El Mediterráneo alcanzó el 13 de agosto una media diaria de 28,54ºC, la cifra más alta desde que existen registros comparables, en 1940, según la Aemet. El dato corona un verano que ya había dejado el julio más cálido de la serie en el mar y en la España peninsular.
Las aguas superficiales del conjunto del mar Mediterráneo llegaron el pasado 13 de agosto a una temperatura media de 28,54ºC, la más alta registrada desde, al menos, 1940, según ha informado este domingo la Agencia Estatal de Meteorología.
La propia Aemet ha señalado, a través de sus redes sociales, que prácticamente durante todo agosto el mar fue batiendo récords diarios de temperatura, uno detrás de otro, sin apenas pausa.
El aviso llega apenas unas semanas después de que la organización Mercator Ocean International, encargada de implementar el servicio marino de Copernicus, certificara que julio había sido ya el mes más caluroso jamás medido en el Mediterráneo. La media de aquel mes se situó en 27,07ºC, con un margen de incertidumbre de ±0,27ºC, superando en cuatro décimas el máximo anterior, fechado en julio de 2025 (26,68ºC).
La serie de comparación de Mercator Ocean arranca en 1993, de modo que ambos organismos, con metodologías y periodos de referencia distintos, coinciden en describir un mar que ha entrado en un régimen térmico desconocido hasta ahora.
El fenómeno ya lleva meses instalado
Los datos de finales de junio ya apuntaban en esa dirección. La Aemet advirtió entonces de que la temperatura del Mediterráneo había alcanzado valores más propios de la segunda quincena de agosto, momento del año en que el mar suele estar más cálido.
En aquel arranque de verano las temperaturas llegaron a situarse 2,6ºC por encima de lo normal, hasta el punto de que el mar superó el promedio característico de pleno agosto estando todavía en junio, una anomalía que la propia agencia calificó de excepcional.
A escala planetaria, el fenómeno tampoco es exclusivo del Mediterráneo. Julio de 2026 fue el mes con la temperatura superficial del océano global más elevada de toda la serie, con una media de 21ºC entre los 60º norte y los 60 sur.
En el conjunto de la cuenca mediterránea, un 27% del mar registró directamente su julio más cálido desde 1993 y en torno al 70% de la superficie quedó entre los cuatro julios más calurosos jamás medidos, lo que descarta que el récord se explique por unos pocos puntos excepcionales.
Conviene precisar que el récord del mar no puede señalarse como causa directa de las altas temperaturas registradas en tierra, ya que en la atmósfera intervienen numerosos factores. Sí puede, en cambio, modificar las condiciones en el litoral: el agua libera el calor más despacio que la superficie terrestre, de modo que un Mediterráneo tan cálido dificulta el descenso nocturno de los termómetros, aumenta la humedad ambiental y favorece noches más calurosas cerca de la costa.
La acumulación de energía en el mar tiene también su reflejo en los ecosistemas. Las olas de calor marinas prolongadas someten a un estrés considerable a organismos adaptados a márgenes térmicos concretos y pueden alterar la distribución de especies, elevar la mortalidad y modificar el funcionamiento de comunidades costeras enteras.
Con el dato del 13 de agosto, el Mediterráneo vuelve a superar el máximo que él mismo había fijado apenas unas semanas antes, en un verano que, en tierra y en el mar, no deja de dejar atrás sus propios récords.