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"Perdido para siempre", el futuro del Mediterráneo invadido por especies invasoras

El pescador Photis Gaitanos captura un pez sapo desde su barco frente a las costas de Lárnaca, Chipre, en el este del Mediterráneo, el sábado 20 de diciembre de 2025.
El pescador Photis Gaitanos captura un pez sapo desde su barco cerca de Larnaca, Chipre, en el este del Mediterráneo, sábado 20 de diciembre de 2025. Derechos de autor  AP Photo/Petros Karadjias
Derechos de autor AP Photo/Petros Karadjias
Por Angela Symons con AP
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Los científicos han identificado el Mediterráneo como un "punto caliente" del cambio climático, y el calentamiento de sus aguas está introduciendo nuevas especies invasoras más agresivas.

El Mediterráneo de nuestros antepasados ya no existe.

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Los científicos señalan que el cambio climático, causado principalmente por la quema de petróleo, carbón y gas, está calentando el mar Mediterráneo y favorece la llegada de cientos de nuevas especies de peces invasores que diezman las poblaciones autóctonas.

A medida que disminuye la biodiversidad, las comunidades costeras tendrán dificultades para ganarse la vida como lo han hecho durante generaciones.

"El Mediterráneo de nuestros abuelos, de nuestros mayores y de los griegos, de la Grecia antigua, se ha perdido para siempre. Muchos de esos cambios son irreversibles", afirma Ernesto Azzuro, biólogo marino del Instituto de Recursos Biológicos Marinos y Biotecnología del Consejo Nacional de Investigación de Italia.

El calor no se disipa en la cuenca del Mediterráneo

Los científicos han calificado el Mediterráneo como un 'punto caliente' del cambio climático, con unas aguas que se espera que se calienten entre 2 y 6 grados Celsius de aquí a 2100. Las olas de calor probablemente serán más frecuentes y más extremas, según la red independiente de científicos Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change.

Ronan McAdam, oceanógrafo del Centro Euromediterráneo sobre Cambio Climático, explica que un factor clave del calentamiento es que se trata de un mar casi cerrado y el calor no puede disiparse como en la inmensidad de los océanos.

Las aguas más cálidas se han convertido en un nuevo hábitat propicio para especies invasoras como el pez globo moteado, un depredador voraz y "el peor invasor", según Azzuro.

Estas especies se dirigen ahora hacia Francia y España tras entrar en el Mediterráneo a través del canal de Suez.

La Comisión General de Pesca del Mediterráneo del organismo de alimentación y agricultura de la ONU señala que este tipo de especies invasoras llevan décadas presentes, pero su expansión se aceleró a partir de los primeros años 2000, coincidiendo con el aumento de la temperatura del mar. Por ejemplo, el pez león se registró por primera vez en el Mediterráneo oriental en 2012 y desde entonces se ha extendido rápidamente hacia el oeste.

"El Mediterráneo será aún más pobre, con todavía menos especies, simplemente porque el cambio climático está haciendo que esta zona del Mediterráneo, especialmente la parte oriental, resulte realmente inadecuada para las especies nativas", afirma Azzuro.

Chipre, debido a su proximidad al canal de Suez, fue el primero en sentir el impacto de estos peces invasores. El pez león ha desplazado a poblaciones autóctonas como la del salmonete, para disgusto de los pescadores, que han visto cómo disminuyen drásticamente las variedades locales más apreciadas por los clientes.

A ello se suman los peces conejo, capaces de arrasar las algas del fondo marino y destruir el hábitat de muchas especies autóctonas.

"Sabemos lo que habría que hacer. Deberíamos reducir el uso de combustibles fósiles", afirma Piero Genovesi Papik, zoólogo del Instituto Superior para la Protección e Investigación Ambiental de Italia. "Pero se trata sin duda de una cuestión urgente para la humanidad, y todos conocemos las soluciones, aunque por supuesto requieren una visión global y compartida".

El pescador Photis Gaitanos captura un pez sapo mientras faena desde su barco frente a la costa de Lárnaca, en Chipre, en el Mediterráneo oriental, a primera hora del sábado 20 de diciembre de 2025.
El pescador Photis Gaitanos captura un pez sapo mientras faena desde su barco frente a la costa de Lárnaca, en Chipre, en el Mediterráneo oriental, a primera hora del sábado 20 de diciembre de 2025. AP Photo/Petros Karadjias

Se han identificado unas 1.000 especies invasoras

Azzuro indica que en el Mediterráneo se han identificado en torno a 1.000 especies invasoras, de las cuales 800 están ya firmemente asentadas.

Los cambios son contundentes. Azzuro explica que las aguas someras del Mediterráneo oriental han perdido el 93 por ciento de su población de moluscos. A lo largo de la costa adriática, antaño abundante en mejillones, casi todos han desaparecido debido a las temperaturas del mar, que en ocasiones han superado los 30ºC.

Desde Venecia, en el norte, hasta Bari, en el sur, "la mortandad fue espectacular", asegura. "Si no conseguimos encontrar poblaciones capaces de sobrevivir en estos distintos climas, el futuro de los mejillones no es nada halagüeño, al menos en el mar Adriático".

Azzuro cuenta que su instituto y sus socios pusieron en marcha hace unos años una campaña, 'Beware of those four', para concienciar sobre los peligros que las especies invasoras suponen para la salud humana.

Por ejemplo, el pez globo es tóxico y potencialmente mortal si se consume. Las espinas venenosas del pez león pueden causar heridas graves a quien sufra una picadura.

Un pez león yace en una embarcación pesquera frente a la costa de Lárnaca, en Chipre, en el Mediterráneo oriental, a primera hora del sábado 20 de diciembre de 2025.
Un pez león yace en una embarcación pesquera frente a la costa de Lárnaca, en Chipre, en el Mediterráneo oriental, a primera hora del sábado 20 de diciembre de 2025. AP Photo/Petros Karadjias

Los expertos aseguran que la expansión de las especies invasoras no puede revertirse

Los científicos debaten cómo pueden adaptarse las comunidades costeras. Una opción es comercializar las especies invasoras comestibles. Otra pasa por pagar a los pescadores para que capturen las que no se pueden comer, como el pez globo, y procedan a su incineración.

Algunas especies, como el pez león, tienen "claros beneficios económicos, porque se vende a precios muy altos, especialmente en algunos países", señala Azzuro. Pero los pescadores no han aprovechado la presencia del invasor pez conejo oscuro, cuya población ha aumentado de forma significativa en aguas italianas.

Papik, el zoólogo, admite que ya es "demasiado tarde" para revertir la expansión de las especies invasoras en el Mediterráneo, aunque existen formas prácticas de mitigar su impacto.

La primera es evitar nuevas migraciones aplicando estrictamente un tratado internacional que obligue a las autoridades nacionales a tratar las aguas de lastre de los buques que llegan y que pueden transportar estas especies.

"Es algo técnicamente viable y puede reducir el número de nuevas especies exóticas en un 95 a 99 por ciento", afirma. Otra medida consiste en tratar los cascos de los barcos con pinturas especiales que impiden que se adhieran pasajeros indeseados.

Papik añade que se están modificando las políticas pesqueras para permitir que las especies nativas recuperen parte de sus poblaciones, por ejemplo cultivando moluscos menos vulnerables al cangrejo azul invasor.

"En los próximos años, creo que el reto será encontrar nuevas formas de restaurar el medio ambiente", concluye Papik.

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