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Chocó tras el terremoto: "Lo más difícil viene ahora" ante el desafío de la reconstrucción, advierte Unicef

Voluntarios clasifican la ayuda destinada a las personas afectadas por el terremoto en el departamento del Chocó, en Bogotá, Colombia, el martes 18 de agosto de 2026.
Voluntarios clasifican la ayuda destinada a las personas afectadas por el terremoto en el departamento del Chocó, en Bogotá, Colombia, el martes 18 de agosto de 2026. Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
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Por Lucia Blasco
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El terremoto ha golpeado una de las regiones más pobres y aisladas de Colombia, donde la población ya sufría carencias de vivienda, agua, salud y educación. Unicef advierte de que el reto ahora es reconstruir sin reproducir las vulnerabilidades que existían antes del desastre.

El terremoto que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto dejó en el Chocó mucho más que casas, escuelas y centros de salud dañados. La tierra tembló en una de las regiones más pobres y aisladasdel país, donde miles de familias afrontaban ya enormes dificultades para acceder a agua potable, educación, atención sanitaria o una vivienda digna.

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En este departamento del Pacífico colombiano, la emergencia se superpone además a otras crisis. La violencia vinculada al conflicto armado, el aislamiento de numerosas comunidades rurales y los recurrentes desastres naturales habían convertido ya al Chocó en uno de los territorios más vulnerables del país.

Ahora, el reto no es únicamente reparar lo que destruyó el terremoto. La reconstrucción plantea una cuestión más profunda: si las comunidades volverán a las mismas condiciones de precariedad en las que vivían antes del 10 de agosto o si la emergencia servirá para reducir algunas de esas desigualdades históricas.

"Hay que pensar en una recuperación que permita superar las brechas que existían también antes. Casi que empezar de cero", explica a 'Euronews' Olga Lucía Zuluaga, especialista en emergencias de Unicef Colombia.

El terremoto afectó a 15 departamentos y 472 municipios de Colombia, 29 de ellos en el Chocó, según los datos facilitados por Zuluaga. Unicef estima que alrededor de 70.000 personas se han visto afectadas en el departamento.

Sebastián Iguira, a la derecha, llora durante el funeral de su esposa, Lorena Restrepo, que falleció en su domicilio cuando un terremoto sacudió Colombia el 14 de agosto 2026.
Sebastián Iguira, a la derecha, llora durante el funeral de su esposa, Lorena Restrepo, que falleció en su domicilio cuando un terremoto sacudió Colombia el 14 de agosto 2026. Foto AP/Santiago Saldarriaga

Una crisis que empezó antes del terremoto

El Chocó ya era antes del desastre el departamento con mayor pobreza monetaria de Colombia. En 2024, el 67,4% de su población estaba en esta situación, según los últimos datos departamentales disponibles del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

La pobreza va además mucho más allá de los ingresos. En 2024, la pobreza multidimensional -que tiene en cuenta privaciones relacionadas con educación, salud, trabajo, vivienda y servicios públicos- se situaba en el 11,5% para el conjunto de Colombia.

Esas carencias se reflejan directamente en los servicios esenciales. "Desde antes de la situación del terremoto ya teníamos unos desafíos muy grandes en atención a esta población", explica Zuluaga. Había "dificultades de acceso a servicios de salud de calidad, acceso a escuelas y educación, y una afectación grande por acceso a agua y saneamiento básico".

Muchas familias pertenecen a "comunidades que viven en casas de madera, improvisadas, con poco acceso a servicios, lo que hace que la situación sea mucho más crítica", señala la especialista.

A la pobreza se suma el conflicto armado. Según Zuluaga, en 2025 el Chocó fue el departamento con más casos de confinamiento, situaciones en las que las comunidades quedan atrapadas en sus territorios por los enfrentamientos entre grupos armados o con las fuerzas de seguridad. Esto aumenta todavía más, explica, "su vulnerabilidad" y sus "dificultades de acceso a servicios básicos".

Y la población afronta al mismo tiempo emergencias naturales recurrentes, especialmente inundaciones. "Tenemos una población triplemente afectada por terremoto, por conflicto armado y por desastres naturales, lo que aumenta la crisis", resume la especialista de Unicef.

