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El Niño: casi todo el mundo tendrá un verano más cálido de lo normal, alerta la OMM

ARCHIVO - Varias personas caminan por un tramo del río Amazonas que muestra signos de sequía, en Santa Sofía, en las afueras de Leticia, Colombia, el 20 de octubre de 2024.
ARCHIVO - Personas caminan por una zona del río Amazonas que muestra signos de sequía en Santa Sofía, en las afueras de Leticia, Colombia, 20 de octubre de 2024. Derechos de autor  AP Photo/Ivan Valencia
Derechos de autor AP Photo/Ivan Valencia
Por Angela Symons
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El Niño es un fenómeno meteorológico que se produce de forma natural, pero sus efectos son más graves debido al cambio climático.

El Niño llegará este verano con una probabilidad del 80 por ciento, según el último pronóstico de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y Europa debe prepararse para un calor más extremo, con algunas zonas en mayor riesgo de sequía e inundaciones.

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Durante la última semana, partes de Europa occidental han sufrido temperaturas primaverales récord debido a la formación de una potente cúpula de calor. Episodios como este probablemente serán más intensos, largos y frecuentes a medida que El Niño se afiance, y los científicos advierten de que podría prolongarse hasta 2028.

Aunque la intensidad del fenómeno meteorológico sigue siendo incierta, los modelos de la OMM apuntan a que será al menos moderado, y posiblemente fuerte, con un 90 por ciento de probabilidades de que se mantenga como mínimo hasta noviembre.

"El mundo debe tratarlo como la urgente señal de alarma climática que es. Las condiciones de El Niño avivarán el fuego de un planeta en calentamiento", afirma el secretario general de la ONU, António Guterres.

‘Prepararse para temperaturas más altas de lo normal’

Impulsado por unas aguas oceánicas inusualmente cálidas en el Pacífico tropical, se espera que El Niño no deje prácticamente ninguna región al margen, con temperaturas por encima de la media previstas en todo el planeta entre junio y agosto.

"Tenemos que prepararnos para un posible episodio de El Niño de gran intensidad, que agravará tanto las sequías como las lluvias torrenciales y aumentará el riesgo de olas de calor en tierra y en el océano", señala la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo.

El episodio más reciente de El Niño, en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó a que 2024 se convirtiera en el año más cálido del que se tiene constancia a escala mundial. Según el informe 'European State of the Climate 2024', publicado conjuntamente por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la OMM, Europa vivió ese año situaciones extremas y muy contrastadas, con un este sometido a un calor seco y abrasador y un oeste castigado por lluvias intensas e inundaciones.

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Este año, "los impactos serán aún más duros, llegarán aún más lejos y cruzarán fronteras a una velocidad devastadora", advierte Guterres.

La ONU ya ha advertido de que hay un 86 por ciento de probabilidades de que los próximos años superen el récord de calor de 2024, y los científicos del clima avisan de que se está gestando "toda una serie de fenómenos meteorológicos extremos" a medida que un fuerte episodio de El Niño choca con un calentamiento global cada vez más rápido.

Aunque se considera que el cambio climático no incrementa la frecuencia ni la intensidad de El Niño, sí puede amplificar sus efectos. Un océano y una atmósfera más cálidos aumentan la energía y la humedad disponibles para fenómenos extremos como las olas de calor y las lluvias torrenciales.

¿Cuánto puede durar El Niño?

Según las observaciones de la OMM, las temperaturas de la superficie del mar empezaron a acercarse a los umbrales de El Niño entre finales de abril y mediados de mayo de este año. En todo el Pacífico tropical, las temperaturas subsuperficiales se sitúan más de 6ºC por encima de la media, lo que supone un importante reservorio de calor que alimenta el calentamiento de la superficie.

Este potente patrón meteorológico de origen natural suele formarse cada dos a siete años y dura en torno a nueve a doce meses. Normalmente alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero, y sus efectos sobre las temperaturas globales suelen ser más acusados en el segundo año tras su aparición.

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Sus efectos varían en función de su intensidad y duración, del momento del año en que se desarrolla y de cómo interactúa con otras variables climáticas.

Para este año, la OMM prevé temperaturas por encima de la media en casi todo el mundo en junio, julio y agosto. Se anticipan precipitaciones por debajo de lo normal en el sur de Asia, el Gran Cuerno de África y Centroamérica, donde se esperan condiciones más secas y cálidas durante temporadas clave de cultivo y de lluvias.

"Los pronósticos estacionales anticipados y los sistemas de alerta temprana son vitales para salvar vidas y amortiguar el impacto sobre nuestras economías y nuestras comunidades", afirma Saulo. Es ahora cuando hay que tomar decisiones informadas, planificar y prepararse, añade la OMM.

Guterres reclama actuar sobre los factores de origen humano que intensifican los extremos climáticos y pide "poner fin a la adicción a los combustibles fósiles y acelerar la transición hacia las energías renovables".

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