máquinas son cada vez más eficientes, existe una paradoja conocida según la cual, cuando algo se vuelve más eficiente, se utiliza con más frecuencia y el consumo total de energía se dispara aunque cada uso individual sea más eficiente, explica Madani.
Aunque algunas empresas presumen de utilizar energías renovables para sus centros de datos, Madani advierte de que eso implica agotar la oferta de electricidad limpia, de modo que en otros lugares se recurre a energía más sucia.
Uno de los problemas a la hora de realizar este estudio es que muchas empresas y regiones no son transparentes sobre cuánto consumen los centros de datos y la IA, ni siquiera sobre dónde están ubicados y qué tamaño tienen, señalan Aczel y Madani.
"No podemos gestionar aquello que las empresas no revelan", afirma You, de Cornell.