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Europa meridional ante los incendios cíclicos: ¿existen soluciones?

Los bomberos trabajan para apagar un incendio forestal cerca de Blagon, en medio de los fuegos en el suroeste de Francia, miércoles 29 de julio de 2026.
Bomberos trabajan para extinguir un incendio en el bosque cerca de Blagon, durante los incendios en el suroeste de Francia, el miércoles 29 de julio de 2026. Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Derechos de autor Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Por Liam Gilliver
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Un importante nuevo estudio advierte de que Portugal, España, Francia, Italia y Grecia registran un tiempo cada vez más favorable a los incendios, que aumenta a 25 días durante el verano.

Los científicos han dado la voz de alarma ante una intensificación importante de las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios en el sur de Europa, mientras amplias zonas del continente siguen ardiendo. Varios incendios fuera de control han arrasado España y Francia en las últimas semanas, calcinando más de 120.000 hectáreas en ambos países y obligando a más de 300.000 personas a abandonar sus hogares.

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Se trata del mayor operativo de evacuación desde la Segunda Guerra Mundial y apunta a la peor temporada de incendios forestales desde que hay registros en Europa. Aunque los sistemas de respuesta de emergencia han contribuido a contener parte de la propagación, un incendio cuatro veces más grande que París amenazaba con reavivarse el miércoles en el suroeste de Francia, mientras que en la isla griega de Creta tres bomberos han muerto.

La capacidad de extinción del bloque tiene dificultades para seguir el ritmo de la creciente intensidad de los incendios, que se han vuelto tan potentes que han llegado a generar sus propias tormentas eléctricas. Mientras Europa se prepara para otra ola de calor, el temor a nuevos rebrotes de fuego sigue siendo elevado. Ahora, una nueva investigación arroja luz sobre cómo el continente está cada vez más expuesto a incendios forestales mortales.

¿Qué hay detrás del aumento del riesgo de incendios en Europa?

Un nuevo estudio, publicado hoy en la revista Scientific Reports, ha analizado los registros nacionales de incendios forestales de Portugal, España, Francia, Italia y Grecia junto con datos meteorológicos y climáticos entre 1981 y 2025.

Los investigadores han comprobado que en algunas zonas de Francia y España la intensidad de las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios (tiempo calurooso, seco y ventoso) ha aumentado hasta un 50% entre 2016 y 2025 en comparación con el periodo 1981-2010.

El número de días con "condiciones muy favorables para los incendios" también ha pasado de menos de diez días por verano entre 1981 y 2010 a unos 25 días durante la última década en zonas de cada uno de los países analizados. Los autores del informe señalan que la frecuencia de este tipo de tiempo refleja un aumento de los días cálidos y secos y está "vinculada a patrones climáticos de gran escala", entre ellos el fenómeno natural de El Niño.

Según el informe, "unas diferencias menores de presión atmosférica en el Atlántico norte coincidieron con un aumento de las condiciones favorables para los incendios en partes de Grecia, Italia, Córcega y España". El documento añade que "las anomalías de temperatura de la superficie del mar en el Pacífico tropical, asociadas a El Niño, precedieron episodios de tiempo favorable a los incendios en zonas del noroeste de la península ibérica, Sicilia y el sur de Grecia".

Conviene recordar que la mayoría de los episodios de El Niño han incrementado temporalmente la temperatura media global alrededor de 0,2ºC. Este efecto no es tan significativo como el del cambio climático provocado por el ser humano, debido a la quema de combustibles fósiles, que ha elevado la temperatura media de la superficie del planeta en aproximadamente 1,3-1,5ºC respecto a los niveles preindustriales.

Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S) de la UE, Europa es el continente que se calienta con mayor rapidez del planeta, con temperaturas que aumentan más del doble de rápido que la media mundial. Un análisis de atribución de la organización World Weather Attribution (WWA) concluye además que la reciente ola de calor de junio en Europa, en la que los termómetros alcanzaron los 40ºC en varios países, habría sido "prácticamente imposible" en 1976, hace solo 50 años.

Pese a ello, el número anual de incendios forestales durante los últimos diez años ha sido aproximadamente un 40% inferior al registrado entre 1981 y 2010 en los cinco países, lo que sugiere que las medidas de gestión del fuego están dando resultado, desde una mejor formación de los servicios de extinción hasta campañas de sensibilización más eficaces.

¿Cómo puede Europa reducir el riesgo de incendios forestales?

Si no se aborda el cambio climático, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles y avanzando hacia las energías limpias, las temperaturas globales seguirán aumentando y con ellas el riesgo de fenómenos extremos que alimentan los incendios. Pero existen numerosas prácticas que pueden ayudar areducir el riesgo. Entre ellas figuran las llamadas "quemas prescritas": prender fuego de forma controlada a una superficie determinada de terreno bajo condiciones meteorológicas supervisadas.

Se utilizan a menudo para eliminar hojas secas y pequeños árboles, lo que a su vez puede reducir el riesgo de grandes incendios que suelen declararse en verano. Un estudio de 2025 de la Universidad de Stanford concluye que estas quemas pueden disminuir la intensidad de incendios posteriores en una media del 16% y la contaminación por humo en un 14% de media.

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), garantizar una "gestión sostenible del uso del suelo" también puede contribuir a controlar incendios devastadores, especialmente en zonas que ya presentan un riesgo elevado.

La organización subraya que "es importante regular los cambios de uso del suelo y actualizar las normas de ordenación territorial para evitar que el desarrollo urbanístico agrave el riesgo de incendio". Esta añade que "los impactos de los incendios no terminan cuando se apagan, ya que pueden ir seguidos de inundaciones y erosión del suelo. Tras un incendio, se debe reducir el riesgo de nuevos daños asegurando que las zonas quemadas se rehabiliten con vegetación capaz de adaptarse a un clima cambiante".

Expertos de organizaciones ecologistas, entre ellas WWF y Wetlands International Europe, reclaman además la restauración de los paisajes y de unos sistemas hídricos saludables para hacer frente a la sequía y a los incendios. El riesgo de incendios forestales puede aumentar tras solo unos pocos días de altas temperaturas, a medida que la humedad se evapora de la hierba, los arbustos y otras formas de vegetación. Esto los hace más fáciles de prender y más difíciles de apagar.

En cambio, los humedales y los ríos absorben, almacenan y liberan el agua de forma gradual, lo que los convierte en cortafuegos naturales. Sin embargo, la reducción de los niveles de agua y su degradación están mermando su capacidad para frenar la propagación de las llamas. También merece la pena considerar la reintroducción de especies que han demostrado limitar los daños causados por los incendios forestales.

Los castores, por ejemplo, han sido descritos como "bomberos naturales" gracias a la construcción de diques, una actividad que ha demostrado frenar la expansión de las llamas al mantener la vegetación verde durante las sequías.

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