El 'Journal of Mammalogy' confirma mediante técnicas de fototrampeo que una minoría de 'Ursus arctos' engaña a sus compañeros sobre su tamaño y potencial amenaza con marcas exageradamente elevadas con respecto a su físico real, posibilitando nuevas investigaciones sobre la astucia mamífera.
El ser humano no es el único mamífero capaz de engañar a sus propios congéneres. Así lo demuestra este estudio centrado en los osos pardos de la Cordillera Cantábrica, elaborado con la colaboración de expertos del CSIC, el FAPAS, varias universidades españolas y europeas y el Principado de Asturias.
El trabajo publicado en el 'Journal of Mammalogy' sostiene que una minoría de los osos que están repartidos entre las cumbres de León, Asturias y Cantabria podrían estar 'mintiendo' sobre su verdadero tamaño para evitar enfrentarse con rivales mayores. ¿Cómo? Con las señales y marcas que estos mamíferos dejan por su entorno para marcar territorio.
Siete machos (un 4.3% de los 164 rastreados) realizaron marcajes exageradamente elevados al trepar o utilizar troncos u otra suerte de plataformas para dejar su rastro a una altura superior de la que permitiría su verdadero tamaño. De ellos, el 57,1% eran adultos y el 42,9% adolescentes. "Estos resultados sugieren que los osos pardos pueden manipular señales índices que antes se consideraban imposibles de falsear, lo que añade complejidad a su sistema de comunicación", sumarizan los autores.
Para investigar este comportamiento, el equipo monitorizó 14 puntos de marcaje de la Cordillera Cantábrica durante 117.552 horas de grabación entre los años 2021 y 2024. Los resultados mostraron que estos astutos siete machos treparon por los árboles para dejar señales químicas y visuales más altas de lo que les permite su estatura real.
Los osos pardos suelen dejar sus marcas a la altura máxima que alcanzan erguidos sobre las patas traseras, unos dos metros de altura. Sin embargo, los investigadores observaron una señal visual a tres metros, una elevación inalcanzable para cualquier ejemplar apoyado en el suelo. El hallazgo de una rama rota justo debajo de la marca sugiere que el animal trepó para hacerla.
“Para un macho no dominante o un individuo joven, esta estrategia podría proporcionar ventajas ya que, al aparentar ser más grandes, podrían disuadir a rivales mayores, reduciendo la probabilidad de un enfrentamiento directo, evitando el coste que puede suponer, e incluso aumentando sus oportunidades reproductivas. Es una estrategia que recuerda a casos de engaño descritos en otros mamíferos, pero que hasta ahora nunca había sido documentada en osos”, señala el investigador Vincenzo Penteriani, del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
No obstante, tanto él como sus colegas son prudentes a la hora de tachar al 'Ursus arctos' como una especie deshonesta por regla, dado que las 'trampas' analizadas son escasas y realizados en zonas muy concretas de las observadas. “Nuestro trabajo pone de relieve una capacidad conductual fascinante en los osos que justifica la realización de más estudios observacionales y experimentales”, afirma Penteriani.
Las dos comunidades de osos pardos españoles, la cantábrica y la pirenaica, superan en estos momentos los 400 ejemplares tras bordear la extinción durante los 70 y los 80. Aunque estos osos siguen en peligro de extinción, ya han salido de la categoría de peligro crítico gracias a los esfuerzos de los conservacionistas.