En Chambord, los efectos de la sequía y de las olas de calor se perciben en los jardines del castillo. La vegetación sufre la falta de agua, y los jardineros replantean progresivamente paisajes y especies.
Alrededor del castillo de Chambord, la estampa es este año muy poco habitual. Los céspedes y parterres, habitualmente verdes, se han teñido de amarillo y marrón por la sequía y el intenso calor. Tras varias olas de calor, los suelos están especialmente secos y la vegetación tiene dificultades para recuperarse.
En los jardines a la francesa del recinto, los jardineros observan las consecuencias de este estrés hídrico. Y este año incluso algunos árboles muestran signos de sufrimiento. Una situación que plantea directamente interrogantes sobre el futuro de estos paisajes históricos.
Según el jardinero jefe del castillo, Julien Billon, "Al principio no se apreciaba demasiado en los árboles, afectaba sobre todo a la vegetación baja con raíces poco profundas. Y ahora vemos que esta ola de calor ha empezado a dañar el sistema radicular de los árboles (...) y creo que vamos a tener daños, pero se manifestarán con retraso. De hecho, algunos árboles pueden tardar dos o tres años en decaer. El impacto de la ola de calor de este año es, en realidad, muy, muy fuerte."
Menos agua, plantas y árboles más resistentes
Más allá del aspecto puramente estético, toda la filosofía de gestión de los jardines está a punto de cambiar. Ante la aceleración del cambio climático, la gestión del recurso hídrico se impone ya como un desafío estratégico de primer orden. A medida que las olas de calor extremo y las sequías estivales amenazan con convertirse en la norma, mantener los modelos hortícolas tradicionales exige una profunda revisión.
Para hacer frente a esta nueva realidad, los equipos del Dominio Nacional de Chambord han iniciado una reflexión global en torno a una paleta vegetal replanteada. Se trata de seleccionar especies botánicas más resilientes, capaces de soportar temperaturas elevadas y superar largos periodos de escasez de agua sin debilitarse. La elección de plantas xerófilas (adaptadas a la sequía) y la plantación de árboles más robustos se imponen ya como prioridad.
Pero la ecuación es exigente, porque se trata de preservar la grandeza, la estructura y la identidad visual de estos jardines históricos, reduciendo al mismo tiempo de forma drástica su huella hídrica.
En Chambord, donde el ingenio humano dibuja y modela el paisaje desde hace casi cinco siglos, se abre ahora una nueva etapa decisiva. Antes guiados por la búsqueda del prestigio y de la simetría perfecta, estos jardines escriben hoy un nuevo capítulo de su historia, marcado esta vez por las exigencias del clima.