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Rusia reconoce por primera vez desde que comenzó la guerra una bajada en el transporte aéreo

Foto de archivo, un pasajero espera el embarque en el aeropuerto de Sheremétievo, nueve de julio de 2013
Foto de archivo, un pasajero espera el embarque en el aeropuerto de Sheremetyevo, nueve de julio de 2013 Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Lilia Sergeeva
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El verano de 2026 ha supuesto una nueva prueba para la aviación rusa en plena guerra en Ucrania, los pasajeros sufren cada vez más retrasos y cancelaciones y las aerolíneas operan bajo varios factores de crisis simultáneos.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha reconocido por primera vez en público que, debido a la evolución de la guerra, el país podría no alcanzar los objetivos fijados para el volumen de transporte aéreo de pasajeros en el marco de las metas nacionales de desarrollo. En una reunión sobre el desarrollo del sector aeronáutico celebrada la semana pasada, el mandatario ruso señaló que, ante el aumento de la demanda de vuelos en las nuevas circunstancias, ha encargado al Ministerio de Transporte que revise la previsión de tráfico de pasajeros para este año.

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La crisis nacional de combustible, provocada por los ataques ucranianos destinados a dejar fuera de servicio el aparato militar ruso, combinada con retrasos y cancelaciones masivas de vuelos, restricciones temporales en el funcionamiento de los aeropuertos, falta de aviones de reserva y una elevada carga de trabajo para las aerolíneas, provoca cada vez más alteraciones en los horarios.

En un contexto en el que la crisis de combustible paraliza poco a poco el país, este verano se ha convertido en una nueva prueba para el sector y muestra de forma evidente hasta qué punto el sistema de transporte aéreo es vulnerable ante la combinación de factores internos y externos.

Cancelaciones y retrasos de vuelos

Uno de los principales problemas de la temporada son las frecuentes alteraciones de los horarios. En distintas regiones de Rusia, especialmente en Moscú, los aeropuertos imponen periódicamente limitaciones temporales a las llegadas y salidas de aeronaves por motivos de seguridad ante la amenaza de drones. Incluso el cierre del espacio aéreo durante un periodo breve desencadena un efecto dominó, los aviones no llegan a tiempo a su siguiente destino, las tripulaciones superan las horas máximas de trabajo permitidas y se producen nuevas disrupciones en los horarios.

Para los pasajeros esto se traduce no solo en horas de espera antes del despegue, sino también en cambios de los vuelos de conexión, lo que obliga a modificar los planes de viaje y genera penalizaciones económicas. Una parte de los ciudadanos rusos opta por sustituir el avión por el tren o el coche.

Escasez de flota aérea

En el tradicionalmente saturado periodo estival se percibe con especial intensidad el problema de la limitada flota de aviones.

Tras las sanciones impuestas por la invasión rusa a gran escala de Ucrania, las aerolíneas del país siguen explotando al máximo los aviones de que disponen. La posibilidad de sustituir con rapidez los aparatos que se envían a mantenimiento se ve ahora limitada de forma constante.

Desde 2022 Rusia adquiere piezas de aviación burlando las sanciones a través de canales de importación paralela, a precios entre un 40% y un 100% superiores a los de mercado. Además, estos componentes pueden estar ya usados, lo que incrementa aún más los riesgos.

La flota también se reduce por otro motivo, conocido en el sector como 'canibalización' de aviones, las compañías se ven obligadas a utilizar unos aparatos como fuente de piezas de repuesto para otros.

La sustitución de importaciones no funciona

En una reciente declaración sobre la situación del sector aéreo, Vladimir Putin afirmó que "Rusia se ha visto obligada, pero ha sido capaz de sustituir por producción propia absolutamente todas las importaciones". Pero, ¿es así en realidad?

Según los datos del Servicio Federal de Estadística, la producción de la industria aeronáutica rusa aumentó en abril de este año un 117%, el doble que en el mismo periodo del año anterior.

Sin embargo, este crecimiento se explica principalmente por el sector militar de la industria aeronáutica, en particular por la fabricación de drones, que Rusia necesita para continuar la guerra en Ucrania.

Como consecuencia, la aviación civil soporta una presión cada vez mayor. Para el periodo 2030-2035 Rusia preveía sustituir casi un tercio de su flota de aviones de origen occidental, pero en los últimos tres años solo ha logrado reemplazar 13 aparatos de los 120 previstos.

Venta de acciones de 'Aeroflot'

Rosimushchestvo se prepara para vender el 23,76 % de las acciones de la aerolínea de bandera 'Aeroflot'. El Estado conservará no obstante una participación de control. Actualmente mantiene en su poder un paquete del 73,8%.

En 2022 el Estado adquirió una ampliación de capital de 'Aeroflot', para lo que destinó 52.000 millones de rublos del Fondo Nacional de Bienestar (FNB). La operación fue necesaria para sostener a la aerolínea en el contexto de las sanciones. Tras la emisión, el Estado elevó su participación del 57,34% al 73,8% del capital.

Según los expertos, la venta de acciones de 'Aeroflot' puede ser un indicio de nuevos problemas financieros en la economía rusa y de un agotamiento gradual de los recursos. Además, se calcula que con esta operación el presupuesto federal dejará de ingresar unos 170 millones de dólares. Si en 2022 el Estado compró los títulos a 0,85 dólares por acción, hoy su precio de mercado sería de apenas 0,66 dólares.

Impacto de los factores externos

En las rutas internacionales la carga adicional procede de los cambios en los corredores aéreos por las restricciones al uso de determinados tramos del espacio aéreo. Tras la invasión de Ucrania, la Unión Europea cerró su cielo a las aerolíneas rusas y, debido al conflicto que continúa en Oriente Próximo, los operadores se ven obligados a buscar rutas alternativas. La necesidad de rodear las zonas vetadas alarga la duración de los vuelos, aumenta el consumo de combustible y altera los horarios de las compañías, lo que supone un esfuerzo añadido para los pasajeros.

Reducción de los vuelos internacionales directos

En verano es posible volar desde Rusia sin escalas a unos 30 países, menos que en la temporada de invierno, lo que en general refleja la tendencia de los últimos años.

Si en invierno Rusia estaba unida por vuelos directos con 43 países, para junio varias rutas habían desaparecido por razones estacionales, por los costes del combustible y por factores geopolíticos, así como por las restricciones ligadas a la crisis en Oriente Próximo.

En la actualidad las aerolíneas rusas tienen autorización para volar a Azerbaiyán, Armenia, Afganistán, Baréin, Bielorrusia, Vietnam, Hong Kong (China), Georgia, Egipto, Israel, India, Indonesia, Jordania, Irán, Kazajistán, Catar, China, Corea del Norte, Kirguistán, Maldivas, Marruecos, Mongolia, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Arabia Saudí, Serbia, Tayikistán, Tailandia, Turkmenistán, Turquía, Uzbekistán y Etiopía.

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