Mientras Gobierno y oposición siguen sin acordar una estrategia común contra los incendios, los bomberos forestales llevan meses alertando de la falta de recursos para la prevención y reclamando más personal y mejores medios.
Los incendios que este verano han arrasado decenas de miles de hectáreas en España han vuelto a poner sobre la mesa un debate recurrente: la necesidad de un gran acuerdo político para afrontar una amenaza que cada año gana intensidad en la Península Ibérica.
Con más de 150.000 hectáreas calcinadas en lo que va de 2026, seis veces más que en el mismo periodo del año anterior, y más de 90.000 personas evacuadas o confinadas por los grandes incendios registrados en el centro de la Península, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reiterado su llamamiento a un "gran pacto de Estado frente a la emergencia climática", una propuesta que ya había planteado en anteriores campañas de incendios.
Sin embargo, el acuerdo sigue sin materializarse.
La idea de un pacto nacional no es nueva. Tras los incendios del verano de 2025, el Ejecutivo anunció que impulsaría un Pacto de Estado para la mitigación y adaptación a la emergencia climática, con el objetivo de implicar a todas las administraciones, los grupos parlamentarios, la comunidad científica y los agentes sociales en una estrategia común frente a fenómenos extremos como incendios, sequías o inundaciones.
El Partido Popular rechazó entonces esa iniciativa. Su portavoz, Ester Muñoz, aseguró que el pacto era una "cortina de humo" que "no apaga los incendios ni da soluciones a la gente", mientras que Alberto Núñez Feijóo defendió un enfoque alternativo basado en un Plan Integral contra los Incendios, con medidas como reforzar la gestión forestal, endurecer las penas para los incendiarios, crear un registro nacional de pirómanos y mejorar la coordinación entre administraciones.
Este verano, durante su visita al Puesto de Mando Avanzado de Navalcarnero, Feijóo evitó polemizar con la propuesta del Gobierno y apeló a la unidad institucional: "Todos estamos juntos en esta tarea", afirmó, insistiendo en que la prioridad debía ser combatir los incendios antes de abrir un debate político.
La prevención, el gran punto débil
Pero mientras los políticos siguen debatiendo cuál es la mejor estrategia a seguir, los bomberos forestales de toda España llevan meses saliendo a la calle para lanzar la misma advertencia: sin más recursos para la prevención y sin mejores condiciones para quienes trabajan sobre el terreno, los grandes incendios seguirán repitiéndose.
Las advertencias se han sucedido prácticamente sin interrupción desde la primavera. En abril, los Bomberos forestales de Gran Canaria se concentraron frente al Cabildo para reclamar mejoras salariales, más personal y más medios materiales. Ese mismo mes, los Bomberos forestales de la Comunidad de Madrid alertaron de que los trabajos preventivos se habían reducido aproximadamente a la mitad y advirtieron del riesgo de afrontar el verano con un dispositivo insuficiente.
En mayo llegaron las protestas de los Bomberos forestales de Andalucía. En junio, las de Murcia y León. En julio, coincidiendo con la oleada de grandes incendios que ha afectado a buena parte del país, volvieron a movilizarse los Bomberos de Madrid y también los de Toledo. Una comunidad tras otra, los distintos operativos han repetido prácticamente el mismo diagnóstico: falta de efectivos, escasez de recursos y una prevención insuficiente.
El caso de Madrid resulta especialmente ilustrativo. Las advertencias de abril llegaron varios meses antes de que la región registrara algunos de los incendios más graves de su historia reciente, poniendo el foco en un problema que los profesionales consideran estructural.
Los especialistas en gestión forestal insisten desde hace años en que los grandes incendios no se combaten únicamente cuando las llamas ya están activas. La prevención comienza mucho antes, con la gestión del monte, los desbroces, las quemas prescritas, el mantenimiento de cortafuegos y una planificación continuada que reduzca el combustible vegetal y limite la propagación del fuego cuando llegan las altas temperaturas.
Un consenso pendiente
La gravedad de los incendios de este verano ha vuelto a evidenciar que el riesgo ya no puede considerarse un fenómeno excepcional, sino una consecuencia cada vez más frecuente de las olas de calor y las condiciones meteorológicas extremas.
Sin embargo, pese a que el debate sobre un gran acuerdo nacional resurge cada verano, España continúa sin una estrategia consensuada entre Gobierno y oposición que combine prevención, gestión forestal, adaptación climática y coordinación institucional. Mientras tanto, las llamas siguen marcando el ritmo de una discusión política que, por ahora, continúa sin resolverse.