Una retroexcavadora retira escombros del terremoto en Quibdó, Colombia, el lunes 17 de agosto de 2026. (Foto AP/Paula Orozco)
Una retroexcavadora retira escombros del terremoto en Quibdó, Colombia, el lunes 17 de agosto de 2026. (Foto AP/Paula Orozco) Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved

La precariedad previa ayuda también a explicar la magnitud de algunos de los daños. En las áreas rurales, muchas construcciones son sencillas y de una sola planta. Esto permitió que parte de la población pudiera salir rápidamente hacia espacios abiertos durante el terremoto, lo que redujo el impacto en vidas, pero no evitó la destrucción de viviendas y escuelas.

"En la zona rural fue donde la mayoría de las escuelas colapsaron", explica Zuluaga. "Al ser un territorio con tantas necesidades previas, las construcciones no tienen la mejor calidad de materiales, no son sismorresistentes, entonces colapsan de manera más rápida", añade.

Para Zuluaga, que lleva años trabajando en emergencias humanitarias, el impacto resulta especialmente duro precisamente por las condiciones que ya sufría la población: "Impacta mucho ver cómo el terremoto afecta a zonas que ya vienen con unas necesidades y unas inequidades tan grandes; es caer una desgracia sobre otra".

El aislamiento complica la respuesta

La geografía del Chocó dificulta la llegada de ayuda y conocer la magnitud real de los daños. "Hay muchas áreas rurales a las que no se ha podido llegar, justamente porque las carreteras se dañaron o porque el acceso es por vía fluvial", explica Zuluaga. Unicef reconoce además que aún existe "una brecha grande" para actualizar los censos de niños y niñas afectados.

Según los datos facilitados durante esta entrevista, se habían contabilizado 3.128 viviendas destruidas y unas 19.000 averiadas. Muchas familias siguen en albergues y habrá que determinar qué casas pueden recuperarse, cuáles deben reconstruirse y dónde hacerlo de forma segura.

La respuesta inicial ha despertado una importante ola de solidaridad. "Hemos recibido mucha solidaridad de la comunidad nacional. Es sorprendente ver cómo todo el país hace filas enteras para mandar ayudas", relata Zuluaga. Pero advierte de que, igual que desaparece el foco mediático, también puede hacerlo ese primer impulso**: "Nuestro llamado es a que no dejemos solas a esas comunidades".**

Salud, escuelas y protección de los menores

La recuperación deberá garantizar servicios que ya eran limitados antes del terremoto. Zuluaga cifra en 65 los centros de salud afectados y advierte del riesgo de infecciones respiratorias y enfermedades diarreicas en los albergues por las dificultades de acceso a agua segura.

En educación, 277 sedes educativas se han visto afectadas. Mientras se evalúa cuáles pueden repararse o reconstruirse, Unicef pide habilitar aulas temporales "para reactivar la educación de manera inmediata".

La organización alerta también del aumento del riesgo de violencia sexual y de género y de las consecuencias psicológicas del desastre. "Hemos encontrado muchas necesidades de los niños pidiendo apoyo y de familias para hablar con psicólogos", señala Zuluaga. La salud mental, insiste, es especialmente crítica en comunidades que ya arrastraban traumas asociados "al desplazamiento, el conflicto armado y la pobreza".

Reconstruir sin volver al punto de partida

Unicef lleva más de 20 años trabajando en el Chocó y pudo desplegar sus equipos desde el día siguiente al terremoto. Ahora comienza una fase diferente: reconstruir sin reproducir las vulnerabilidades que ya existían.

Pero para Zuluaga, la devastación puede convertirse también en "una oportunidad para que el país empiece a atender a comunidades olvidadas durante tantas décadas; ojalá estemos a la altura de eso y podamos, ante una emergencia, reconstruir con mayor dignidad y atender las necesidades de estas comunidades".

"Es el gran desafío que tenemos como país: cómo pagar esa deuda histórica con el Chocó que tenemos y poder garantizar una reconstrucción mucho más digna y mucho más segura para los niños y las niñas". Y concluye: "Lo más difícil viene ahora".

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