Si los embajadores no logran acordar las sanciones antes del 15 de julio, el tope al precio del petróleo ruso se revisará automáticamente hasta 58 dólares por barril, un escenario que Bruselas considera inaceptable.
La Unión Europea ha entrado en la recta final de las negociaciones para cerrar un acuerdo sobre una nueva ronda de sanciones contra Moscú, mientras los países se apresuran a evitar una revisión del tope al precio del petróleo ruso que podría ser políticamente desastrosa.
Según las normas, el tope, fijado actualmente en 44,10 dólares por barril, debe ajustarse automáticamente cada seis meses para mantenerse un 15% por debajo del precio medio de mercado. La próxima revisión está prevista para el 15 de julio.
El problema es que el precio del petróleo ruso se disparó tras el cierre del estrecho de Ormuz, y la revisión elevará casi con toda seguridad el tope de forma notable, probablemente hasta 58 dólares por barril, lo que daría cierto margen al Kremlin en un momento en que su economía está sometida a una presión creciente y Ucrania avanza en el campo de batalla.
La Comisión Europea considera este escenario inaceptable y ha propuesto aplazar la revisión hasta enero del próximo año para mantener el tope en 44,10 dólares por barril. Pero Malta, Chipre y, en particular, Grecia, tres países con poderosos servicios marítimos, han planteado dudas sobre el aplazamiento.
"El tope al precio del petróleo fue introducido por el G7 no solo para reducir los ingresos de Rusia por las exportaciones de combustibles fósiles, sino también para preservar la estabilidad de los mercados energéticos mundiales. Este objetivo es especialmente pertinente en la actual crisis en Oriente Medio", señala un diplomático."Por tanto, cualquier ajuste del mecanismo automático del tope al precio del petróleo debería calibrarse cuidadosamente en coordinación con nuestros socios del G7".
A las complicaciones se suma el hecho de que el tope al petróleo forma parte de un nuevo paquete mucho más amplio de sanciones económicas que Bruselas quiere aprobar de una sola vez y por unanimidad.
Una reunión de embajadores celebrada el miércoles terminó sin un acuerdo, y está prevista otra para la tarde de este viernes. Algunos diplomáticos barajan la idea de convocar una reunión de urgencia el domingo para cerrar el paquete antes de la fecha límite del 15 de julio. "Estamos cerca", afirma un segundo diplomático. "Confío en que haya un debate final el viernes".
Del bacalao a Kirill
Sin embargo, varias cuestiones clave siguen sin resolverse. Portugal y Alemania han expresado serias reservas sobre la prohibición propuesta del bacalao y el abadejo rusos, respectivamente, ya que son grandes compradores de estas especies y sus industrias locales corren el riesgo de sufrir un impacto desproporcionado.
En Portugal, la cuestión es especialmente delicada, dado que el bacalao, o 'bacalhau', es el plato nacional, con una tradición que se remonta siglos atrás y que sostiene un lucrativo ecosistema. Ambos países han trabajado con la Comisión para diseñar un nuevo sistema que reduzca las importaciones de bacalao y abadejo de forma más gradual y mitigue la alteración de las cadenas de suministro.
También está resultando complicada la prohibición de vender metaneros a Rusia y de permitir el tránsito de gas natural licuado ruso por aguas de la UE, al igual que un ambicioso veto de entrada para militares rusos al que Francia e Italia se resisten. En el último compromiso, el veto de entrada se ha reducido a los visados de corta duración y a las personas que hayan participado directamente en la invasión a gran escala de Ucrania.
Pero el obstáculo más formidable es Bulgaria. El país, que ha cambiado de Gobierno recientemente, sigue oponiéndose firmemente a aplicar sanciones contra el patriarca Kirill, jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y Vagit Alekperov, un oligarca multimillonario vinculado a Lukoil.
Sofía rechaza incluir a Kirill en la lista negra por motivos religiosos y a Alekperov por una reclamación de indemnización de 3.000 millones de euros que Lukoil ha presentado contra el Estado búlgaro. El primer ministro Rumen Radev ha dejado clara públicamente su línea roja. Por ahora, los dos nombres en disputa siguen en la lista provisional, pero los diplomáticos esperan que acaben retirándose en aras de la unanimidad.
Si los embajadores no logran ponerse de acuerdo sobre el paquete de sanciones en su conjunto, tienen la opción de dividirlo para sacar adelante el tope al precio, la medida más urgente, y dejar los elementos más polémicos para debates posteriores.